Roberto De Zerbi presiona a Djed Spence en el nuevo Tottenham
Roberto De Zerbi no se esconde. En pleno verano de reconstrucción feroz, con un Tottenham que ha batido su propio récord de gasto y que aún mira de reojo al fantasma del descenso, el técnico italiano ha señalado a un jugador en concreto: Djed Spence.
El lateral inglés, de 25 años, vive en un cruce de caminos. Tiene contrato de larga duración firmado el año pasado, pero su nombre ha aparecido ligado a Inter de Milán y Everton. En ese ruido, De Zerbi ha querido ser directo. Muy directo.
“Me gustaría que te quedaras si quieres quedarte. Si no quieres, si quieres irte, entonces te tienes que ir”.
El mensaje no admite matices. Ni para Spence ni para Lucas Bergvall, el joven centrocampista sueco también pretendido, a quien el técnico lanzó la misma advertencia un día antes.
Spence, entre la confianza del técnico y la sombra de Pedro Porro
Spence no es un actor secundario en este proyecto. La temporada pasada fue titular en 23 de sus 30 partidos de Premier League, en un equipo que se salvó sobre la bocina y terminó 17º por segundo curso consecutivo. Para un club del tamaño de Tottenham, eso ya no es una alarma: es una humillación que exige cirugía mayor.
La paradoja es evidente. De Zerbi lo considera pieza importante, pero la banda derecha está ocupada por un campeón del mundo y uno de los intocables del técnico: Pedro Porro. El italiano lo ha definido sin rodeos como “el mejor del mundo” en su posición. Competencia máxima en el mismo carril. Cero promesas de titularidad.
En ese contexto, la tentación de salir es comprensible. La voluntad de De Zerbi, también: quiere un vestuario sin dudas ni medias tintas.
Un proyecto de 237 millones tras rozar el abismo
El contexto explica la dureza del discurso. Tottenham ha gastado ya 237 millones de libras este verano, cifra récord del club, para intentar dejar atrás dos temporadas consecutivas coqueteando con el descenso. El margen de error se ha reducido a cero.
El club ha encadenado operaciones de impacto. Primero, un golpe en el corazón de la Premier: Mateus Fernandes llegó desde West Ham por 85 millones. Un día después, otro mazazo en el mercado interno: Sandro Tonali, procedente de Newcastle, por 100 millones.
A esa dupla se suma Jan Paul van Hecke, fichado desde Brighton por 52 millones, y un trío de veteranos que aterrizan libres pero con peso específico: Marcos Senesi, Andrew Robertson y Martin Dubravka. Una mezcla de músculo financiero y experiencia para un equipo que hace unos meses miraba a la Championship con pánico.
De Zerbi lo resume con una imagen muy suya: este verano ha sido “como un tiburón” persiguiendo objetivos.
Romero y Vicario, salidas pesadas en un vestuario en ebullición
No todo son entradas. El nuevo Tottenham también se construye a partir de despedidas de peso. El capitán Cristian Romero figura entre los que tienen un pie fuera. Su decisión de volar a Argentina mientras estaba lesionado, justo antes del último partido de la temporada, desató críticas feroces. Volvió a tiempo para jugar, pero el episodio dejó cicatriz.
De Zerbi, sin embargo, salió en su defensa. Aseguró que las críticas eran injustas y habló de un comportamiento “increíble” del central durante su etapa a sus órdenes. Aun así, asumió que la voluntad del argentino es salir. Y ahí el técnico no se interpone.
La misma puerta parece abierta para Guglielmo Vicario. El guardameta italiano ha perdido el puesto frente a Antonin Kinsky y todo apunta a una salida inminente. Otro símbolo de que nada es intocable en este nuevo ciclo.
El propio De Zerbi reveló la crudeza de sus primeros días en el club: “Al principio, en abril, tuve, no sé, un millón de reuniones individuales. Y los jugadores me dijeron si se quedaban o no”. Su respuesta fue casi un pacto de sangre: “Sí, ayúdame a mantenernos arriba, y luego yo te ayudo a irte. Si no me ayudas a mantenernos, te quedas bajo el agua conmigo”.
Mensaje recibido. El que no reme, se hunde.
Un Tottenham agresivo en el mercado… y aún con pólvora por gastar
Pese al desembolso masivo, De Zerbi insiste en que el plan no está completo. En Sydney, donde el equipo trabaja en la pretemporada, el entrenador fue claro: el mercado “no está terminado seguro”, y calcula que solo han completado “el 60% del proyecto”.
Lo que viene ahora, lo define con una sola palabra: “bomba”.
Tottenham busca otro refuerzo ofensivo, paralelo a la operación por Savinho, propiedad de Manchester City. El brasileño está en negociaciones avanzadas para aterrizar en el norte de Londres, pero no es el único. El club también persigue a otro atacante cuyo nombre todavía no ha salido a la luz.
Cuando le preguntaron si hablaba de un extremo o de un delantero centro, De Zerbi fue fiel a su estilo: “Atacantes”. Sin etiquetas, sin plan B. “No me gusta trabajar con plan A, plan B, plan C. Es plan A, punto, porque los jugadores no son todos iguales”.
La idea es simple: “Tenemos que aumentar el número de goles”. El diagnóstico es tan evidente como la receta: más talento arriba, más colmillo, más riesgo.
Un vestuario en tensión y una decisión clave para Spence
En medio de ese torbellino, Spence se convierte en un termómetro del nuevo Tottenham. Tiene por delante a Pedro Porro, un técnico que lo quiere pero que no le garantiza nada, y ofertas tentadoras en el horizonte. También un club que, por fin, parece dispuesto a comportarse como un gigante herido.
La frase de De Zerbi resuena en el vestuario: “Si no me ayudas, te quedas bajo el agua conmigo”. El italiano ha trazado una línea muy clara. Dentro, solo los que estén dispuestos a pelear hasta el último minuto.
Ahora le toca a Spence decidir de qué lado de esa línea quiere estar. Y, con otra “bomba” en camino, el tiempo para pensárselo no será infinito.






