La primera gira de Iraola con el Liverpool: análisis y desafíos
La primera gran prueba de Andoni Iraola al mando del Liverpool no llegó en Anfield, sino entre Nashville, Nueva York y Chicago. Dos victorias ante Sunderland y Wrexham, cierre con una derrota por 4-2 frente a Leeds y, sobre todo, un diagnóstico claro: la idea está, el tiempo no tanto. Y la plantilla, menos.
Una idea agresiva… que aún cojea
El primer tiempo ante Leeds fue, con diferencia, el mejor tramo de la gira. Un Liverpool adelantado, agresivo, con la presión alta como carta de presentación y los jugadores importantes marcando el ritmo. El plan de Iraola se vio nítido: equipo corto, ritmo alto, juego frontal, pocos toques de más.
Luego llegó la segunda parte y el espejo devolvió otra imagen. Desajustes en las jugadas a balón parado, desconexiones puntuales pero repetidas, errores que recuerdan demasiado a la temporada pasada. El técnico ya había rotado y el contexto era de amistoso de pretemporada, pero las señales fueron lo bastante fuertes como para no ignorarlas.
Lo más llamativo es que todo esto lo ha hecho sin haber trabajado aún un solo minuto con Virgil van Dijk, Cody Gakpo, Alisson, Alexis Mac Allister ni el recién llegado Víctor Muñoz. No los ha visto ni en el vestuario desde que asumió el cargo hace casi dos meses. El reencuentro será en el AXA, el miércoles, tras el regreso desde Chicago. Mac Allister tendrá aún más descanso tras el Mundial.
El calendario no perdona: menos de tres semanas para el inicio de la Premier League en Newcastle, solo dos amistosos más —un doble duelo ante Como en Anfield— y un técnico que ya admite que el estreno no será perfecto. El estilo es exigente. El margen, mínimo.
Una plantilla corta para un plan tan ambicioso
Durante buena parte de la gira, Iraola trabajó sin ocho futbolistas del primer equipo por vacaciones post Mundial y sin otros seis por lesión. Entre ellos, el desafortunado Joe Gomez, que se lesionó en Estados Unidos. Catorce ausencias. Catorce piezas menos para intentar acelerar la adaptación a un modelo que pide intensidad, coordinación y automatismos.
Incluso cuando todos estén disponibles, las carencias son evidentes. La salida de Mohamed Salah se anunció en marzo, las conversaciones para romper el contrato un año antes empezaron incluso antes… y cinco meses después el club sigue sin sustituto. En la banda derecha falta gol, falta amenaza y falta jerarquía.
La lesión de rodilla de Conor Bradley deja también coja la posición de lateral derecho. Hay mucha fe en Jérémy Jacquet y Giovanni Leoni, que ha aprovechado su recuperación de una rotura de ligamento cruzado para transformarse físicamente. En Estados Unidos respondieron bien los jóvenes Ifeanyi Ndukwe y Mor Talla Ndiaye. Pero la Premier exige algo más que proyección: pide experiencia. Y Ndukwe, además, no podrá jugar esta temporada por cuestiones de permiso de trabajo tras el Brexit.
En el centro de la defensa la sensación es similar: talento joven, sí, pero poca mili al máximo nivel. Con el historial físico de Gomez, el inglés debe considerarse un plus cuando está disponible, no una de las cuatro opciones fijas. Y aunque Iraola explicó que le gusta que los extremos cambien de banda durante los partidos, que se intercambien para atacar mejor los espacios, el costado derecho sigue pareciendo un problema estructural, incluso si el club logra cerrar la llegada de Bradley Barcola desde Paris Saint‑Germain.
Iraola ha mostrado un plan valiente. Ahora falta que el club lo acompañe en el mercado.
Nyoni se gana un sitio
La gira obligó a mirar a la academia. Y varios respondieron. Ndukwe, Talla Ndiaye, Lewis Koumas, Kieran Morrison, Luke Chambers… todos dejaron detalles, todos se ganaron minutos y apuntes en la libreta del técnico. Pero ninguno irrumpió con la fuerza de Nyoni.
