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Mohamed Salah acepta mudarse a Arabia Saudí: tres condiciones clave

Mohamed Salah da el “sí” a Arabia Saudí: tres condiciones y una guerra abierta con Carragher

La salida de Mohamed Salah de Anfield ya no tiene marcha atrás. El ídolo egipcio, que se despedirá de Liverpool un año antes de que expirara su contrato de 400.000 libras semanales, ha dado luz verde a un traspaso a Arabia Saudí. Pero no a cualquier precio. Ni en cualquier club.

Según informaciones firmes desde el medio saudí Marebpress, Salah ha “aprobado” la idea de mudarse a la Saudi Pro League, aunque ha puesto tres condiciones claras sobre la mesa. Solo si se cumplen, habrá nuevo capítulo en su carrera en Oriente Medio.

El duelo más duro de Salah: fuera del campo

La última temporada de Salah en Liverpool ha sido una tormenta. En lo deportivo y en lo personal. El equipo, golpeado también por la trágica muerte de su compañero Diogo Jota, firmó una campaña muy pobre, hasta el punto de acabar apenas quinto en la tabla, muy lejos de las expectativas y con un fútbol que terminó costándole el puesto a Arne Slot.

En ese contexto, la relación entre Salah y el técnico neerlandés se fue resquebrajando. Las discrepancias entre ambos han sido un factor clave en la decisión del delantero de cerrar su etapa en Merseyside. Dejan Lovren, uno de sus grandes amigos en el fútbol y excompañero en el vestuario red, ha llegado a asegurar que, si Slot hubiera sido despedido antes, el egipcio no habría decidido irse este verano.

Pero esa hipótesis ya no importa. Club y jugador han cerrado un ciclo de nueve años y el horizonte de Salah apunta ahora a un destino que lleva meses persiguiéndole: Arabia Saudí.

Arabia le tienta… pero Salah marca el terreno

El interés saudí no es nuevo. Desde hace meses, varios clubes de la Saudi Pro League le han situado como objetivo prioritario. Ahora, según Marebpress, Salah ya ha recibido una propuesta formal para unirse a uno de esos equipos. El problema: el paquete económico no alcanza la oferta que tuvo sobre la mesa antes de renovar con Liverpool.

La operación, según filtraciones previas, no se limitaría a un salario astronómico. El plan saudí pasa por convertirle en uno de los deportistas mejor pagados del planeta y, además, en embajador para la promoción del fútbol en el país.

Ahí entran en juego las tres exigencias de Salah:

  • Salario y beneficios a su altura. El egipcio reclama un sueldo anual y unas ventajas financieras acordes a su estatus y a su enorme valor de mercado. No acepta rebajas respecto a lo que se le prometió en el pasado.
  • Contrato de estabilidad. Pide un vínculo de dos o tres temporadas, no un acuerdo corto. Quiere seguridad en la que probablemente será la última gran etapa de su carrera.
  • Un proyecto ganador. No le vale cualquier escudo ni un simple escaparate económico. Exige un club con un proyecto deportivo capaz de competir por grandes títulos y no limitarse a “participar”.

Solo si las tres piezas encajan, Salah cambiará definitivamente Anfield por el desierto saudí.

Lovren dispara contra Carragher

Mientras Salah diseña su futuro, el pasado reciente en Liverpool sigue generando ruido. Su adiós divide a la grada. Muchos habrían preferido verle cumplir su contrato hasta 2027. La directiva, en cambio, ya se mueve para encontrar relevo —con Yan Diomande señalado como objetivo número uno—, pero el terremoto emocional no ha terminado.

Dejan Lovren ha encendido todavía más el ambiente. El croata, íntimo amigo de Salah, ha cargado con dureza contra Jamie Carragher por sus críticas al delantero.

En declaraciones a Winwin, Lovren no se mordió la lengua:

«La forma en que lo trataron esta temporada no es dura. Es asquerosa. ¿Por qué no hablaron de él así durante los últimos ocho o nueve años? Dime… Vale, una temporada mala, y otra vez es el objetivo. Hay muchos otros problemas».

El excentral fue más allá al señalar a ciertos analistas:

«Lo critican muy duramente. Algunos lo hacen solo para atraer atención, quizá porque no han tenido éxito en otras áreas de sus vidas, así que ahora necesitan rendir bien… especialmente Carragher, dice lo que quiere. Siempre dije que debería decírselo a la cara, decirle todo esto a Mo a la cara».

Lovren aseguró que eso nunca ocurrirá:

«Nunca lo hará. Porque sé que nunca lo hará, como nunca me lo dijo a mí. También habló mal de mí, pero nunca me lo dijo. Solo actúa en la televisión y le pagan por ello, así que necesita actuar de esa manera».

El dedo acusador apunta a Slot

En la visión de Lovren, la responsabilidad de la marcha de Salah no recae en la cúpula del club, sino en una persona concreta: el entrenador.

«No creo que sea la directiva (quien empujó a Salah a irse). Creo que es solo una persona, y creo que es solo el entrenador. No tenían una buena relación. Así de simple», afirmó.

El croata trazó un claro contraste con la etapa de Jürgen Klopp:

«Con Klopp tenía una muy buena relación. No siempre fue perfecta, pero se conocían muy bien, confiaban el uno en el otro, se gustaban, y Mo lo dio todo en el campo por Klopp, y Klopp le dio esa confianza. Pero (con Slot) fue lo contrario. Es así de simple, y todo el mundo lo sabe, porque si miras las últimas ocho o nueve temporadas, lo hizo realmente bien».

Para Lovren, el problema no fue solo el banquillo. También faltó respaldo dentro del vestuario.

«Hay otros jugadores que también deberían asumir responsabilidad y decir: “sí, esto es culpa mía”, pero algunos nunca dieron un paso al frente», lamentó. «Hubo mala gestión; internamente no lo manejaron bien. No lo manejaron bien. Incluso si tienes problemas, tienes que hablarlo en el vestuario, y como dije, Mo nunca sintió ese apoyo. Siempre era portada: “Ah, es Mohamed Salah, no te sorprendas”. Es un problema muy profundo».

Un adiós envenenado y un futuro millonario

Liverpool se prepara para vivir sin su gran icono reciente mientras diseña un nuevo frente de ataque. Salah, por su parte, mide cada paso antes de comprometerse con un proyecto que le ofrezca dinero, peso institucional y opciones reales de seguir levantando títulos.

Su etapa en Anfield termina entre reproches, acusaciones cruzadas y la sensación de que algo se rompió mucho antes del anuncio oficial. Ahora la pregunta ya no es si se irá, sino a qué escudo saudí estará dispuesto a ligar su nombre y su legado.