Pirlo se cae de la carrera por ser seleccionador de Italia
Pirlo se cae de la carrera por Italia: el patrocinio ruso le cierra la puerta de la Azzurra
Andrea Pirlo ya no será seleccionador de Italia. Y no ha sido por un resultado, ni por una mala racha en los banquillos, sino por un contrato de patrocinio que ha detonado una tormenta política en Roma.
El excentrocampista de la Azzurra confirmó en Instagram que su candidatura ha quedado descartada. “Supe anoche que ya no soy candidato para el puesto de seleccionador de Italia”, escribió el campeón del mundo de 2006, que llevaba días en el centro de un fuego cruzado ajeno al césped.
El patrocinio con Fonbet, en el ojo del huracán
El punto de fricción: su acuerdo como embajador con Fonbet, casa de apuestas rusa. Un vínculo comercial que, en pleno contexto de guerra en Ucrania y con Italia alineada con las sanciones a Moscú, ha sido visto por parte de la clase política como incompatible con el cargo más simbólico del fútbol italiano.
Pirlo había defendido públicamente ese contrato. Aseguró que el acuerdo estaba ligado a su trabajo en Emiratos Árabes Unidos y que se trataba “exclusivamente de fines comerciales y deportivos”. Advertía, además, de que darle una lectura política significaba atribuirle ideas que “nunca ha expresado” y que “no le pertenecen”.
No bastó. El ruido creció día a día en los palacios institucionales.
La política entra en juego
Varias figuras de peso en la política italiana salieron al ataque. Para Pina Picierno, vicepresidenta del Parlamento Europeo, la posible elección de Pirlo chocaba frontalmente con la necesidad de regenerar el sistema.
“Tras otra derrota y otro Mundial perdido, el fútbol italiano necesitaba desesperadamente una revolución cultural, ética y de gestión. La elección de Andrea Pirlo va exactamente en la dirección opuesta”, escribió en redes sociales, marcando con dureza el tono del debate.
Ignazio La Russa, presidente del Senado y miembro del partido de la primera ministra Giorgia Meloni, se mostró escéptico incluso en el plano estrictamente deportivo. En declaraciones a la agencia Ansa, dejó una frase que pesó como una losa: “Hablo solo porque me han llamado: que Dios nos ayude. Por supuesto que soy tifoso de Italia y Pirlo fue un gran campeón, pero como entrenador es un salto en la oscuridad”.
Carlo Calenda, líder del partido Azione, fue aún más tajante, atacando de frente la conexión con Rusia: “Quien sea o haya sido promotor de Rusia después de 2022 no debe ocupar cargos nacionales”.
El mensaje era nítido: el seleccionador no puede ofrecer la menor sombra de ambigüedad respecto al apoyo italiano a Ucrania.
Maldini le respaldaba, pero no fue suficiente
La candidatura de Pirlo no era un capricho improvisado. Contaba con el respaldo de Paolo Maldini, recién nombrado director técnico de la federación (FIGC), que veía en su excompañero de selección una figura capaz de liderar una nueva etapa.
La FIGC había acudido a Pirlo tras chocar con la realidad del mercado. Los primeros intentos apuntaron alto: Pep Guardiola y Carlo Ancelotti. Ninguno de los dos llegó a un acuerdo para hacerse cargo de una selección que arrastra una herida profunda: tres Mundiales consecutivos sin clasificación tras la salida de Gennaro Gattuso, que dejó el cargo de mutuo acuerdo en abril.
Pirlo, dispuesto incluso a abandonar su puesto en Dubai United para asumir el reto, aparecía como la solución de consenso deportivo tras esos rechazos. La política terminó por deshacer ese consenso.
Italia vuelve al pasado para buscar futuro
Con Pirlo fuera del tablero, el debate gira de nuevo hacia dos viejos conocidos del banquillo azzurro: Roberto Mancini y Antonio Conte. Ambos ya saben lo que significa convivir con la presión de dirigir a la selección y cargar con el peso de una camiseta que exige presente y memoria.
Italia busca algo más que un seleccionador. Busca una figura que reconcilie un país futbolero con una selección que ha dejado de estar en la cita que define a las grandes naciones del balón. Entre el deseo de revolución y la tentación de volver a lo conocido, la federación se enfrenta ahora a una decisión que marcará no solo el próximo ciclo, sino la identidad misma de la Azzurra en los años que vienen.






