Socceroos en octavos: La preocupación por el ‘9’
Los Socceroos ya están en los octavos de final del FIFA World Cup. El boleto llegó con un 0-0 áspero ante Paraguay. El problema es que la gran amenaza ofensiva de Australia… fue un lateral.
El nombre es Jordy Bos. Y ahí nace la inquietud.
Bos, el destello que llega desde atrás
La lesión de Jacob Italiano a última hora obligó a Tony Popovic a retocar las bandas. En la derecha, apostó por Bos; en la izquierda, desplazó a Aziz Behich al lateral. Era el ajuste táctico que muchos en Australia querían ver, una especie de examen para el seleccionador. Y la apuesta funcionó: orden, profundidad y una válvula de escape constante por el costado.
El joven de Melbourne se convirtió en el futbolista más punzante del equipo. Subió, encaró, ofreció siempre una línea de pase. Fue, en esencia, el desahogo ofensivo de un conjunto que nunca terminó de encontrar claridad en el último tercio.
Ahí es donde Scott McDonald y Robbie Slater levantan la mano.
Para dos ex internacionales acostumbrados a ver a los delanteros decidir partidos, que el foco ofensivo se concentre en un lateral es una señal de alarma, no de comodidad. Slater lo resumió en Stan Sport: si Bos es uno de los más amenazantes arriba, algo no encaja en la estructura ofensiva.
Un ‘9’ sin dueño y una confianza en duda
El debate gira alrededor de un puesto: el No.9. El lugar donde, históricamente, se han definido los torneos.
Mo Toure, llamado a ser una de las referencias del ataque, se quedó en el banquillo ante Paraguay. Nestory Irankunda, extremo por naturaleza, fue reconvertido en delantero centro. Y McDonald no ve ahí una solución sostenible para el torneo.
Su lectura es directa: que Popovic eligiera a Tete Yengi antes que a Toure indica falta de confianza. Y para un delantero, insiste, esa sensación pesa. ¿Cómo interpretar que no entras cuando el partido pide gol? ¿Cómo leer que tu seleccionador te salte en la rotación en el momento clave?
La pregunta queda flotando: ¿se atreverá Popovic a lanzar a Toure como titular “de la nada” en el siguiente encuentro? McDonald, desde la óptica del ex ariete, lo ve como un mensaje contradictorio para el jugador.
Mientras tanto, quien ocupe ese puesto tiene una misión casi ingrata. Paraguay, intensa y física, redujo a Irankunda a vivir de restos, de balones sueltos. Poca participación, muchas batallas individuales, escaso premio.
Irankunda, talento fuera de sitio
Irankunda, con 20 años, carga sobre los hombros un rol que no le pertenece por instinto. Él quiere caer a banda, recibir con espacio, encarar. El partido le exigió otra cosa: espalda al arco, choques constantes, juego de espaldas ante una línea de tres centrales que no le regaló ni un metro.
McDonald lo explicó con crudeza: no es su juego natural. Le costó aguantar el balón, le costó girar, le costó encontrar socios cerca. Y cuando el rival se cierra, cuando no hay espacio a los costados, el extremo disfrazado de 9 se queda atrapado en tierra de nadie.
Paraguay, consciente de su amenaza, le dedicó hasta tres hombres. Casi un marcaje colectivo. En ese contexto, el consejo es claro: ocupar más zonas centrales, esperar, elegir mejor los movimientos. Menos ansiedad por crear, más instinto de rematador.
El modelo está ahí: los grandes delanteros del mundo, como Erling Haaland, viven del área. No bajan a armar, no buscan protagonismo en cada jugada. Se colocan, esperan, confían en que el equipo les lleve el balón al punto exacto. Irankunda, de momento, piensa más como generador que como ejecutor.
Si va a seguir como 9, tendrá que ajustar el chip. Más paciencia. Más malicia. Menos necesidad de ser el héroe en cada toque.
Un viejo axioma del ‘9’ australiano
McDonald, que conoce el oficio, fue todavía más lejos. Recordó cómo en su carrera casi siempre jugó “alrededor del grande”, del delantero de referencia. Y soltó una frase que resume décadas de cultura futbolística australiana: si sabes cabecear, tienes más opciones de ser el No.9 de los Socceroos.
En este equipo, hoy, nadie se ha adueñado de ese rol. Nadie se ha impuesto como faro ofensivo. Y mientras tanto, el jugador que rompe líneas, que desahoga al equipo y que ofrece salida limpia… es un lateral llamado Jordy Bos.
Australia está en octavos. El objetivo inmediato se ha cumplido. Pero el torneo no perdona a quien llega sin un 9 fiable. La pregunta, a estas alturas, ya no es si Bos seguirá brillando. Es otra mucho más incómoda: ¿quién va a marcar los goles cuando el margen de error desaparezca?






