Cómo un Mundial taquillero se tornó en furia y farsa, dejando a la FIFA con un gran dilema
Cuando Lionel Messi fue alzado por sus compañeros tras la victoria sobre Egipto, y los jugadores egipcios quedaron abatidos en el suelo, la escena parecía sacada de una película. O, como se dice aquí, un espectáculo de primera hora para la televisión. Este Mundial ha sido una verdadera taquilla. Cualquier director hubiera disfrutado cada instante, incluso con la singular banda sonora que pusieron los aficionados argentinos.
Messi y su entrenador, Lionel Scaloni, no pudieron contener las lágrimas tras el partido de octavos. “No puedo mirarte”, dijo Scaloni entre emociones. “Lo siento, estoy muy emocionado, qué grupo de jugadores, hermano, eso es todo… No puedo”. Para Messi, esta remontada frente a Egipto podría haber sido su último partido mundialista, mientras que Scaloni defendía su título como técnico campeón del mundo.
El torneo y su intensidad emocional
No es la primera vez que Argentina se muestra como el equipo más intenso en un Mundial, pero ahora esa emoción parece contagiarse a todos. Inglaterra, por ejemplo, vivió un triunfo cargado de sentimientos ante México, reflejando el espíritu general del torneo. No existe equipo que haya avanzado sin atravesar algún tipo de caos, lejos de la calma que mostraron equipos como Alemania Occidental en 1990 o Brasil en 2002.
Curiosamente, el duelo entre Colombia y Suiza destacó por su tranquilidad, pareciendo casi un partido de hace dos décadas. En Alemania 2006, los octavos dejaron apenas 15 goles, cifra baja para este milenio, en comparación con los 23 de ahora.
El fútbol liberado de las ataduras tácticas
Los jugadores llegan más libres de las restricciones tácticas habituales en sus clubes, impulsados por la gloria única que representa esta competencia. Cada partido refleja la magnitud emocional nacional que debería tener el torneo, con un juego abierto que encaja con esa intensidad.
Estamos tal vez ante una era dorada del fútbol en cuanto a espectáculo se refiere. Muchos partidos recientes han alcanzado niveles épicos, como México vs. Inglaterra o el mismo Argentina-Egipto.
Las sombras tras el drama
Pero no todo ha sido alegría. El caso de Folarin Balogun ha generado desagrado, aunque el jugador no tuvo relación directa con las polémicas externas. El entrenador de Egipto, Hossam Hassan, expresó sin reservas su enfado tras la derrota: “Sufrimos una injusticia. Todo es por dinero, quieren que Messi siga en el torneo. En el fútbol pasa mucho fuera del campo por intereses. Lo ocurrido fue injusto. Egipto merecía clasificar. Nosotros fuimos el mejor equipo”.
Hassan incluso anunció que no verá otro partido en esta Copa del Mundo. No es el único con esas sospechas, especialmente después de decisiones arbitrales dudosas como la anulación de un gol de Mostafa Ziko, que parecía contraria al espíritu general del arbitraje ligero que predominó en el torneo, salvo en ese encuentro con Argentina.
La crisis de legitimidad de la FIFA
La realidad probablemente sea que simplemente existen inconsistencias normales en las decisiones arbitrales, vistas desde diferentes perspectivas culturales y reglas nacionales. Lo que complica la situación es el escándalo relacionado con Donald Trump, que ha cambiado la forma en que muchos perciben estos eventos.
Gianni Infantino, presidente de la FIFA, debería estar preocupado. Si el asunto Trump ocurrió, ¿qué otras cosas podrían pasar? Las decisiones controvertidas, especialmente a favor de figuras importantes, están siendo vistas con sospecha, como si el torneo fuera un guion preparado.
No se afirma que esto sea cierto, sería absurdo, pero la cantidad de personas que lo piensa crece y no puede ser ignorada. La Premier League ha enfrentado problemas similares con acusaciones de corrupción, que coinciden con el auge de la 'ley de guerra' deportiva.
El límite de la integridad deportiva está en peligro. La FIFA enfrenta ahora una crisis de legitimidad, aún cuando el fútbol y la emoción que ha brindado el torneo se han sentido genuinos y llenos de autenticidad.
El Mundial condicionado por factores económicos
Hay una ironía grande en que el torneo esté condicionado financieramente, si no "arreglado" en otro sentido. Entre los ocho cuartofinalistas, seis son selecciones europeas ricas: Francia, España, Inglaterra, Suiza, Bélgica y Noruega.
En Estados Unidos, donde se debate el modelo "paga para jugar" debido a las altas cuotas para niños, resulta irónico que estas naciones europeas maximicen su riqueza mediante la industrialización de la formación técnica, algo en lo que EE.UU. no ha logrado avanzar.
Marruecos surge como una nueva potencia, gracias a un proyecto estatal ambicioso parecido al de Viktor Orbán en Hungría.
La FIFA redistribuye recursos del fútbol global, bajo una campaña liderada por Arsène Wenger para elevar estándares mundiales, aunque también usa esta política para fines políticos, lo que genera conflictos.
Todo esto parece sacado de una sátira política clásica, lo que hace que este Mundial sea aún más cinematográfico.






