La recuperación de Gavi y su impacto en La Roja
La primera ventana de selecciones del curso llega con España luciendo todavía la corona de campeona del mundo y con la mirada ya clavada en la UEFA Nations League. De nuevo, una columna vertebral de jugadores del Barcelona sostendrá a La Roja en este nuevo tramo de competición, con el reto de prolongar un ciclo de éxito que ha devuelto al combinado nacional a la élite.
Pero en plena euforia, Luis de la Fuente eligió frenar y mirar atrás. Cuando los micrófonos de COPE le pidieron que señalara el momento más duro desde que asumió el cargo, el seleccionador no habló de derrotas ni de críticas. Se fue directo a un nombre: Gavi.
La herida que dejó la lesión de Gavi
De la Fuente fue tajante al recordar aquel día. Nada de edulcorar el recuerdo.
«La lesión de Gavi fue un momento duro para todos», confesó. «Teníamos una sensación de dolor que venía de un accidente, de perder a una persona muy querida para nosotros».
No hablaba solo de fútbol. Hablaba de vestuario, de grupo, de un chico que se había convertido en símbolo de carácter y rebeldía competitiva para una generación.
El técnico, de 63 años, abrió la puerta de lo que se vivió a puerta cerrada. El impacto fue brutal.
«Si hubierais visto la reacción de los jugadores en el vestuario, fue horrible», añadió. «Todos abrazándole, apoyándole. Fue increíblemente emotivo».
Esa escena, con el equipo roto alrededor del centrocampista, marcó al seleccionador y a buena parte del núcleo de la selección. La lesión de rodilla de 2023 no solo alteró planes deportivos; tocó fibras emocionales en una plantilla que veía caer a uno de sus motores anímicos.
De la enfermería al banquillo: un nuevo desafío
Hoy, el contexto es muy distinto, pero el nombre sigue en el centro del debate. Gavi ha completado su rehabilitación y ha vuelto a pisar el césped. La batalla ya no es contra la lesión, sino contra el cronómetro y la competencia feroz en el Barcelona de Hansi Flick.
Y ahí empiezan los problemas.
El centro del campo azulgrana está abarrotado. Pedri se ha asentado como titular indiscutible. El fichaje veraniego de Rodri ha elevado todavía más el nivel de la sala de máquinas. A eso se suma el momento de forma de Fermin Lopez y Dani Olmo, que han aprovechado cada oportunidad para consolidarse en la rotación.
El resultado es claro: Gavi, que hace no tanto era intocable, se ve reducido a apariciones esporádicas, minutos sueltos, partidos en los que entra cuando el guion ya está escrito. Para un jugador de su carácter, ese rol duele casi tanto como una recaída.
Contrarreloj hacia el once… y hacia La Roja
El camino de aquí en adelante será una cuesta empinada. Gavi arrastra todavía las secuelas de su grave lesión de rodilla de 2023 y de un posterior contratiempo la pasada temporada. Ahora se topa con una realidad incómoda: sin continuidad en el club, es más difícil recuperar el ritmo competitivo que exige la élite.
Cada minuto cuenta. Literalmente.
El centrocampista está obligado a exprimir cualquier oportunidad que le brinde Flick para enviar un mensaje claro: sigue siendo imprescindible en un vestuario repleto de talento. Necesita encadenar actuaciones sólidas, volver a ganar duelos, contagiar intensidad, demostrar que su impacto no se mide solo en estadísticas.
El Camp Nou será su primer termómetro. Si consigue recuperar sensaciones y peso en el Barcelona, el siguiente paso llega casi solo: volver a ser pieza central en la España “arrolladora” de De la Fuente, esa que se acostumbró a jugar con su energía como referencia emocional.
Porque el seleccionador ya dejó claro cuánto dolió perderle. La pregunta ahora es otra: ¿cuánto tardará Gavi en volver a ser el futbolista que nadie se atrevía a sentar ni en el Barça ni en La Roja?





