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Messi y su emotivo adiós en East Rutherford: lágrimas y orgullo

Lionel Messi se quedó solo unos segundos, de pie, en medio del césped del estadio de East Rutherford, en New Jersey. El resto del mundo ya miraba a España, campeona del mundo. Él miraba al suelo. Ojos rojos, lágrimas incontenibles, una medalla de plata que pesaba más que cualquier trofeo de oro que haya levantado en su carrera.

Puede haber sido su último partido en un Mundial. Nadie lo sabe. Él tampoco lo dijo. Pero el gesto lo delató.

Argentina cayó 1-0 ante España en la final del Mundial 2026 en Norteamérica, y el sueño de un bicampeonato se esfumó sin que la selección lograra siquiera rematar al arco.

Para Messi, que cumplió 39 años durante el torneo, la derrota tuvo un sabor doble: el del título perdido y el de un ciclo que parece llegar al borde del abismo.

Un mensaje entre la herida y el orgullo

El lunes por la noche, ya lejos del ruido del estadio, Messi habló. Lo hizo donde mejor se siente cuando no está dentro de una cancha: en sus redes. En Instagram, acompañó una foto con la medalla de plata con un texto que destilaba dolor, pero también una serenidad ganada a fuerza de finales.

«El dolor es inmenso, y esta herida va a tardar en sanar», escribió en español, fiel a sus raíces. No hizo falta más para entender el golpe.

Pero no se quedó en la tristeza. De inmediato giró hacia el otro lado de la historia, ese que no entra en las estadísticas pero marca a fuego a un grupo.

Recordó «los partidos que dimos vuelta dejándolo todo», esas noches en las que Argentina, otra vez, se sintió equipo grande, capaz de reaccionar contra la adversidad. Habló de «momentos que van a quedar para siempre en la memoria» y del apoyo de «todo un país» que, mezclado con el trabajo y el esfuerzo de este plantel, volvió a poner a la selección «entre la élite mundial».

Tenía razón en un punto clave: «Es difícil valorar lo que conseguimos ahora mismo, pero este grupo llegó a dos finales de Mundial consecutivas». Y eso, en la historia del fútbol, no se regala.

De Qatar a Norteamérica: dos finales, dos mundos

En 2022, en Qatar, la historia había sido perfecta. Argentina derrotó a Francia en los penales tras un 3-3 inolvidable, y Messi levantó el trofeo que le faltaba. El Mundial que cerraba debates, que acomodaba para siempre su nombre en la conversación definitiva.

Cuatro años después, el guion cambió de tono. Argentina volvió a estar entre los mejores. Superó a Inglaterra en una semifinal dramática, a la altura de la camiseta y de las expectativas. Pero se estrelló contra una España implacable, con una defensa que no le permitió ni una sola situación clara. Ni un tiro al arco. Un dato brutal para entender el partido.

La imagen final del capitán, derrotado pero entero, fue el contraste perfecto con la euforia de Qatar. La gloria ya la conocía. Esta vez tocó convivir con la ausencia del premio.

Messi, que tendría 43 años en el Mundial 2030, programado para disputarse en España, Portugal y Marruecos, evitó pronunciar la palabra «retiro». No dijo adiós. No dijo “hasta luego”. Dejó la puerta entreabierta, como tantas otras veces. El cuerpo, el calendario y la cabeza dirán.

Récords, goles y una sombra llamada Mbappé

Ni siquiera esta despedida amarga llegó sin marcas históricas. Durante el torneo, Messi rompió el récord de Miroslav Klose y se convirtió en el máximo goleador histórico de los Mundiales, al alcanzar los 21 tantos. Un número descomunal.

Pero la cima le duró poco. Kylian Mbappé lo alcanzó y lo superó, cerrando el Mundial con 22 goles totales. El francés también le arrebató la Bota de Oro de esta edición: 10 goles contra los 8 del argentino.

Esta vez, las estadísticas le jugaron en contra. Sin embargo, el peso simbólico de lo que hizo en cinco Mundiales va más allá de una tabla de máximos artilleros. Lo sabe él, lo sabe el vestuario, lo sabe el fútbol.

Un país unido, otra vez, detrás de su número 10

Entre la bronca y el agradecimiento, Messi se detuvo en un punto que se repite como un mantra cada vez que viste la camiseta albiceleste: el vínculo con la gente.

«Gracias de corazón por cada saludo y mensaje», escribió. Y remató con una idea que define su etapa final en la selección: «Una vez más, conseguimos unirnos como país y estar todos juntos, compartiendo el inmenso orgullo de ser argentinos».

También tuvo la grandeza que lo ha acompañado en las victorias y en las derrotas: felicitó a España por el título mundial. Sin excusas, sin polémicas, sin desviar la mirada.

El cuerpo pide pausa

Mientras el planeta del fútbol todavía digiere lo que puede haber sido la última función mundialista de Messi, la agenda inmediata ya se mueve. Según informó ESPN, Messi y su compañero de selección y de club Rodrigo De Paul no disputarán los próximos dos partidos de temporada regular con Inter Miami, ni estarán en el MLS All-Star Game.

Necesitan descanso. Físico, mental, emocional. No es un detalle menor después de un torneo largo, exigente y cargado de simbolismo para el capitán argentino.

La herida, como él mismo escribió, tardará en cerrar. La pregunta que queda flotando es otra: cuando cicatrice, ¿volverá a ponerse la camiseta de la selección en un Mundial, o East Rutherford habrá sido, en silencio, el telón definitivo de la era Messi en la Copa del Mundo?