El renacimiento de Scott McTominay: de Old Trafford a ídolo en Nápoles
Cuando en el verano de 2024 se cerró su salida de Old Trafford por 26 millones de libras, pocos en Manchester levantaron una ceja. Scott McTominay se marchaba etiquetado como centrocampista de contención, trabajador, disciplinado, pero sin brillo. Un jugador útil, no un futbolista destinado a acaparar portadas.
Dos años después, en Nápoles, es otra persona sobre el césped.
De mediocentro gris a ‘trequartista’ desatado
En el sur de Italia han desmontado por completo el molde con el que llegó. McTominay ya no es ese mediocentro que protege la zaga y juega en corto. Allí se ha convertido en un No.10 agresivo, vertical, un llegador constante que pisa el área como si siempre hubiera vivido en ella.
Los números lo cuentan mejor que cualquier adjetivo: 27 goles en dos campañas, sus mejores registros como profesional. Goles que no se han quedado en fuegos artificiales, sino que han empujado a un club obsesionado con la gloria doméstica a conquistar el Scudetto en 2025.
Ese título cambió el tono de la conversación. De jugador “aprovechable” a pieza central de un campeón de Italia. El reconocimiento individual no tardó en llegar: Jugador del Año en la Serie A y un 18.º puesto en la votación del Balón de Oro, una posición que, hace apenas unos años, habría sonado a ciencia ficción para el escocés.
En un estadio que aún respira el mito de Diego Maradona, que mide a todos sus ídolos con un listón casi imposible, McTominay se ha ganado algo muy difícil: respeto sin peros.
El examen italiano, según alguien que ya lo vivió
Quien mejor entiende ese salto es alguien que también se jugó la carrera en Italia. El exdefensa de Sampdoria, Walker, conoce de primera mano lo que supone aterrizar en una cultura futbolística tan exigente.
“Creo que el primer año cuando vas a Italia, especialmente, es duro. Es realmente, realmente duro. Así que se adaptó brillantemente”, explicó en declaraciones a GOAL.
Para él, la clave no es sólo el talento, sino el contexto: “Tienes que entrar en un equipo que realmente funcione, y eso te ayuda a asentarte”.
Walker va más allá al describir la mirada con la que el fútbol italiano observa al extranjero: “Si alguna vez juegas en Italia, todo lo italiano es brillante. Así que si no eres italiano, no llegas allí siendo brillante. Tienes que demostrarlo”.
Ahí es donde, a su juicio, McTominay ha cambiado el relato.
“Y justo es decirlo con Scott, ha ido allí, ha tirado el guante al suelo y es muy respetado por todos los italianos”, apunta. “Creo que eso es difícil de conseguir, porque si no eres italiano, empiezas desde muy abajo. En términos de capacidad, para ellos todo va de que tienes que volver a demostrarte. No importa lo que hayas hecho en cualquier otro sitio, tienes que hacerlo en Italia”.
Walker insiste en la dureza del aterrizaje: “Habiendo jugado allí yo mismo, el primer año es realmente, realmente duro. Así que creo que cuanto más se quede, mejor será también. Es brillante para él. Lo ha manejado muy bien, especialmente en los primeros meses”.
La lectura es clara: McTominay no sólo ha sobrevivido al examen italiano, lo ha aprobado con nota alta.
Un Mundial, un nuevo estatus y un futuro abierto
El impacto no se limita a la Serie A. El escocés llevó ese nuevo estatus al escenario más grande posible: el Mundial de 2026. Participar en una cita así, con el peso que ya tiene en su club, ha terminado de consolidar su imagen como futbolista de élite.
Con ese escaparate, los rumores eran inevitables. Se ha hablado de otro gran traspaso, de un posible regreso a la Premier League, de clubes dispuestos a pagar caro por un jugador que ahora combina físico, gol y jerarquía.
Pero la realidad diaria de McTominay en Nápoles invita a otra lectura: ¿por qué moverse cuando todo encaja?
“Adorado por los aficionados”: la mirada de Kenny Miller
Otro exinternacional escocés, Kenny Miller, también ha seguido de cerca su evolución. Y su diagnóstico, también en palabras a GOAL, se centra en algo que las estadísticas no miden: la sensación de pertenencia.
“Parece que ha amado absolutamente la vida en Italia. ¡Parece que toda su imagen ha cambiado!”, comenta Miller.
Y ahí entra en juego la ciudad, la gente, el día a día: “Se ha aclimatado realmente a la vida en Nápoles. Claramente está disfrutando de su fútbol”.
Cuando un jugador gana, todo se amplifica. “Cuando además estás ganando cosas como jugador, cuando entras en esa liga, ganas la liga y te dan el MVP de la liga…”, subraya Miller, recordando un reconocimiento que, en un campeonato tan táctico y competitivo, no se regala.
El exdelantero sabe que el mercado no se detiene: “Estoy seguro de que habrá gente que querría fichar a Scott McTominay, es la naturaleza del fútbol”. Pero ve un matiz clave: “Quizá haría falta algo especial para que se marchara, porque parece que es adorado por los aficionados. Lo alto que le valoran y cómo hablan de él, eso es algo especial para un jugador, sentir esa adoración”.
Miller pone el foco en una verdad que muchas veces se olvida en los grandes traspasos: el bienestar. “Simplemente te sientes cómodo disfrutando de tu fútbol. Hay mucho que decir sobre eso”, apunta. Y avisa de que cambiar no siempre garantiza continuidad en el rendimiento: “A veces, cuando te mueves y es un estilo diferente o un entrenador diferente, entran en juego otros elementos en tu rendimiento. Ya sea como jugador o en tu felicidad, no siempre es fácil. No es simplemente: ‘Lo estoy haciendo allí, voy allí y haré exactamente lo mismo y me sentiré igual’”.
Por eso, para Miller, cualquier decisión de futuro no será automática: “Habrá mucho que considerar para él. Pero una cosa es segura: si Scott quisiera un cambio, y si fuera la Premier League a la que quisiera volver, estoy seguro de que habría muchos pretendientes más que felices de llevárselo”.
¿Por qué irse de donde por fin eres imprescindible?
A los 29 años, McTominay vive el tramo más poderoso de su carrera. Marca, lidera, decide. Ha ganado una liga, ha sido Jugador del Año, ha aparecido en la lista del Balón de Oro y ha jugado un Mundial. Todo ello desde un rol que casi nadie le imaginaba cuando abandonó Manchester.
En Nápoles, una afición que construyó su mito en torno a Diego Maradona ha encontrado un nuevo referente al que cantar cada fin de semana. No es una comparación, es una constatación: en una plaza que no regala idolatrías, hoy su nombre se pronuncia con orgullo.
Si el próximo gran movimiento de su carrera llegará pronto o no, lo dictarán el mercado y sus propias ambiciones. Pero hay una pregunta que sobrevuela cada vez con más fuerza: cuando has tardado tanto en encontrar el lugar donde por fin eres imprescindible, ¿de verdad tienes prisa por marcharte?






