Neil Reynolds pide calma tras la goleada del Warrington Rylands
Ni el marcador ni el golpe anímico cambian el discurso de Neil Reynolds. Después de encajar un 0-5 en casa ante Redcar Athletic, la derrota más abultada desde que Warrington Rylands subió a la Northern Premier League, el técnico se niega a encender las alarmas.
Su mensaje es claro: fue un día nefasto, pero no el principio del fin.
Un “día horrendo” que ya han vivido
El contexto no ayuda. Rylands ha perdido tres de sus cinco primeros partidos de la temporada y el sábado, ante su afición, se desplomó. Aun así, Reynolds tiró de memoria para rebajar la histeria.
Recordó otro golpe: una visita a Prescot la pasada campaña, un 3-0 que dolió tanto como este 0-5. Aquel día, el vestuario se quedó dentro mucho tiempo, con “palabras abiertas y honestas”, como él mismo explicó al canal de YouTube del club. De ese punto bajo nació una reacción descomunal: una racha increíble que dejó al equipo a un solo penalti del ascenso.
Reynolds ve el mismo punto de inflexión posible ahora.
Sin señalados en el vestuario
El entrenador, que volvía al banquillo tras cumplir una sanción de cuatro partidos sin pisar la zona técnica, defendió con firmeza a su plantilla.
“No hay nadie en mi vestuario que tenga que preocuparse por ser reemplazado o por que yo le señale”, insistió. Para él, lo del sábado fue, simplemente, “un horrendo mal día en la oficina”, compartido por todos: cuerpo técnico y jugadores.
El mensaje interno fue directo: no se puede cambiar lo que ya ha pasado, pero sí la respuesta. Y en esa respuesta, Reynolds no quiere dudas ni miedo.
Del 1-0 al hundimiento
Lo más frustrante para Rylands es que el partido no se descontroló desde el inicio. Al descanso, el marcador solo reflejaba un 0-1 en contra y el encuentro seguía abierto. Todo se desmoronó tras el paso por vestuarios.
A mitad de la segunda parte, el equipo ya había encajado tres goles más. Redcar Athletic, superior y clínico, remató la faena con un quinto tanto en el tramo final. El 0-5 dejó helado al público y con una sensación amarga al técnico.
“Por cómo estábamos al descanso, no debería haber acabado con ese resultado”, lamentó Reynolds. A su juicio, las indicaciones dadas en el entretiempo “no se retuvieron” sobre el césped. El rival, en cambio, sí ejecutó su plan con precisión: “Nos ha ganado un equipo excepcional que ha venido aquí y ha hecho su trabajo”.
Tres días largos hasta Workington
El calendario no concede demasiado margen, pero sí una oportunidad inmediata de reacción. El martes espera Workington y, después, Alfreton. Para Reynolds, ahí se medirá de verdad el carácter de los suyos.
“Si respondemos de forma positiva –y eso significa dar una actuación en Workington el martes por la noche y luego construir sobre ella contra Alfreton– miraremos atrás y sabremos lo que se siente al estar tan abajo”, explicó.
La exigencia es alta, el golpe ha sido duro y los próximos tres días se le harán “largos” al entrenador. Pero su postura no se mueve un milímetro.
Es un resultado doloroso, sí. Un aviso, también. Pánico, ninguno.






