La nueva España: de la humildad a la ilusión en el Mundial 2026
Hubo un tiempo en que España miraba al resto del mundo del fútbol por encima del hombro. Entre 2008 y 2012, La Roja construyó una dinastía que redujo a sus rivales a meras sombras: Mundial 2010 en el centro, dos Eurocopas a los lados y una sensación de invencibilidad casi arrogante.
Luego todo se vino abajo. Y muy rápido.
El golpe posterior a 2012 abrió una década de reinicios dolorosos, de fracasos en grandes torneos y de una afición obligada a tragarse una ración gigantesca de humildad. Hoy, a las puertas del Mundial 2026, el clima es otro. Ya no hay soberbia. Hay ilusión. Pero una ilusión más sana, más adulta.
La Euro 2024 lo cambió todo. España arrasó a base de fútbol y carácter: superó a Croacia, Italia, Alemania, Francia y, en la final, a Inglaterra. Luis de la Fuente y su grupo se ganaron a pulso el derecho a volver a ser considerados una potencia mundial. Llegan a Norteamérica con la seguridad de quien sabe exactamente quién es y qué quiere.
Semra Hunter, periodista hispano-estadounidense y presentadora del Mundial en ITV, lo resume con una frase que rompe con el viejo tópico: España ya no vive bajo el ultimátum del “ganar o fracasar”, sino como una “máquina de fútbol bellamente estructurada”, diseñada para ir muy lejos otra vez.
De la exigencia tóxica a una fe más madura
La losa de la expectativa desmedida, esa que antes paralizaba a las selecciones españolas, ha desaparecido. La relación entre grada y equipo se ha reequilibrado.
“Ya no es tan extremo”, explica Hunter sobre aquella presión de “todo o nada”. La afición aprendió a golpes. Entre 2008 y 2012 se acostumbró a ganar siempre, a sentirse intocable. El desplome posterior fue brutal. Y dolió.
Ese escepticismo alcanzó su punto máximo justo antes de la última Eurocopa. Y terminó siendo gasolina. “Los aficionados eran súper críticos con Luis de la Fuente. Casi no había esperanza”, recuerda. Esa falta de fe encendió el orgullo del vestuario. España jugó con un punto de rabia competitiva, con la necesidad de demostrar que todos se equivocaban. Fue, jornada a jornada, el equipo más consistente del torneo.
Ahora el país vuelve a confiar. Pero ya no desde el ultimátum, sino desde la complicidad. Hay exigencia, sí, pero sin la amenaza constante de etiquetar de “fracaso” todo lo que no sea el título.
Dos puñales en el alambre: Lamine Yamal y Nico Williams
Si España quiere coronarse en verano, necesita a sus dos armas más eléctricas a pleno rendimiento. Y ahí aparece la primera preocupación seria: el estado físico de Lamine Yamal y Nico Williams.
Yamal, 18 años, se lesionó en abril por un problema en los isquiotibiales. Todo apunta a que estará en el Mundial, pero nadie puede asegurar qué versión se verá en el debut. Hunter no duda al describir su impacto: “Es uno de los extremos más especiales y únicos del mundo ahora mismo. Le da a España un filo que no tendría sin él”. Su juego imprevisible, esa capacidad para desordenar defensas, le ha permitido incluso empezar a ocupar zonas “a lo Messi”, cayendo por dentro, apareciendo entre líneas y sacando un truco de la chistera cuando el partido se atasca.
Nico Williams, elegido por muchos como el jugador más determinante de España en la Euro 2024, también sufrió una lesión en los isquios en mayo. La buena noticia: el diagnóstico es menos grave y debería llegar a tiempo para entrenar con normalidad. “España puede ganar sin ellos por la estructura del equipo”, concede Hunter, “pero para llegar hasta el final los necesita a los dos al máximo”.
No es un matiz menor. Con ellos, La Roja es un vendaval. Sin ellos, es un equipo muy bueno. La diferencia, en un Mundial, suele ser abismal.
Un centro del campo que sigue mandando en el mundo
En la sala de máquinas, España mantiene un lujo casi obsceno. Rodri como referencia absoluta. El trío de Barcelona formado por Pedri, Gavi y Dani Olmo. El dúo de Arsenal, Martin Zubimendi y Mikel Merino. Y Fabián Ruiz, de PSG, completando un abanico que cualquier selección envidiaría.
Entre tanta riqueza, Hunter tiene claro que hay dos nombres intocables: “Mientras Rodri y Pedri estén bien, son titulares no negociables”. A partir de ahí, todo se adapta al plan de partido.
