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Propuesta de U.S. Soccer a Pochettino para extender su contrato hasta 2030

La federación de fútbol de Estados Unidos ya ha movido ficha. Antes de que ruede el último balón en este Mundial en casa, U.S. Soccer ha puesto sobre la mesa a Mauricio Pochettino una propuesta para seguir hasta 2030, abarcando un segundo ciclo mundialista. Pero la respuesta tendrá que esperar: no habrá decisión hasta que termine el torneo de 2026.

El contrato actual del argentino expira al cierre de este Mundial. Pese a ello, según fuentes conocedoras de las conversaciones, las negociaciones entre la federación y el técnico llevan meses en marcha. La oferta: cuatro años más al frente de la USMNT. Un mensaje claro de la federación a su seleccionador antes incluso de que empezara el verano futbolístico: quieren continuidad, quieren que el proyecto lleve su sello a largo plazo.

La propuesta llegó antes del inicio del torneo. U.S. Soccer quería dejar claro a Pochettino que la puerta seguía abierta de par en par. Él, por ahora, escucha. Las dos partes coincidieron en algo básico: el Mundial marcará las sensaciones, los estados de ánimo, las prioridades. Mejor decidir con el torneo ya juzgado por todos.

Mientras tanto, el equipo ha hecho su parte.

Un arranque de Mundial que cambia el tablero

La USMNT ha irrumpido en el Mundial con la fuerza de un aspirante inesperado. Triunfos ante Paraguay y Australia, clasificación para octavos asegurada y la derrota frente a Turquía convertida en un trámite sin consecuencias. El cuadro del torneo también ayuda: el sorteo ha sido amable y el país empieza a ilusionarse con algo más que una buena actuación. Sueña con unas rondas finales que hace no tanto parecían un horizonte lejano.

En ese contexto, la figura de Pochettino se agranda. El técnico de 54 años llegó en septiembre de 2024 con fama de constructor de proyectos, con experiencia en la élite tras sus etapas en Chelsea, Tottenham Hotspur, Paris Saint-Germain y Southampton. Muchos pensaban que, tras este Mundial en casa, regresaría de inmediato al día a día abrasador de un club europeo.

Esa sensación se intensificó en abril, cuando Matt Crocker, el director deportivo que había trabajado con él en Southampton y fue clave en su llegada a U.S. Soccer, abandonó el cargo para aceptar un puesto en Arabia Saudí. Parecía el preludio de un adiós. Sin embargo, los resultados y el ambiente alrededor de la selección han abierto un escenario distinto.

Un ciclo con algo más que un Mundial

El próximo cuatrienio en Estados Unidos no es un ciclo cualquiera. Es una agenda de alto voltaje para cualquier entrenador: Mundial de 2026 en casa, Juegos Olímpicos en Los Ángeles, una Copa América 2028 que se espera también en territorio estadounidense y una selección que se ha ganado un lugar estable en el escaparate global.

A eso se suma el músculo estructural. U.S. Soccer estrenará un centro nacional de entrenamiento en Atlanta valorado en 250 millones de dólares. Un complejo pensado para marcar época y, a la vez, un argumento de peso para convencer a Pochettino de que su obra puede ir mucho más allá de un banquillo y 90 minutos.

Con una renovación, el argentino tendría todavía más margen para moldear el futuro: influencia directa en la progresión de los jugadores de las categorías inferiores, peso en la educación de entrenadores, espacio para desarrollar una cultura futbolística propia. Terreno fértil para alguien que siempre ha mostrado interés en el desarrollo integral del juego y del futbolista.

El mercado mira, U.S. Soccer se blinda

El nombre de Pochettino sigue cotizando alto en Europa. Antes de este Mundial, se supo que mantuvo conversaciones con AC Milan a finales de mayo. JT Batson, director ejecutivo de U.S. Soccer, lo encuadró entonces como parte natural de “estar en las grandes ligas”: si tienes un técnico de primer nivel, los grandes clubes llaman.

Esas llamadas no van a desaparecer. Al contrario, pueden multiplicarse si la USMNT prolonga su buena racha en este Mundial. La federación lo sabe y ha trabajado para no quedarse desarmada en la puja. Durante el último año ha mantenido contactos constantes con grandes donantes y patrocinadores para asegurarse la capacidad financiera necesaria para competir por entrenadores de élite.

La ambición quedó clara incluso antes de fichar a Pochettino. U.S. Soccer se reunió también con Jürgen Klopp, recién salido de Liverpool, en una demostración de que el listón de sus aspiraciones está muy alto.

El contrato del argentino ya lo refleja. Según una declaración fiscal histórica publicada en marzo, que cubre del 1 de abril de 2024 al 31 de marzo de 2025, su salario base prorrateado rondaba los 4 millones de dólares, con un paquete total que, vía primas e incentivos, podía situarse entre 5 y 6 millones en un año sin Mundial. Una eventual extensión lo colocaría en la franja de los seleccionadores mejor pagados del planeta, en cifras competitivas con el mercado de clubes europeos de primer nivel, aunque todavía por debajo de los gigantes más ricos del continente.

Nada de esto sería posible sin el respaldo económico privado. La propia federación explicó que la llegada de Pochettino se sostuvo en “gran medida” gracias a un “regalo filantrópico de liderazgo” de Ken Griffin, fundador y CEO del fondo Citadel. A ese aporte se sumó el apoyo de Scott Goodwin, de Diameter Capital, y de varios socios comerciales. La misma red será clave para sostener un segundo ciclo.

Pochettino, entre la comodidad ganada y el vértigo del club

Pochettino no ha cerrado la puerta a seguir. Esta misma semana lo dejó claro: no descarta permanecer más allá del Mundial. Admitió que es difícil anticipar el futuro, pero también reconoció que, una vez instalado en Estados Unidos, cuesta imaginarse en otro lugar sin echar de menos el entorno que ha encontrado.

El mensaje a la federación ha sido directo: está abierto, pero no quiere que el debate contractual desvíe energía de lo esencial, el rendimiento de sus jugadores en el torneo. El vestuario, primero. Todo lo demás, después.

En otra entrevista reciente, fue un paso más allá en lo emocional. Señaló que, si el público estadounidense empieza a mostrar pasión por el fútbol con la misma intensidad que por otros deportes, él ve sentido en quedarse para ser parte de algo que deje huella. Para él, la verdadera “legado” no se limita a levantar la Copa del Mundo, por mucho que el objetivo deportivo sea ganar. La conexión entre selección y país, esa identificación duradera, es la base sobre la que, según su visión, se construye el éxito sostenido.

Esa es la encrucijada: cuatro años más de un proyecto de selección en crecimiento, con estructura, poder económico y un país que se asoma al fútbol con curiosidad creciente, o el regreso a la adrenalina diaria de un gran banquillo europeo. U.S. Soccer ya ha mostrado sus cartas. El Mundial dirá si Pochettino decide escribir el siguiente capítulo de su carrera en Estados Unidos o si el próximo gran salto lo espera, de nuevo, al otro lado del Atlántico.