El centrocampista de 19 años creció partido a partido. Más personalidad, más balón, más presencia. La temporada pasada, tanto él como Rio Ngumoha estuvieron instalados en la dinámica del primer equipo con Arne Slot, pero el reparto fue muy desigual: el extremo jugó 19 encuentros de Premier, cinco como titular; Nyoni apenas seis apariciones saliendo desde el banquillo.
En Estados Unidos la historia cambió. El joven interior entendió rápido lo que quiere Iraola: pensar hacia adelante, encontrar opciones verticales lo antes posible, jugar bajo presión sin esconderse y, cuando no las hay, fabricarse su propio espacio con movimiento inteligente. Su pase en la acción previa al gol de Florian Wirtz contra Leeds fue una delicadeza y, al mismo tiempo, un resumen de su gira.
Tras ese partido, Nyoni reconoció que sabía que tenía que mejorar este verano. Lo dijo. Y lo hizo. Iraola ya no puede mirarlo solo como promesa: es opción real.
Jones desaprovecha el escaparate
Curtis Jones, en cambio, se marchó de Estados Unidos con más dudas que certezas. Entra en el último año de contrato, con el interés creciente del campeón italiano, Inter, y su rendimiento no acompañó el momento.
Mientras Nyoni y Dominik Szoboszlai parecían entender con naturalidad las exigencias del nuevo técnico para el mediocentro —ritmo alto, lectura rápida, agresividad sin balón—, Jones se vio incómodo. Especialmente en la segunda parte ante Leeds, donde sufrió para encontrar su lugar en un equipo que corría a otra velocidad.
Pero lo que más ruido generó no fue su juego, sino su reacción. En el amistoso ante Wrexham, Szoboszlai recibió el brazalete de capitán y Jones respondió con un gesto de evidente enfado. Una reacción infantil, fuera de tono, que chocó con el discurso de Iraola sobre la importancia del colectivo.
No fue un hecho aislado. En el debut de la gira frente a Sunderland, cuando Gomez abandonó el campo, el técnico volvió a pasar por alto a Jones para la capitanía. El brazalete fue para Kostas Tsimikas, lateral zurdo suplente que venía de una cesión en Roma. Para un canterano, seguidor del club desde niño y uno de los jugadores con más años en el vestuario desplazado, el golpe duele. Es comprensible. Pero la imagen cuenta.
Jones, Szoboszlai y Tsimikas hicieron esfuerzos públicos por rebajar el incidente en los días posteriores al triunfo ante Wrexham, y el episodio se sobredimensionó en redes sociales. Aun así, el contraste permanece: mientras Iraola predica unión y sacrificio, uno de los jugadores llamados a dar un paso al frente se mostró demasiado pendiente del brazalete y demasiado poco del juego.
Szoboszlai, líder sin discusión
En ausencia de Salah, Andy Robertson, Van Dijk y Alisson, Dominik Szoboszlai ocupó el centro del escenario. Literalmente. Cada vez que apareció en un estadio estadounidense, el ruido subió un punto. Cada intervención con el balón encendió a la grada. Las cámaras lo buscaron constantemente. La gira tuvo un rostro, y fue el suyo.
Para Iraola, lo importante no estuvo en los flashes, sino en el día a día. El capitán de Hungría marcó el estándar en los entrenamientos y ejerció de guía para una plantilla plagada de jóvenes. Acaba de firmar un nuevo contrato por cinco años y se ha consolidado como el jugador franquicia de este Liverpool en transición.
Con las salidas de Salah y Robertson, el club necesita nuevos vicecapitanes. Szoboszlai se ha colocado en primera fila para ocupar uno de esos huecos. No solo por galones futbolísticos, también por carácter.
La gira por Estados Unidos deja heridas, certezas y preguntas. Iraola ya ha enseñado el esqueleto de su Liverpool. Ahora falta saber si el club le dará el músculo necesario antes de que la temporada, y la realidad de la Premier, empiecen a golpear de verdad.