Gavi aporta colmillo, agresividad, choque, esa energía que contagia. Dani Olmo rompe líneas, aparece entre centrales, se asoma al gol y, por momentos, actúa casi como un delantero encubierto. Zubimendi ofrece un relevo directo a Rodri, algo que muy pocas selecciones pueden decir de su mediocentro titular.
La mala noticia llega desde Barcelona. Fermin Lopez, autor de 30 contribuciones de gol esta temporada, se queda fuera por una fractura en el pie que le obligó a pasar por quirófano. “Es una baja grande”, admite Hunter. “Podía haber sido uno de los nombres revelación de España”.
La versatilidad del futbolista español, sin embargo, amortigua el golpe. De la Fuente puede mover piezas sin perder identidad. El idioma sigue siendo el mismo: balón, posición, agresividad tras pérdida y un dominio casi obsesivo del espacio.
El viejo agujero en la punta
Entre tanta abundancia en la medular, el problema de siempre vuelve a asomar. España, históricamente, no fabrica ‘nueves’ de área letales con la regularidad de otras potencias. Y eso, en un torneo corto, se paga.
“Es nuestra mayor debilidad, clarísima”, reconoce Hunter. “No tenemos un ‘fox in the box’ de verdad, un delantero que la meta de primera desde los tiempos de David Villa y Fernando Torres”. Alvaro Morata ha cargado con ese rol durante años, pero el perfil que se echa de menos es otro. “España no produce ese tipo de jugador. Todo gira alrededor de los centrocampistas”, sentencia.
Mikel Oyarzabal, héroe del gol decisivo ante Inglaterra en la final de la Euro 2024, apunta a ser el hombre que encabece el ataque. Es inteligente, se asocia bien, entiende el juego. Pero no infunde el pánico que provocan otros delanteros de élite. El miedo, si llega, vendrá desde la segunda línea.
España no esconde su carencia. La disfraza. La compensa con volumen de juego, llegadas desde atrás y una estructura que multiplica a los que pisan el área desde la mediapunta.
País de pizarras: la fábrica de entrenadores
La capacidad de España para exportar entrenadores a la élite europea no es casualidad. Pep Guardiola, Mikel Arteta, Unai Emery, Xabi Alonso, Andoni Iraola… la lista se alarga y tiene un denominador común: una obsesión casi cultural por la táctica.
“En España, el fútbol es un idioma”, explica Hunter. Desde muy pequeños, los jugadores aprenden conceptos, sistemas, matices. Todo se piensa, todo se analiza. “Todo el mundo se cree un filósofo del fútbol”, bromea. Hay romanticismo, pero también método.
Guardiola y Xabi Alonso ya eran entrenadores sobre el césped cuando jugaban. Ahora trasladan esa mirada al banquillo. El foco siempre está en el colectivo, en la colaboración, en la idea de que el todo importa más que el individuo. Humildad, trabajo y una fe casi religiosa en el plan.
Esa mentalidad se refleja en La Roja. No hay una gran estrella que absorba todo. Hay una estructura. Y dentro de ella, muchos futbolistas muy buenos que se potencian entre sí.
Un grupo para mandar… y un aviso en celeste
El sorteo del Mundial coloca a España junto a Cabo Verde, Arabia Saudí y Uruguay. Sobre el papel, un grupo para mandar. En la práctica, un recorrido con trampas.
“Deberían pasar con relativa comodidad”, pronostica Hunter. Cabo Verde debuta en un Mundial y Arabia Saudí, ordenada y competitiva, no debería tener suficiente para derribar a una España concentrada. El verdadero examen llega con Uruguay.
La selección charrúa es intensa, agresiva, callejera en el mejor sentido. Juega al límite, compite cada balón como si fuera el último y tiene más talento técnico del que muchos le reconocen. “Si quieren endurecer el partido contra España, pueden hacerlo”, advierte Hunter.
La Roja está preparada para duelos de ajedrez táctico, pero también tendrá que sobrevivir a batallas físicas, a partidos trabados, a noches en las que el plan perfecto no sale y hay que ganar por insistencia y carácter.
Hunter, pese a todo, no se esconde. “Les veo sacando entre siete y nueve puntos, líderes de grupo y avanzando”, asegura. Y va más allá: “Sinceramente, creo que van a llegar hasta la final”.
Cuando se le pide un pronóstico definitivo, no duda. “Creo que va a ganar España”.
La pregunta ya no es si La Roja ha dejado atrás su época dorada. La cuestión es si esta nueva versión, más humilde, más coral y quizá más completa, está a punto de escribir una segunda era.






