Noche de nervios en el Grupo B: Bosnia y Qatar se juegan la vida
El tercer capítulo del Grupo B arrancó con todo el dramatismo que promete un “ganar o volver a casa”. En Seattle, Bosnia & Herzegovina y Qatar se juegan la vida. En Vancouver, Suiza y Canadá se reparten el mando de un partido con menos urgencias, pero con el primer puesto del grupo en juego.
En la teoría, el foco debía estar en Vancouver. En la práctica, la temperatura emocional está en Seattle.
Seattle parece Sarajevo
Horas antes del inicio, Seattle Stadium ya marcaba el tono. Miles de aficionados bosnios, vestidos de azul y blanco, marcharon como si el partido se jugara en Sarajevo. Dentro del estadio, algunos asientos vacíos, pero una atmósfera claramente inclinada hacia Bosnia & Herzegovina. El mensaje era sencillo: esto es una final.
Ambas selecciones llegaban con un punto en dos partidos. No hay margen. El empate sirve de poco. Se siente desde el primer minuto.
Bosnia sale desatada. A los pocos instantes, el portero qatarí Mahmoud Abunada ya ha tenido que volar dos veces a su derecha para negar el gol. Qatar espera muy atrás, preparado para salir en largo con Akram Afif como referencia. El plan es claro: aguantar, robar y correr.
Los nervios se notan. Un pase atrás defectuoso de Ivan Sunjic obliga al guardameta Nikola Vasilj a despejar a la desesperada. Es un pequeño gesto que resume el peso del partido para ambos.
La primera pausa de hidratación llega tras un golpe en la cara a Boualem Khoukhi en una falta lateral. La escena, un defensa recibiendo un balonazo directo en el rostro, encaja con el tono de la primera parte: duro, trabado, sin concesiones. En las bandas, los dos entrenadores gesticulan sin parar. Nadie está satisfecho.
El talento de Alajbegovic rompe el cerrojo
La tensión se rompe en el minuto 30. Kerim Alajbegovic decide que basta de tanteo. Recibe cerca del borde del área, arranca en una conducción serpenteante, se abre hueco y, ya perfilado a su pierna derecha, coloca un disparo tenso y curvado a la escuadra. Golazo. Primer gesto de verdadera calidad del encuentro. Bosnia se adelanta 1-0 y el estadio estalla.
Qatar, obligado a reaccionar, no encuentra la forma. El equipo de Julen Lopetegui, muy tocado por las bajas tras el 6-0 encajado ante Canadá y las expulsiones que le dejaron con nueve en aquel partido, sufre atrás. Sultan Al Brake, uno de los nuevos en una zaga remendada, vive una tarde amarga.
El castigo llega poco después. Edin Dzeko conecta una volea que se estrella en el cuerpo de Al Brake y se cuela en su propia portería. 2-0. El plan de Qatar se desmorona en cuestión de minutos. Para Bosnia, en cambio, es el escenario soñado: ventaja cómoda y un estadio volcado.
Y aun así, el partido se niega a morir.
Cuando Bosnia roza el 3-0, Dzeko vuelve a quedarse mano a mano y estrella su remate en el interior del poste. Lopetegui, en la banda, parece resignado, sin respuestas para frenar la ola bosnia. Qatar sigue sin disparar a puerta, apenas cruza la línea del medio campo y, paradójicamente, da la sensación de estar siempre al borde del naufragio cada vez que pierde el balón.
Entonces, justo antes del descanso, el guion da un giro.
Qatar se agarra al partido
Primera llegada clara, primer disparo, primer gol. Hasan Al Haydos, el capitán, aparece en el área para empujar un balón sencillo y recortar distancias. 2-1. Qatar, que había pasado casi toda la primera parte encerrado, de repente vuelve a respirar.
El tanto cambia el clima. Lo que parecía una noche plácida para Bosnia se convierte en un duelo abierto. Con el 2-1, la segunda parte promete ser una prueba de carácter para ambos: Bosnia, con la clasificación al alcance de la mano; Qatar, con la última oportunidad de seguir vivo en el Mundial.
Vancouver, otra historia: Suiza domina, Canadá amenaza
A miles de kilómetros, en Vancouver, el partido entre Suiza y Canadá avanza a un ritmo muy distinto. Menos drama, más control. Suiza, lanzada por su 4-1 ante Bosnia en la jornada anterior, se ha ganado el derecho a jugar con algo más de calma. Canadá, coanfitriona, también tiene el billete prácticamente sellado.
Murat Yakin retoca su equipo y su dibujo: cinco cambios y paso del 4-3-1-2 al 4-2-3-1. El mensaje es claro: controlar, gestionar esfuerzos y asegurar el liderato del grupo. Jesse Marsch, por su parte, apenas toca el once que arrolló a Qatar, obligado únicamente por la grave lesión de Ismael Kone. Entran Mathieu Choiniere y Nathan Saliba para reforzar el centro del campo.
Los primeros diez minutos dejan la sensación de que Suiza podría haber encarrilado el duelo muy pronto. Breel Embolo se planta solo ante el portero y perdona un gol que suele marcar con los ojos cerrados. Es el aviso más claro de una selección que maneja la posesión y el ritmo, pero que no termina de rematar.
Canadá, sin embargo, no se esconde. Cuando recupera el balón, lanza transiciones rápidas y muestra que puede hacer daño. El choque se convierte en una especie de partida de ajedrez a alta velocidad: Suiza mueve las piezas con calma; Canadá espera el error para golpear.
Con el paso de los minutos, la sensación es clara: el empate sirve a ambos, pero nadie quiere regalar el liderato. Y en un Mundial, quedar primero o segundo puede cambiar por completo el camino en las eliminatorias.
Un grupo al límite… y la mirada ya puesta en lo que viene
Mientras en Seattle el partido se convierte en un examen de nervios y en Vancouver se decide quién manda en el grupo, el Mundial ya prepara su siguiente acto: el cierre del Grupo C.
Escocia llega con la opción de sellar su pase con un punto o de firmar una gesta ante Brasil. Un empate la dejaría prácticamente dentro como una de las mejores terceras. Una victoria, siempre que Marruecos supere a Haití, la lanzaría al segundo puesto por delante del equipo de Carlo Ancelotti.
Brasil, por su parte, apenas contempla un resultado: ganar. Solo así tendrá opciones reales de acabar primera, con el foco puesto también en la gran incógnita: el estado físico de Neymar.
Pero esa es otra batalla.
Esta noche, el ruido viene de Seattle y Vancouver. Bosnia & Herzegovina intenta transformar un estadio estadounidense en un pequeño Sarajevo para alargar su sueño. Qatar se aferra a su capitán y a un gol salvador para no despedirse todavía. Suiza y Canadá, mientras tanto, juegan con la tranquilidad relativa de quien sabe que ya tiene un pie en la siguiente ronda, pero con la ambición de quienes entienden que el primer puesto no es un detalle, sino una declaración.
En un Mundial que no espera a nadie, la pregunta es sencilla: ¿quién llegará a mañana con algo más que un recuerdo de lo que pudo ser?






