Mundial 2023: El Calor Extremo y sus Riesgos
El Mundial se juega al límite del termómetro. Y, en varios casos, por encima de lo que el propio sindicato de futbolistas considera aceptable para la salud de los jugadores.
Según un análisis de datos de temperatura y humedad de las primeras 24 citas del torneo —el debut de cada selección en esta Copa del Mundo repartida entre Estados Unidos, México y Canadá— dos partidos se disputaron con un nivel de calor que, de acuerdo con las recomendaciones de Fifpro, debería haber supuesto retraso o aplazamiento. Otros cuatro encuentros se jugaron en ciudades donde el calor también superó ese umbral, aunque dentro de estadios refrigerados por aire acondicionado.
Partidos al borde del límite
El duelo más extremo fue el Arabia Saudí–Uruguay en Miami. Incluso con horario nocturno, el choque se disputó con temperaturas de bulbo húmedo de 28 ºC o más. En esa misma franja se movió el Suecia–Túnez en Monterrey, el segundo encuentro más severo entre los que se jugaron en recintos sin climatización.
La cifra no es un detalle técnico. Fifpro lleva tiempo defendiendo que, a partir de 28 ºC de bulbo húmedo, un partido debería retrasarse o suspenderse. Preguntado por el análisis, el sindicato evitó pronunciarse sobre la situación concreta de este Mundial, que se perfila como el más caluroso desde que el torneo se disputa cada cuatro años, desde 1930.
En total, seis de los primeros 24 encuentros se celebraron en lugares donde el bulbo húmedo alcanzó al menos esos 28 ºC: Alemania–Curazao en Houston, Arabia Saudí–Uruguay en Miami, Portugal–RD Congo también en Houston, Países Bajos–Japón en Dallas y el Inglaterra–Croacia, igualmente en Dallas. El estadio de Houston, como el de Dallas, cuenta con aire acondicionado, lo que rebajó la sensación térmica sobre el césped, pero no el dato de partida en el exterior.
El ejemplo más gráfico llegó en Dallas: Inglaterra se midió a Croacia con el valor de bulbo húmedo más alto del torneo hasta la fecha, cerca de 35 ºC. La climatización del estadio logró bajar la temperatura interior hasta unos 22 ºC, mucho más soportable para los futbolistas, pero el contraste con el exterior evidenció el desafío que plantea este Mundial veraniego en Norteamérica.
Qué significa realmente ese 28 ºC
La temperatura de bulbo húmedo no es el dato que aparece en una aplicación del tiempo cualquiera. Es una medida de estrés térmico que combina temperatura del aire, humedad y nubosidad para estimar hasta qué punto el cuerpo humano puede enfriarse mediante el sudor. A partir de ciertos niveles, el sudor deja de evaporarse de forma eficaz. El cuerpo se recalienta rápido. El riesgo ya no es solo un bajón físico: puede derivar en enfermedad grave o incluso en muerte.
El análisis se elaboró a partir de datos meteorológicos de agencias gubernamentales de Estados Unidos y Reino Unido, aplicando una fórmula usada por autoridades de países como Australia y Canadá para calcular el bulbo húmedo.
El problema va más allá del césped. En varias sedes, los récords de temperatura han dejado a aficionados derritiéndose en gradas sin sombra, mientras los trabajadores de los estadios, obligados a jornadas largas y tareas físicas intensas, afrontan condiciones potencialmente peligrosas incluso antes de que se abran las puertas al público.
Fifa reacciona… a medias
Ante la perspectiva de un verano abrasador, Fifa ha movido algunas patadas iniciales a horarios más tardíos y ha introducido pausas de hidratación obligatorias. Un puñado de los 16 estadios del torneo tiene techo retráctil o sistemas de aire acondicionado que amortiguan el golpe del calor.
Las directrices actuales de Fifa marcan que deben producirse pausas de refrigeración cuando la temperatura alcance los 32 ºC, aunque en la práctica en este Mundial se han visto descansos para beber con valores más bajos. El retraso o suspensión de un partido queda a criterio de los organizadores de la competición.
En la víspera del torneo, un grupo de especialistas en calor y salud pública pidió en una carta abierta a Fifa que implantara medidas más ambiciosas de protección, citando precisamente la recomendación de Fifpro de considerar la cancelación de partidos a partir de los 28 ºC de bulbo húmedo.
Uno de los firmantes, Robbie Parks, epidemiólogo ambiental de la Universidad de Columbia, subrayó un matiz clave: las mediciones suelen tomarse a la sombra. Bajo el sol directo, el cuerpo puede estar soportando cifras muy superiores a las registradas. Según explicó, incluso temperaturas por encima de 23–25 ºC ya son motivo de preocupación para personas mayores expuestas durante unos minutos sin protección.
Parks admite que el aire acondicionado, los horarios más tardíos y las pausas de hidratación alivian la situación de los jugadores, pero alerta de que aficionados y trabajadores necesitan más: sombra, hidratación accesible y medidas de enfriamiento como sistemas de nebulización. Recordó, además, que la final se disputará en Nueva Jersey, en un estadio sin cubierta, un escenario que le inquieta, aunque confía en que, para entonces, Fifa haya aprendido de lo vivido en esta fase del torneo.
Un Mundial bajo la sombra de la crisis climática
El calor extremo es el riesgo más mortífero asociado al cambio climático, por encima de huracanes, inundaciones o incendios forestales. Y este Mundial no es ajeno al problema; lo alimenta. Según estimaciones de la plataforma de contabilidad de carbono Greenly, la organización de más de cien partidos generará alrededor de 7,8 millones de toneladas de gases de efecto invernadero, el doble que el torneo anterior en Qatar.
Desde la organización, el mensaje oficial es de tranquilidad. Un portavoz de Fifa asegura que el organismo está “comprometido con proteger la salud y la seguridad de todos los jugadores, árbitros, aficionados, voluntarios y personal” durante el campeonato. Para ello, ha desplegado meteorólogos en las sedes con el objetivo de anticipar episodios de calor extremo y coordinarse con autoridades locales y responsables de los estadios.
Antes del inicio de la competición, Fifa aprobó un “modelo escalonado de mitigación” frente a temperaturas extremas, con diferentes intervenciones según se alcancen determinados umbrales. Para los futbolistas, además de las pausas de hidratación, hay acceso constante a agua y bebidas con electrolitos, así como herramientas de enfriamiento: hielo, toallas frías, ventiladores, nebulizadores y zonas de sombra.
En las gradas, los protocolos prevén activar capacidad extra de refrigeración cuando sube el mercurio: más áreas sombreadas, sistemas de niebla, autobuses climatizados y refuerzo de la distribución de agua. También se ha introducido un protocolo médico específico para tratar golpes de calor, que incluye el uso de bolsas de enfriamiento por primera vez en un Mundial.
Fifa asegura que seguirá monitorizando las condiciones en tiempo real, integrando mediciones de bulbo húmedo y de índice de calor, y que está preparada para aplicar protocolos de contingencia si la meteorología se desboca.
Mientras tanto, el torneo avanza entre goles, polémicas y un enemigo silencioso que no entiende de banderas ni himnos. El verdadero desafío será comprobar si el fútbol de élite puede seguir ignorando el termómetro cuando el clima ya ha dejado claro que no piensa bajar el ritmo.






