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Roberto De Zerbi: De la crisis al proyecto de cinco años en Tottenham

Roberto De Zerbi, de la sala de urgencias al plan de cinco años

Hubo un instante la temporada pasada en el que Roberto De Zerbi miró a sus jugadores del Tottenham y lanzó una pregunta brutal: “¿Nos hemos muerto?”. No era una metáfora gratuita. En el vestuario del Stadium of Light, después de un 1-0 ante Sunderland en su debut, había futbolistas tirados boca arriba, algunos llorando. Siete partidos por delante para evitar el descenso. Un club grande al borde del abismo.

Cuatro meses después, el escenario es otro mundo.

De la angustia en Sunderland al café en Sídney

En Sídney, en el hotel del equipo, a un paseo del Harbour Bridge y la Opera House, el ambiente no huele a miedo, sino a café recién molido. Literalmente. Los jugadores del Tottenham bromean, se ríen, se relajan con partidas intensas de tenis de mesa mientras un barista del propio club sirve cafés en una planta privada. No hay rastro del grupo roto de Sunderland.

Ahora es una plantilla que se mira al espejo y se ve compitiendo otra vez en la parte alta de la Premier League. Que sueña con títulos. Y que se ha reforzado con un desembolso récord de 237 millones de libras.

En la gira de pretemporada ya han aparecido el fichaje más caro de la historia del club, Sandro Tonali, y las nuevas caras de Mateus Fernandes, Jan Paul van Hecke, Andrew Robertson y Martin Dubravka. Solo falta por estrenarse Marcos Senesi, que llegó más tarde tras jugar la final del Mundial con Argentina y acaba de empezar a entrenarse en Hotspur Way.

De Zerbi, que el pasado curso entró por la puerta de emergencia para dirigir solo los últimos siete partidos, habla ahora desde otro lugar: “Merezco querer a los mejores jugadores, porque ahora Tottenham merece construir un equipo top”. Lo dice con la convicción de quien se vio a un gol de caer al Championship… y ya prepara un proyecto de cinco años.

Dos planes: descenso o supervivencia

Tottenham trabajó la ventana de fichajes desde una situación tan poco habitual como cruda: dos hojas de ruta, una para el descenso y otra para la salvación. El italiano asegura que habría seguido en el banquillo incluso en Championship. No lo necesitó. Sobrevivió el último día ante Everton y ahora opera con el Plan A.

Eso incluye “respetar la voluntad” de jugadores como el capitán Cristian Romero o el portero Guglielmo Vicario, cuyo futuro aún no está garantizado. La sinceridad fue total desde el primer minuto.

“Al principio, en abril, tuve un millón de reuniones individuales”, cuenta entre risas. “Me dijeron si no querían estar aquí. Yo les dije: ‘Sí, ayúdame a mantenernos arriba y luego yo te ayudo a salir. Si no me ayudas a quedarnos, te quedas bajo el agua conmigo’”.

El mensaje caló. Y el club, mientras tanto, se reordenaba por dentro.

Un club que se reestructura… con un técnico “tiburón”

En los despachos, el cambio ha sido profundo. El nuevo consejero delegado, Vinai Venkatesham, dirige la estructura en nombre de la Lewis Family Trust. A su lado, Johan Lange, director técnico y único superviviente de la antigua cúpula, pilota las negociaciones deportivas.

Les apoyan Rafi Moersen, director de operaciones de fútbol, y Dan Lewindon, nuevo director de rendimiento, ambos llegados desde el City Football Group. A Lewindon le han dado un encargo muy claro: reducir el historial de lesiones de un club castigado físicamente en los últimos años.

Sobre todo, hay una figura que se mete en todo: De Zerbi. “En el mercado, cuando quiero a un jugador, me convierto en un tiburón. No hay opción de decir que no”, avisa. No es una pose. Ese enfoque agresivo ha llevado a Tottenham a cerrar dos operaciones históricas: 85 millones de libras por Mateus Fernandes desde West Ham y 100 millones por Tonali desde Newcastle.

“Me encanta trabajar en el mercado de fichajes. No es una presión, es una de las partes más bonitas de mi trabajo”, explica. ¿Por qué? Él lo vincula a la responsabilidad y al vínculo directo con el futbolista: “Cuando tomas la decisión, tomas la responsabilidad. Si el entrenador llama al jugador, puedes construir una conexión especial desde el principio”.

Con Mateus Fernandes fue más allá. Habló con la madre, con el padre. Al progenitor le prometió que sería su “segundo padre” y que cuidaría de él en Inglaterra. Es fútbol de élite, pero también relaciones humanas.

