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Nottingham Forest elige a Oliver Glasner: del milagro en Palace al nuevo desafío

Nottingham Forest ha vuelto a girar la ruleta. Y esta vez ha elegido a un técnico acostumbrado a ganar en escenarios complejos. Oliver Glasner, exentrenador de Crystal Palace y campeón europeo con Eintracht Frankfurt, se convierte en el quinto técnico del club en menos de un año. Un dato que define mejor que cualquier discurso el terremoto permanente en el City Ground.

El austríaco llega para sustituir a Vitor Pereira, despedido el martes en un episodio tan crudo como simbólico: su salida se produjo apenas dos minutos antes de que venciera una cláusula de rescisión en su contrato. Un corte limpio, casi quirúrgico. Un mensaje claro desde la propiedad.

Evangelos Marinakis, dueño del club, no se escondió al explicar el nombramiento. “Oliver es un ganador”, subrayó, antes de remarcar que comparten “la misma visión, la misma ambición y el mismo deseo implacable de tener éxito”. No es solo un elogio; es una declaración de intenciones en un club que se ha acostumbrado a vivir al límite, tanto en el césped como en los despachos.

Un currículum que impone respeto

Glasner, de 51 años, no aterriza en Nottingham como una apuesta experimental. Su contacto con Forest se inició a comienzos del verano, después de cerrar su etapa en Crystal Palace al final de la pasada temporada. Allí firmó una obra difícil de igualar: tomó el cargo en 2024 y en su primer curso entregó el primer gran título de la historia del club, la FA Cup. Un año después añadió la Europa Conference League. Y en agosto levantó también la Community Shield tras imponerse a Liverpool en los penaltis.

No es casualidad. El austríaco forma parte de un grupo muy reducido: es uno de solo tres entrenadores que han ganado la Europa League y la Conference League, después de coronarse con Eintracht Frankfurt en la Europa League 2021-22. Su sello, competitivo y agresivo, ha resistido las pruebas más duras del calendario europeo.

Lo llamativo es que Glasner dejó Palace por voluntad propia. En enero ya había avisado: quería un nuevo desafío, pese a tener sobre la mesa una oferta de renovación. No se marchó por falta de resultados, sino por ambición. Y Forest, con su mezcla de tradición, presión y potencial, encaja a la perfección en ese perfil de reto mayúsculo.

Un club en permanente reconstrucción

La llegada de Glasner se produce tras una sucesión vertiginosa de cambios en el banquillo. Nuno Espírito Santo comenzó la pasada temporada al mando. Después pasaron Ange Postecoglou, Sean Dyche y el propio Pereira, todos en un lapso que, en otros clubes, apenas daría para un par de ruedas de prensa de presentación. Forest ha vivido en modo urgencia.

En este contexto, la apuesta por un técnico de proyecto largo suena casi revolucionaria. Glasner lo dejó claro en sus primeras palabras como entrenador del club: desde las primeras conversaciones con el propietario y la cúpula percibió “una visión clara” y “confianza total” en él y su cuerpo técnico para construir “un futuro sólido a largo plazo”. No habló de parches. Habló de construcción.

Añadió otro matiz clave: el potencial que ve dentro de la plantilla fue determinante para aceptar el cargo. No es solo la promesa de fichajes o el peso histórico del escudo; es la sensación de que hay materia prima para competir con una idea reconocible, algo que Forest ha echado de menos entre tanto volantazo.

Ambición sin disimulo

Marinakis no se conforma con la permanencia tranquila ni con un papel secundario. Su discurso fue tan directo como exigente: su objetivo es volver a situar a Nottingham Forest “entre los clubes líderes de Inglaterra y Europa”. No se trata solo de competir, insistió, sino de “ganar, luchar por los grandes títulos y crear un club del que los aficionados puedan sentirse orgullosos durante muchos años”.

El propietario destacó de Glasner su capacidad para “construir equipos sobresalientes y lograr éxito contra la competencia más fuerte”, apoyado en su liderazgo, su personalidad y el estilo de juego de sus equipos. Es un elogio, pero también una carga: el austríaco llega no solo para estabilizar, sino para elevar el listón.

La pregunta ahora es evidente: ¿podrá un entrenador acostumbrado a convertir proyectos inestables en máquinas competitivas imponer su método en un club que ha cambiado de rumbo casi cada trimestre? La respuesta no llegará en una rueda de prensa ni en un buen debut. Se escribirá entre semanas de trabajo, decisiones valientes y noches tensas en el City Ground.

Glasner ya ha demostrado que sabe ganar copas y finales europeas. Lo que viene ahora es distinto: transformar un club inquieto en un equipo con identidad duradera. Si lo consigue, Nottingham dejará de hablar de cláusulas de salida al minuto y empezará a hablar, otra vez, de grandes noches europeas.