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Pep Guardiola rechaza ser seleccionador de Italia: el fin de un ambicioso proyecto

Pep Guardiola ha rechazado la propuesta para convertirse en seleccionador de Italia. La Federación Italiana de Fútbol (FIGC) recibió la respuesta del técnico catalán en la noche del jueves y, según informó Sky en Italia, el no llega por motivos personales que van más allá del fútbol.

No es un simple “gracias, pero no”. Es el final abrupto de un plan mayúsculo.

Un plan a lo grande… sin Guardiola

La FIGC no se limitó a ofrecerle el banquillo de la selección absoluta. Paolo Maldini y su asesor Leonardo pasaron tres días reunidos con Guardiola en Barcelona, detallando un proyecto que pretendía redefinir las bases del fútbol italiano.

Italia no estará en el Mundial ampliado de este verano. Otro golpe en una secuencia de fracasos que ha obligado a la federación a pensar en algo más que un cambio de entrenador. De ahí la apuesta por Guardiola.

Maldini y Leonardo le presentaron una visión que iba mucho más allá de dirigir a la selección en partidos de clasificación y grandes torneos. En los planes de la FIGC, Guardiola debía ser la figura central de un “proyecto Azzurro” integral: una remodelación completa que implicara a la absoluta y a todas las categorías inferiores, con la idea de reconstruir el fútbol italiano sobre cimientos nuevos y sólidos.

La federación estaba incluso dispuesta a hacer un esfuerzo presupuestario excepcional para asegurar su fichaje. El mensaje era claro: todo giraría en torno a él. El catalán escuchó con atención. Pero no dio el paso.

Italia busca salvavidas tras otro golpe

La situación de la FIGC es delicada. Tras quedarse fuera de un tercer Mundial consecutivo, el terremoto institucional era inevitable. Gennaro Gattuso dejó el cargo después de no conseguir la clasificación para el torneo de este verano en Norteamérica, y Maldini y Leonardo fueron incorporados como parte de una gran reestructuración.

Su misión principal: encontrar un sucesor para Gattuso capaz de liderar una reconstrucción profunda. El objetivo soñado era Guardiola. Ahora, con su negativa, la federación debe mirar hacia otros nombres.

Entre los candidatos alternativos aparecen Roberto Mancini y Andrea Pirlo. Dos perfiles con peso propio en la historia reciente del fútbol italiano, pero que representan una dimensión distinta a la del técnico que cambió el juego en Barcelona, Bayern Munich y Manchester City.

La paradoja es cruel: Italia levantó la Eurocopa en 2021 bajo el mando de Mancini, pero desde entonces ha encadenado ausencia tras ausencia en las grandes citas. Tres torneos seguidos sin estar en el escaparate mundial. De ahí la urgencia por un giro radical que, por ahora, se queda sin su arquitecto ideal.

Un Guardiola libre… pero decidido a parar

El contexto hace que el rechazo tenga aún más impacto. Guardiola es agente libre por primera vez en una década tras poner fin a su ciclo de diez años en el Manchester City, donde conquistó 20 títulos y firmó un porcentaje de victorias del 70,8%. Un currículum que convierte cualquier llamada en una puja de poder.

Sin embargo, él mismo lleva tiempo avisando: quería parar.

Un año antes de su salida del Etihad, en una entrevista con Sky Sports, ya había anticipado que se tomaría un descanso cuando llegara el final de su etapa en el City. Tras el anuncio oficial de su marcha, insistió en la misma idea y explicó que la decisión nacía de una necesidad personal: pasar más tiempo con su familia.

“No tengo planes de entrenar durante un tiempo. Si no, seguiría aquí. Necesito dar un paso atrás. No voy a entrenar durante un tiempo”, explicó en su última rueda de prensa como técnico del Manchester City.

Añadió que ya no se veía con la energía diaria necesaria para vivir permanentemente bajo la obligación de pelear por títulos. Se conoce bien, dijo. Sabe que tiene ese fuego competitivo, pero siente que, en el futuro inmediato, no lo tendría en la misma medida.

En una conversación posterior con Sky Sports, fue aún más humano: habló de su padre, de sus hijos, de experiencias que todavía no ha vivido fuera del banquillo. “Hay cosas que no he hecho y que quiero hacer. Tengo a mi padre vivo. Quiero pasar más tiempo con él. Mis hijos… Y muchas cosas que, como ser humano, puedo hacer. Tengo la suerte de poder decidir, por eso tomé esta decisión”, explicó.

Con ese marco, el “no” a Italia encaja. No es un rechazo al reto deportivo. Es la defensa de una pausa que Guardiola se ha prometido a sí mismo.

Inglaterra, un precedente que lo explica todo

No es la primera vez que el futuro de Guardiola se cruza con una gran selección nacional. En 2024 se informó ampliamente de que había alcanzado un acuerdo verbal con la FA para convertirse en el sustituto de Gareth Southgate al frente de Inglaterra.

El giro de guion llegó después: cambió de idea y decidió seguir en Manchester. Thomas Tuchel acabó ocupando el cargo y llevó a Inglaterra a su mejor actuación en un Mundial disputado fuera de casa. El alemán renovó hasta el final de la Euro 2028 y ha asegurado que piensa cumplir su contrato.

Ese episodio dejó claro que la puerta de Guardiola a las selecciones no está cerrada. Pero también que no va a precipitarse. Ni siquiera por proyectos de enorme dimensión mediática y deportiva.

En 2024, en una entrevista con el chef Dani García, lo explicó con crudeza. Aseguró que no se ve dejando el Manchester City para ir a otro club y repetir el mismo tipo de trabajo que ha hecho durante tantos años. No tendría la energía para empezar de cero, con el día a día del entrenamiento, la exigencia constante, el desgaste permanente. “Quizá una selección nacional, pero eso es diferente”, deslizó entonces.

Esa frase resuena ahora con más fuerza, justo cuando rechaza a una de las selecciones con más historia del planeta.

¿La selección como punto medio?

En el fondo, el debate sobre el futuro de Guardiola gira en torno a una pregunta: ¿puede la gestión de una selección ofrecerle el equilibrio que busca entre fútbol y vida personal?

Su perfil encaja con la descripción que muchos hacen de él: un obsesivo del juego, incapaz de alejarse demasiado tiempo de la pizarra. La experiencia tras su salida del Barcelona lo demuestra. Entonces también se tomó un respiro antes de aceptar el reto del Bayern Munich. Ahora la diferencia es la edad, el desgaste acumulado y el vínculo emocional construido con el Manchester City.

Un cargo en una selección nacional podría ser el término medio perfecto. No tendría la exigencia diaria del fútbol de clubes, lo que le permitiría el espacio que reclama para su familia y su vida fuera del césped. A cambio, cada pocos meses podría reunirse con un grupo de jugadores y moldear un equipo a su manera durante un ciclo de Eurocopa o Mundial. Y, sobre todo, se adentraría en un territorio que todavía no ha explorado.

Ha ganado todo a nivel de clubes. Cambió la manera de entender el juego en tres ligas distintas. El desafío de trasladar esa influencia al fútbol de selecciones, con menos tiempo de trabajo y un contexto completamente distinto, tiene un atractivo evidente.

Italia se ha ofrecido para ser ese laboratorio. Guardiola, por ahora, ha decidido que no es el momento.

La FIGC deberá rehacer su hoja de ruta sin el técnico que soñaba con situar en el centro de su revolución. Y la pregunta queda flotando en el aire: cuando Guardiola vuelva a sentir el picor competitivo, ¿qué selección estará preparada para entregarle las llaves de su futuro?