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Ruben Amorim y Michael Carrick: Dos caminos en Manchester United

Ruben Amorim pidió a la afición aprender a sufrir para alcanzar el éxito. Michael Carrick, en cambio, les ha recordado que existe una manera muy reconocible, muy de Manchester United, de hacerlo todo.

Hace un año, Marcus Rashford estaba en Barcelona, Carrick acababa de ser despedido por el Middlesbrough en Championship y Amorim se preparaba para su primera temporada completa al mando en Old Trafford. Doce meses después, los tres se cruzan en el mismo escenario, pero con vidas futbolísticas completamente distintas.

Rashford, el hijo pródigo de United, regresa a un club con nueva dirección… que para él no es tan nueva. Se reencuentra con Carrick, ahora entrenador principal y antiguo compañero y capitán, que le abre la puerta de par en par. Le ofrece algo más que un sitio en la plantilla: la posibilidad de escribir otro capítulo en una historia que empezó hace una década en Manchester.

Amorim vive la otra cara del relato. Fue despedido cinco meses después de arrancar la pasada campaña, ha recalado este verano en el banquillo del AC Milan y busca cerrar una pretemporada sin victorias derrotando precisamente a su antiguo club. El contraste con Carrick no puede ser mayor: mientras el inglés ha construido su figura con una serenidad fría, casi imperturbable, el paso del portugués por Old Trafford estuvo rodeado de ruido, tensión y drama.

El regreso de Rashford añade pólvora al guion. Amorim consideró que tenía que sacarlo del club tras cuestionar públicamente, en varias ocasiones, la actitud del internacional inglés. Por eso, el amistoso de pretemporada entre United y AC Milan de este sábado se parece poco a un simple bolo veraniego. Respira más a episodio nuevo de un culebrón que se niega a terminar.

Ese cierre de pretemporada para ambos equipos sirve también como espejo. Permite medir cuánto ha cambiado United en un año, cómo gestionó su recasteo a mitad de curso y de qué forma ha encendido, casi de golpe, una nueva era que vuelve a ilusionar. Tres aspectos explican el giro desde la salida de Amorim.

De la rigidez a la flexibilidad

La mancha que no se borró del mandato de Amorim fue su tozudez táctica. Llegó con la misión de cambiar la dinámica en Old Trafford y se aferró al sistema que conocía y adoraba. Bajo presión, se hizo célebre su frase a los periodistas: ni el Papa le convencería de abandonar su 3-4-3. Aquella declaración acabó convirtiéndose en epitafio.

Cuando la plantilla se vio mermada por la Copa África, no encontró soluciones para sostener los resultados. Hubo tímidos intentos de adaptación en la recta final, pero Amorim regresó a su libreto de siempre. Ahí, según se filtró, nació buena parte del desencuentro con la cúpula de United.

También chocó con la grada. Aunque el equipo tuvo tramos de fútbol ofensivo y marcó muchos goles, la defensa de tres estaba a años luz de lo que el público de Old Trafford asocia con la identidad del club. Y, sobre todo, de lo que estaba dispuesto a aceptar a largo plazo.

Los primeros pasos de Amorim en Milan arrastran un eco similar. Se habla de confusión en el vestuario, de jugadores obligados a encajar en un sistema fijo en lugar de un sistema moldeado a partir de sus mejores hombres.

Carrick entró y, en su primer partido, enseñó el plano. Y sonaba a Manchester United. Aprovechó nada menos que un derbi de la ciudad para soltar a sus atacantes y dejar que los “caballos corrieran” en Old Trafford. United golpeó una y otra vez al Manchester City con ataques directos y letales. El 2-0 se quedó corto; los visitantes se marcharon aliviados por no encajar una goleada mayor.

Ese estilo agresivo se ha mantenido en la pretemporada. La prioridad es clara: avanzar el balón rápido, sin pausa. El fichaje veraniego Andrey Santos rompe líneas con pases verticales desde el centro del campo. Bryan Mbeumo, utilizado por dentro, vive cómodo atacando los espacios a la espalda y desordenando defensas con sus desmarques constantes.

Bruno Fernandes ha sido uno de los grandes ganadores de la era Carrick. Volvió a su zona favorita, el puesto de mediapunta puro, y desde ahí encadenó una racha creativa que le llevó a firmar un nuevo récord de asistencias en la Premier League.

Con Carrick, las dudas sobre el estilo de United se han evaporado.

Un equipo que vuelve a creer

El ambiente en Old Trafford es otro. Y la transformación empieza arriba del todo. Las ruedas de prensa de Amorim eran espectáculo, sí, pero también levantaban una nube de pesimismo sobre el club. Habló de tormentas, de sufrimiento, llegó a calificar al equipo como el peor de la historia de la entidad. Sus palabras rara vez transmitían confianza.

Lo paradójico es que, cuando fue despedido, United estaba cerca de los puestos de Champions. A veces, escuchándole, costaba creerlo. El discurso no casaba con la realidad clasificatoria. Carrick tomó el relevo y terminó el trabajo: metió al equipo en la Liga de Campeones, un objetivo para el que Amorim había dicho que el grupo no estaba preparado.

Ahora, a las puertas del nuevo curso, la sensación es radicalmente opuesta. Leny Yoro y Mbeumo han hablado abiertamente de su ambición de ganar la liga. Carrick no ha rebajado el discurso; al contrario, ha abrazado ese sueño colectivo.

El técnico cree que su plantilla tiene potencial para hacer algo especial esta temporada. No es una frase menor si se recuerda que hace solo un año el anterior cuerpo técnico tenía a United coqueteando con la zona baja y el miedo a una pelea por evitar el descenso planeaba en el ambiente.

La redención como política de club

Con Amorim, daba la impresión de que, una vez cruzabas cierta línea, ya no había vuelta atrás. Caer en desgracia equivalía a sentencia firme. Es una postura que muchos entrenadores respetan: mano dura, tolerancia cero en un vestuario cuya personalidad había sido cuestionada durante años.

Alejandro Garnacho lo vivió en carne propia. Kobbie Mainoo parecía seguir el mismo camino. Y Rashford terminó encadenando dos cesiones después de que su situación se volviera insostenible dentro del grupo.

Amorim se sentirá respaldado en el caso de Garnacho. Tras una etapa gris en el Chelsea, el argentino ha acabado cedido en el Aston Villa, lejos del brillo que se esperaba de él en Old Trafford. Su apuesta con Mainoo, en cambio, ha quedado seriamente en entredicho. El centrocampista se convirtió en pieza fija con Carrick y, pese a no debutar como titular en liga hasta enero, terminó nominado al premio PFA Young Player of the Year.

Rashford sigue siendo el gran interrogante. Nadie discute su capacidad para marcar diferencias en el césped. Lo que irritó a Amorim fue su comportamiento general, su día a día. Las chispas de talento que dejó en el Aston Villa y una temporada coronada con el título de LaLiga en el Barcelona no bastan por sí solas. Si quiere quedarse más allá del cierre de mercado en septiembre, tendrá que demostrar que encaja en la cultura que hoy domina el vestuario.

Carrick, de momento, le ha tendido la mano cuando su carrera en United parecía acabada. No hay garantías de que funcione. No hay promesas. Pero hay algo que antes no existía: una segunda oportunidad.

En un club que se ha pasado años buscando su reflejo en el espejo del pasado, quizá la gran diferencia entre Amorim y Carrick sea esa. Uno cerraba puertas. El otro, sin perder autoridad, las mantiene entreabiertas. Y en esa rendija puede colarse, de nuevo, la versión más peligrosa de Manchester United.