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El nuevo Madrid de Mbappé y Vinicius: ¿éxito o fracaso?

Steve McManaman no se anda con rodeos cuando habla del nuevo Madrid de Kylian Mbappé, Vinicius Junior y José Mourinho. Para el exjugador blanco, la ecuación es clara: talento descomunal, resultados insuficientes y una presión que ya está al límite.

“Fuera de escala”, así define el inglés la exigencia que rodea a Mbappé y Vini Jr. Dos futbolistas que, por separado, dominan cualquier escenario. “Cuando están sancionados, lesionados o uno está fuera del campo, los dos son los reyes de la selva”, apunta. Cuando falta uno, el otro se convierte en la gran figura, el que manda, el que parece un superestrella incuestionable.

El problema, según McManaman, llega cuando comparten camiseta y minutos.

Dos reyes, un mismo reino

La convivencia futbolística entre Mbappé y Vinicius sigue sin traducirse en títulos. Y eso, en el Real Madrid, tiene un nombre muy concreto: fracaso. “Cuando están juntos, lo que se ha visto en los últimos años es que no han ganado nada”, recuerda el excentrocampista, que sabe bien cómo funciona la casa blanca. El mensaje es duro, pero encaja con la lógica interna del club: “Si sigues al Real Madrid, si sigues LaLiga, sabes que es o ganar o es un desastre”.

El contraste con el eterno rival lo amplifica todo. Mientras Barcelona levanta trofeos y gana finales, en Madrid las finales perdidas duelen el doble. McManaman repasa esas heridas recientes: finales de Copa del Rey escapadas por detalles, Supercopas decididas en el último suspiro, ocasiones claras desperdiciadas. Siempre a un paso. Nunca cruzando la línea.

La sensación es de equipo que roza la gloria, pero no la atrapa. Y eso, con el Barça fortalecido, convierte cada tropiezo en un aviso. “Ahí es cuando empieza a ser precario”, admite, recordando cómo el Bernabéu ya hizo saber su malestar en varias noches de la temporada pasada, pese a que el equipo terminó segundo en LaLiga y cayó “peleando” ante el Bayern Munich en la Champions, una eliminatoria cuyo rendimiento, recalca, le pareció bueno.

Falta de magia… y la apuesta por Mourinho

Para McManaman, el Madrid no está roto. No ve un proyecto desahuciado, sino un equipo al que le falta un punto distinto, algo que marque la diferencia en los momentos clave. “Solo necesitan un poco de pólvora, un poco de magia especial”, resume. Y ahí entra el gran interrogante del curso: ¿será José Mourinho quien aporte ese plus o lo harán los nuevos fichajes?

El regreso del técnico portugués a LaLiga, con su primer partido de esta nueva etapa ante Espanyol, llega envuelto en expectación. McManaman anticipa un año intenso, cargado de tensión y espectáculo. Habla de “fuegos artificiales” y señala otro factor que calienta el escenario: la llegada de Rodri al Barcelona, otra estrella más en el tablero del clásico.

Pero por muy atractiva que parezca la narrativa, el encargo que recibe Mourinho no admite matices.

Mourinho, contratado para derrotar al Barça

McManaman lo reduce a una misión casi obsesiva: “A José lo han traído para acabar con el Barcelona, para ganar al Barcelona y ganar al Barcelona una y otra y otra vez”. No hay espacio para la complacencia. Terminar segundo ya no vale. “Cualquiera puede ir hoy al Real Madrid y acabar segundo, tú podrías entrar y acabar segundo, yo podría entrar y acabar segundo”, ironiza, criticando esa sensación de que, en los últimos tiempos, se ha permitido que las estrellas gestionen el vestuario.

Mourinho, insiste, está ahí “por una razón”. Florentino Pérez confía en que sea él quien exprima al máximo a Mbappé, Vinicius y compañía, quien controle los egos y ordene un vestuario que, para McManaman, no es tan caótico como a veces se pinta. “Siempre hay egos en ese vestuario y todos son muy profesionales”, matiza. El problema no es la convivencia, sino la línea de meta.

Porque, al final, todo se reduce a un verbo: ganar. Sin adornos. Sin excusas. “Depende de José cruzar la línea. Así de simple, ni más ni menos, solo tiene que ganar”.

En un Madrid donde segundos puestos se viven como tragedias y donde Mbappé y Vinicius ya no pueden refugiarse en el brillo individual, la temporada arranca con un mensaje nítido: ya no basta con ser los reyes de la selva. Ahora tienen que demostrar que también saben serlo juntos. Y Mourinho, esta vez, no tiene margen para quedarse a medio camino.