Mbappé lleva a Francia a cuartos contra Marruecos
Durante 70 minutos, el calor abrasador de Filadelfia y el plan áspero de Paraguay apagaron a Francia. El partido se jugó a 38 grados, con bochorno, roces constantes y un rival decidido a ensuciar cada jugada. Pero cuando el duelo empezaba a oler a prórroga, Kylian Mbappé volvió a aparecer donde más duele.
Un penalti del capitán francés dio el 1-0 en los octavos de final del World Cup y abrió la puerta a un cruce de cuartos contra Marruecos en Foxborough. No fue una exhibición de los campeones del mundo de 2018. Fue un ejercicio de insistencia, de paciencia y de jerarquía.
Un partido trabado bajo el sol
Ante 68.324 espectadores en el Lincoln Financial Field, el guion quedó claro desde el inicio. Francia con la pelota. Paraguay, 41ª del ranking mundial, replegada con una línea de cinco atrás, bloque bajo y una colección de faltas tácticas que cortaban cualquier atisbo de ritmo.
Les Bleus monopolizaron la posesión, pero apenas encontraban grietas. Los primeros avisos llegaron desde lejos: Manu Koné rozó el gol con un disparo desviado por poco en la primera parte y obligó a Orlando Gill a estirarse tras el descanso. Nada de paredes limpias, nada de carreras al espacio. Solo disparos lejanos y centros sin remate.
Paraguay, que venía de eliminar a Alemania en los penaltis, aceptó el papel de villano. Entradas al límite, protestas constantes, pequeñas provocaciones. Y Francia cayó en la trampa por momentos.
Mbappé, acostumbrado a decidir con el balón, se vio atrapado en la batalla emocional. Se enganchó en un forcejeo con Andrés Cubas, hubo empujones, miradas desafiantes. Poco después, Matías Galarza soltó una patadita sin balón al capitán francés. El árbitro uzbeko mantuvo el control, pero el ambiente ya estaba caldeado mucho antes de cualquier tormenta anunciada en los partes meteorológicos.
Deschamps mueve el banquillo y cambia el aire
El plan inicial de Didier Deschamps, con Michael Olise y Ousmane Dembélé por fuera y Bradley Barcola acompañando, no terminaba de romper el candado. Francia tenía casi todo el balón, pero Paraguay ni siquiera necesitaba atacar: no probó a Mike Maignan hasta el minuto 90.
Deschamps entendió que hacía falta algo distinto. Justo pasada la hora de juego, retiró a Barcola y lanzó al campo a Désiré Doué, ubicándolo en la banda izquierda. La respuesta fue inmediata.
Doué encaró, se atrevió, agitó un partido que pedía alguien capaz de regatear en espacios mínimos. En una de esas arrancadas, se coló entre un bosque de piernas paraguayas y cayó tras el contacto de Diego Gómez. El árbitro revisó la acción y no hubo debate: penalti claro.
Dembélé se plantó sobre el punto de penalti para protegerlo mientras varios jugadores de Paraguay intentaban destrozarlo con las botas. Viejos trucos, viejas guerras. Esta vez, inútiles.
Mbappé tomó aire, dio unos pasos y ejecutó con frialdad. Gol al minuto 70. Francia, al fin, por delante.
Mbappé, cifras de leyenda en un Mundial abrasador
El tanto no solo rompió la resistencia paraguaya. También alargó la historia personal de Mbappé en el World Cup. El delantero de Real Madrid alcanzó los siete goles en el torneo, igualando a Lionel Messi como máximo artillero de la competición.
Sus números globales impresionan aún más: 19 goles en 19 partidos de World Cup, a solo uno del récord absoluto de Messi, que se sitúa en 20. Una cadencia de leyenda, construida a base de noches como esta, en las que no brilla el juego colectivo pero sí la certeza de que, tarde o temprano, su capitán encontrará la forma.
Francia no bordó el fútbol. No hubo goleada, ni festival ofensivo como en otros encuentros del torneo. Sin embargo, incluso en su versión más espesa, generó lo suficiente para ganar y rozó el 2-0 en el descuento, de nuevo con Mbappé como protagonista.
Paraguay, que no había tirado entre los tres palos hasta el minuto 90, terminó el partido con la sensación de haber llevado su plan al límite. Su resistencia, esta vez, no llegó a los penaltis. Cayó precisamente desde los once metros.
De Filadelfia a Foxborough, con un viejo recuerdo
La tarde en Filadelfia tuvo un aire simbólico. Sin tormentas como en la fase de grupos ante Iraq, cuando la lluvia y los truenos provocaron dos horas de retraso, el duelo se disputó en la fecha del 250º aniversario de la independencia de Estados Unidos, en la ciudad donde se firmó la Declaración en 1776.
Antes del saque inicial, el estadio se vistió de espectáculo: concierto sobre el césped, interpretación del himno estadounidense a cargo de la actriz Idina Menzel, actuación de The Roots y un sobrevuelo de la Fuerza Aérea. Fuegos artificiales prometidos para la noche. Los esperados fuegos artificiales futbolísticos, sin embargo, tardaron en llegar. Paraguay los contuvo durante buena parte del encuentro.
No es la primera vez que Francia sufre ante este rival en un cruce mundialista. En 1998, también en octavos, necesitó un gol de oro para derribar a Paraguay. Aquel camino terminó con la primera estrella en el pecho. Esta vez no hubo gol de oro, sino penalti. El desenlace, dentro de unas semanas, dirá si la historia vuelve a rimar.
Ahora, la selección de Deschamps regresa a su base en Boston para preparar el duelo de cuartos del próximo jueves en Foxborough frente a una Marruecos lanzada, que viene de un 3-0 a Canadá. El calor no dará tregua, la exigencia tampoco.
Francia ya ha dado otro paso. No fue brillante. Fue contundente. Y con Mbappé en este estado, ¿quién se atreve a apostar en su contra?






