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Rangers de McInnes arranca con dudas tras empate en Dundee

Un año atrás, Russell Martin destrozaba verbalmente a su Rangers tras un empate en el debut liguero en Motherwell. Doce meses, dos entrenadores y mucha frustración después, el resultado se repite, pero el tono cambia en Dundee: el ciclo de Derek McInnes comienza con un 1-1 tan discreto como revelador.

No hubo bronca pública. Hubo contención, realismo y un mensaje claro: este Rangers está en obras.

Un estreno que no despeja incógnitas

El técnico, con pasado en Aberdeen, Kilmarnock y Hearts, insiste en que necesita tiempo y más fichajes para moldear a un equipo en plena transición veraniega. Lo dijo sin rodeos tras el empate ante Dundee United.

Su debut en el banquillo de Ibrox dejó una sensación incómoda: la de un conjunto que aún no sabe muy bien quién es ni cómo quiere atacar los partidos. En la primera parte, lo pagó caro.

Lachlan Rose castigó a un Rangers blando y desajustado con un gol que encendió las alarmas. El equipo de McInnes reculó demasiado, se estiró poco y dejó metros entre líneas que Dundee United aprovechó con facilidad. Faltó agresividad, faltó orden, faltó colmillo.

Tras el descanso, el guion cambió. No radicalmente, pero sí lo suficiente como para que Thelo Aasgaard apareciera como faro entre tanta niebla.

Aasgaard enciende la luz… pero el equipo no remata

El tanto del empate, obra de Aasgaard, pareció abrir una puerta. El Rangers avanzó metros, empezó a combinar con algo más de ritmo y dio la impresión de tener el partido donde lo quería: rival replegado, balón propio, tiempo por delante.

La presión, sin embargo, nunca se tradujo en dominio total. El equipo mejoró, sí, pero no sometió. No olió sangre.

Y el castigo pudo ser mayor. En los minutos finales, Jesse Randall dispuso de una ocasión clarísima, mano a mano ante el debutante Ivor Pandur. El atacante intentó una vaselina tímida, casi un pase a las manos del guardameta, que respiró hondo en su primera noche con la camiseta del Rangers.

McInnes no se escondió después: reconoció que el punto sabía a poco, pero que su equipo no hizo méritos para llevarse los tres.

Un equipo nuevo… y muy verde

La alineación ya contaba una historia distinta. Ivor Pandur bajo palos, Ben Godfrey en el centro de la zaga, y los ex Hearts Cammy Devlin y Lawrence Shankland de inicio. Cuatro caras nuevas para dibujar el primer boceto del Rangers de McInnes.

Desde el banquillo, más pinceladas: Dan Neil y Ross McCrorie tuvieron minutos para ir entrando en la dinámica. Es solo una muestra de lo que viene: el propio técnico dejó claro que el mercado seguirá moviéndose en Ibrox durante las próximas semanas.

Entre tanto estreno, el equipo se comportó como lo que es: un proyecto en fase de montaje. Buenos momentos aislados, desajustes evidentes y una falta de cohesión que se vio a simple vista.

El diagnóstico desde fuera no fue más amable. Andy Halliday, con pasado en el club, puso el foco en la estructura defensiva y fue directo al problema.

Según su lectura, daba igual cuántos defensas hubiese sobre el césped: el Rangers no fue compacto. Las líneas se partieron, los espacios aparecieron por dentro y por fuera, y los mejores futbolistas del encuentro —salvo Aasgaard— llevaron la camiseta de Dundee United. Un golpe a la ilusión del estreno.

Lesiones, visados y un hueco en las bandas

Como si el rendimiento no fuera suficiente preocupación, el parte físico y administrativo añadió más incertidumbre. Ben Godfrey se retiró con molestias en los isquiotibiales y su estado genera inquietud justo antes de un viaje clave.

Al mismo tiempo, el club aún no sabe si Olwethu Makhanya tendrá el visado a tiempo para el duelo del jueves ante Jagiellonia Bialystok, en la fase previa de la Europa League. La defensa, ya tocada, podría llegar aún más debilitada a una cita que no admite relajaciones.

La prioridad en el mercado, no obstante, está en otro lugar. McInnes mira sobre todo a las bandas.

En Tannadice, Djeidi Gassama arrancó como titular por la izquierda y no pasó del descanso. Fue sustituido al entretiempo, y el Rangers terminó el partido con Mohamed Diomande y Aasgaard actuando muy por dentro, sin extremos puros que amenazaran por fuera.

El propio técnico lo explicó con claridad: cuando el encuentro se abrió en la segunda mitad, aparecieron espacios que su equipo no supo atacar con desborde. Faltó ese jugador que encare, que rompa en el uno contra uno, que obligue al rival a recular.

Sin ese perfil, los delanteros viven de un servicio que no llega. Y un Rangers sin centros, sin profundidad y sin desequilibrio por fuera se vuelve previsible.

Entre la calma y la exigencia

No todo fue pesimismo. Steven Thompson, exdelantero del club, pidió calma. Recordó que Tannadice es un campo incómodo, que muchos rivales sufrirán allí, y que un punto fuera de casa en la primera jornada no es un desastre.

Su mensaje va en la línea de McInnes: no hay lugar para el pánico en agosto. El entrenador todavía espera fichajes clave, necesita tiempo de trabajo en el campo de entrenamiento y, sobre todo, requiere conocer mejor a sus propios futbolistas. La noche en Dundee, al menos, le habrá dejado lecciones valiosas.

El problema es otro: el Rangers no se puede permitir demasiadas jornadas de aprendizaje en una liga donde cada tropiezo alimenta fantasmas recientes. La paciencia existe, pero tiene fecha de caducidad.

El nuevo proyecto ya ha echado a andar. Lo ha hecho con un punto, muchas preguntas y una certeza incómoda: si este equipo quiere competir por todo, el margen de mejora no es un lujo, es una urgencia.