Rangers cae a la Conference League tras derrota ante Jagiellonia
La derrota global por 3-2 envía a los Light Blues a un playoff de Conference League que sabe a castigo. No solo por el marcador. Por todo lo que arrastra un club que lleva meses jugando con fuego desde los despachos.
La advertencia ignorada
Derek McInnes ya había levantado la voz: si Rangers no tapaba los agujeros en defensa, acabaría quemado. Nadie escuchó. Y ahora el incendio se extiende hacia el palco.
Andrew Cavenagh y su directiva estadounidense ya habían sentido el calor el lunes, en la junta de accionistas. Aficionado tras aficionado desfiló para golpear el mismo clavo: un modelo de fichajes débil, caro y sin resultados. El mensaje era claro: se han gastado millones de dólares para acabar en la mediocridad.
La visita de los polacos llegaba como una especie de juicio rápido. Había que remontar el 2-1 de la ida en Polonia para calmar la furia creciente. No lo hicieron. Y la comparación con el caos del año pasado, con el fallido intento de contratar a Russell Martin, vuelve a sobrevolar Ibrox.
Un penalti, una ilusión… y un jarro de agua fría
McInnes soñaba con que el primer gol de Lawrence Shankland con la camiseta de Rangers, a los 19 minutos y desde el punto de penalti, encendiera al equipo. El capitán no falló. Gol soñado, celebración contenida, estadio en pie.
Pero fue un espejismo.
Tras el descanso, el equipo se enfrió. Bajó el ritmo, perdió colmillo, cedió metros y confianza. Y lo pagó. Nik Prelec apareció para firmar el empate que, por el valor global, devolvía a los polacos al frente de la eliminatoria. El golpe fue directo al estómago.
Jagiellonia se gana un playoff de Europa League. Rangers cae a la Conference League por primera vez, obligado ahora a superar al Jablonec checo si quiere asegurar presencia en la fase de liga. No era este el plan cuando se hablaba de reconstrucción y ambición.
Ibrox estalla
Cuatro partidos con McInnes en el banquillo. Ninguna victoria. El veredicto de la grada fue brutal. Pitos, abucheos, gritos dirigidos a todo lo que se movía: jugadores, entrenador, directiva.
McInnes no se libró, pero el foco real debería apuntar más arriba. A esa cúpula americana que en 12 meses ha cambiado medio equipo sin arreglar lo básico: falta de creatividad, incapacidad para controlar partidos, ausencia de una identidad clara.
Nueve fichajes en este curso. Y el mismo problema de siempre: un equipo plano con el balón, sin imaginación entre líneas, sin jerarquía en los momentos clave. Nada cambiará hasta que Cavenagh y compañía se tomen en serio cómo reclutan talento.
El extraño “Klopp” de Ibrox
En medio de este panorama, el comentario del CEO Jim Gillespie en la junta de accionistas sonó casi surrealista. Comparar a McInnes con Jürgen Klopp dejó a más de uno con la ceja levantada.
No hay rastro en Ibrox, por ahora, de ese fútbol de “heavy metal” que convirtió al alemán en icono en Liverpool. Gillespie quiso resaltar el liderazgo y la gestión de grupo de McInnes, no su estilo táctico. Pero la comparación llegó en la peor semana posible.
Lesiones, dudas, presión. Todo lo que podía torcerse, se torció. La doble baja de Youssef Chermiti y Tuur Rommens resultó un golpe demasiado duro para una plantilla ya escasa de ideas y liderazgo, pese a la llegada de tres ex capitanes. A McInnes, sinceramente, le habría ido mejor sin el cartel de “nuevo Klopp” colgado al cuello.
Shankland, regalo tardío y realidad cruda
Shankland cumplió 31 años el lunes. Tres días después recibió un regalo inesperado de un viejo conocido del otro lado de Glasgow. El ex céltico Kobayashi cometió un penalti tan absurdo como inexplicable, al dejar la mano colgando mientras intentaba frenar un centro de su compatriota Yokota.
Ese instante de locura le abrió la puerta al capitán de Rangers para marcar el gol que soñó toda su vida. Su primer tanto con el club, el que llevaba dos semanas esperando como si fueran 31 años. El alivio fue evidente.
Pero la realidad golpea igual de fuerte: el inicio del ex delantero de Hearts está siendo durísimo. Y lo será aún más si McInnes no encuentra la chispa creativa que Shankland necesita para vivir en el área. Un goleador sin balones es solo un espectador de lujo.
Delanteros en el punto de mira
Con Chermiti fuera toda la temporada por la rotura de ligamentos de rodilla, la urgencia en ataque es total. El club necesita que Ryan Naderi empiece a justificar los 5 millones de libras pagados al Hansa Rostock en enero.
Tres goles desde entonces. Muy poco para un fichaje de ese calibre. La afición ya cuestiona aquella carrera contrarreloj del último día de mercado. Y McInnes tampoco parece convencido. No es casualidad que el equipo de reclutamiento de Ibrox esté valorando un movimiento por el delantero de Portland Timbers, Kevin Kelsy, mientras revisa la lista de posibles sustitutos para el lesionado Chermiti, el hombre de los 9 millones.
Ante Jagiellonia, Naderi volvió a quedarse corto. Para un delantero de 1,93 metros, se le ve demasiado a menudo como un boxeador grogui, perdiendo duelos, desconectado del juego, sin presencia dominante.
No es el único que siente la amenaza de competencia, pero su caso es el más urgente. Necesita reaccionar ya.
En el otro costado, Yokota ofrece el contraste. Mientras McInnes admite que sigue buscando otro extremo derecho, el japonés ya se ha ganado el respeto de la grada. Encara, desborda, centra. Sin él, la inventiva ofensiva de Rangers rozaría el cero absoluto.
Es pronto, sí, pero el mensaje es claro: el club necesita que más fichajes de este verano se acerquen al nivel y la actitud del pequeño atacante.
Un equipo en constante mutación
Si algo define la era McInnes hasta ahora, es la permanente agitación en las alineaciones. Cinco cambios respecto al empate con Dundee United en Tannadice para la ida en Polonia. Seis modificaciones para la derrota ante Hibs. Y ahora, otros cinco retoques en el once inicial, más un cambio de sistema a un 3-5-2.
Al descanso, Thelo Aasgaard dejó su sitio a Ross Mc. Con eso, ya son siete sustituciones realizadas en el intermedio en solo cuatro partidos. Señal de que el entrenador sigue buscando, probando, corrigiendo sobre la marcha.
La falta de defensas condicionó el giro a una línea de tres atrás, pero el equipo nunca se sintió cómodo. Djeidi Gassama ocupó el carril, aunque el mauritano nunca se ha caracterizado por su rigor defensivo. El resultado fue evidente: metros y metros libres para el extremo Rodrigo Conceicao desde el arranque.
El ajuste llegó tras el descanso, con la entrada de McCrorie y el regreso a una defensa de cuatro. El problema fue el peaje: al cambiar la estructura, Rangers también perdió velocidad y agresividad en ataque. Bajó la marcha justo cuando el rival pedía ser rematado.
Ese frenazo permitió a Jagiellonia asentarse, ganar confianza y, al final, encontrar el gol que los manda a la Europa League y relega a Rangers a la Conference.
La pregunta ya no es solo qué hará McInnes con el próximo once. Es cuánto tiempo más aguantarán la grada y el club esta mezcla de inversión millonaria, fútbol gris y resultados que encogen el horizonte europeo.