Tottenham también cerró la llegada del defensa Van Hecke pese al interés de Chelsea, después de haber adelantado a Manchester United y Manchester City en la carrera por los dos mediocentros récord. En los pasillos del mercado, el club entendió pronto el juego: había que ser agresivos y rápidos. Agresivos en las cifras. Rápidos en las decisiones. Y con un técnico al teléfono, insistente.

Mensajes, visitas y una “bomba” en ataque

La anécdota con Van Hecke resume bien el estilo De Zerbi. Tras el 2-2 ante Brighton en abril, con un gol de Georginio Rutter en el 95’ que golpeó de lleno las opciones de permanencia de Spurs, el italiano cogió el móvil. El asistente de aquel tanto había sido precisamente Van Hecke.

“Le escribí: ‘Quisiste empujar abajo a Tottenham por Brighton cuando diste la asistencia a Rutter, ahora tienes que venir conmigo, no tienes elección’”, desvela el técnico. Directo, sin rodeos.

Con Tonali, el cortejo fue igual de personal. Le mandó un mensaje al día siguiente de asegurar la permanencia con la victoria ante Everton. Después voló a Brescia para sentarse en su casa y mantener una conversación que resultó decisiva. A partir de ahí, el resto del trabajo lo remataron los empleados del club en varias reuniones más.

Ahora, De Zerbi deja caer lo que llama una última “bomba” ofensiva. Espera dos delanteros, uno de ellos Savinho, de Manchester City. No lo presenta como un capricho, sino como una pieza más de un plan ambicioso, pero que él defiende como responsable.

Sostiene que no siente “ninguna presión” pese a la inyección de 100 millones de libras de la familia Lewis en junio. Lo ve como un movimiento necesario, similar a lo que han hecho Chelsea, Arsenal o Liverpool en los últimos años. Gastar fuerte para reconstruir.

Vender caro, comprar bien

El giro económico no solo va de entradas. También de salidas calculadas. Tottenham ha ingresado una cantidad importante por Luka Vuskovic, traspasado a Brighton por 45 millones de libras. Quedan incógnitas por resolver, como el futuro del centrocampista Lucas Bergvall o del lateral inglés Djed Spence.

“Valoramos la petición de Vuskovic de ir a Brighton con Vinai, con Johan, juntos, porque considero el dinero de Tottenham como mi dinero”, afirma De Zerbi. Y remata con una imagen muy suya: “Es como si el dueño fuera mi padre, y creo que tú no quieres pedirle a tu padre que pierda dinero”.

Su idea de club grande es clara: “Como todos los grandes clubes, tenemos que vender a un jugador al precio más alto posible y traer a otro con un precio pequeño. Estamos empezando un plan de cinco temporadas porque estamos construyendo”.

En esa línea se enmarca también la decisión de no fichar de forma definitiva a Joao Palhinha desde Bayern Múnich. No por falta de nivel del mediocentro, sino porque el paquete financiero total no encajaba en la hoja de cálculo del proyecto.

Limpiar el aire y curar las cicatrices

La transformación no se limita al césped ni a la cuenta bancaria. Tras la derrota en Sunderland, el ambiente en el centro de entrenamiento era de duelo. Tristeza, negatividad, un club que se sentía golpeado por todos lados.

“El día después organicé una reunión sin jugadores y dije: ‘Al primero que vea decir algo negativo, lo mando a casa inmediatamente’”, recuerda el italiano. Una purga emocional. Un corte radical con el derrotismo.

De Zerbi insiste en que ahora todo pasa por cambiar “el comportamiento, la actitud y el espíritu” de quienes arrastran el trauma de una temporada durísima, encadenada a otra anterior en la que el equipo ya había acabado 17º, aunque entonces, con Ange Postecoglou, el relato se maquilló con un título de Europa League y sin un miedo tan real al descenso.

Para recomponer la confianza, el técnico tiró de algo tan sencillo como poderoso: una cena grande en Mayfair, “con alcohol”. Un grupo que había empezado a verse peor de lo que la gente realmente pensaba necesitaba mirarse a los ojos lejos del vestuario.

Cree que el equipo fue desafortunado en los últimos partidos y que pudo haber asegurado la permanencia antes. Y admite que la curación no ha terminado: “Espero que la próxima vez ellos mismos organicen la cena y las copas”.

De Zerbi lo resume con una fórmula que va más allá de los millones y las pizarras: “Con amor, amistad y cuidado, te conviertes en top, top, top”. Tottenham ya ha dejado de preguntarse si “ha muerto”. La cuestión ahora es otra: hasta dónde puede llegar este proyecto que nació en el suelo frío de un vestuario en Sunderland.