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Marc Kosicke: El Asistente Clave de Jürgen Klopp en la DFB

Jürgen Klopp ya no llega solo a la DFB. Llega con su sombra de siempre. Con su estratega silencioso. Con Marc Kosicke.

En su presentación oficial, el nuevo seleccionador alemán fue claro: Kosicke será “mi entrenador asistente para estrategia, desarrollo e innovación”. No es un título decorativo. Es la formalización de una relación que lleva casi dos décadas marcando el rumbo de los banquillos por los que ha pasado Klopp.

Para dar este paso, Kosicke ha tenido que vaciar la mochila. Ha dejado el cargo de director gerente de su empresa, Projekt Five, y ha puesto fin a su trabajo de asesoría para otros entrenadores. Toda su energía, ahora, pasa por la selección alemana y por el proyecto que encabeza Klopp. El DFB no solo ficha a un técnico; incorpora un modelo de trabajo completo.

Klopp lo expresó con la crudeza habitual: no basta con cambiar al seleccionador. “No es suficiente que solo llegue un seleccionador”, advirtió. “Tenemos que cambiar muchísimas cosas. Queremos darle la vuelta a cada piedra”. Ahí entra Kosicke. En las piedras que nadie mira. En los detalles que suelen explicar por qué un proyecto despega o se queda a medio camino.

El “inventor” del asesor de entrenadores

En el fútbol alemán, el nombre de Marc Kosicke suena desde hace años en los despachos más influyentes. Se le considera el “inventor” de la figura del asesor de entrenadores, ese intermediario que no solo negocia contratos, sino que acompaña, diseña carreras y, sobre todo, construye contextos.

Hasta 2021 trabajó junto a Julian Nagelsmann, otro de los técnicos de referencia de la nueva generación alemana. Antes, ya se había consolidado como la mano derecha de Klopp. Bremenés de nacimiento y declarado aficionado del Werder, su trayectoria tiene un matiz casi paradójico: un hincha de Werder Bremen que ayudó a definir la identidad moderna del Bayern Munich.

Porque Kosicke no solo se ha movido en la zona gris entre banquillos y despachos. También ha dejado una huella profunda en la construcción de marca de uno de los gigantes del fútbol europeo. Suya fue la idea de convertir “Mia san mia” en el lema oficial del Bayern.

El día que un werderano dio forma al lema del Bayern

La historia, que él mismo contó en 2023 en una entrevista con SPOX y GOAL, tiene algo de casualidad y mucho de intuición. Año 2008. Vuelo hacia un evento de la FIFA en Suiza. A su lado, su entonces socio empresarial, Oliver Bierhoff. Unos asientos más allá, Uli Hoeneß.

En pleno trayecto, Hoeneß se quejaba de sus propios jugadores. Lamentaba que nadie supiera realmente qué representaba el Bayern Munich. No había un relato claro, una definición sencilla de identidad. Kosicke le lanzó entonces una pregunta directa: ¿qué cree usted que representa el Bayern? Hoeneß no tuvo una respuesta nítida.

Ahí se abrió una puerta.

Kosicke le explicó que había trabajado durante años para Nike y Adidas, compañías que cuentan con auténticas “biblias corporativas” en las que se fijan valores y mensajes clave para todos los empleados. Hoeneß no tardó en reaccionar: le pidió que elaborara algo similar para el Bayern.

Kosicke aceptó “con un 100 por cien de desconocimiento pero con mucha autoconfianza”, como él mismo describió después, entre risas. Hoeneß le puso una condición: quería verle solo a él, no a “una troupe de corbatas tipo Roland Berger”. Nada de grandes consultoras. Un trabajo de dentro hacia dentro.

Se formó entonces un grupo de trabajo heterogéneo. Gente del club de verdad: personal de la tienda de fans, responsables de marketing, el utillero, el coordinador de la cantera, Stefan Mennerich del departamento de medios, el jefe de ojeadores Wolfgang Dremmler. Durante cuatro semanas, todos juntos, diseccionaron qué valores debían definir al Bayern Munich.

“Mia san mia” ya estaba en su cabeza

El resultado final se conoce en todo el mundo. El lema “Mia san mia” se convirtió en seña de identidad global del club. Pero para Kosicke, esa frase estaba decidida desde el principio. Confesó que ya la tenía en mente en aquel avión con Hoeneß. No la mencionó entonces por pura estrategia: si la disparaba demasiado pronto, se quedaba sin munición.

El trabajo del grupo no fue encontrar el eslogan, sino construir los valores que lo sostuvieran. De ese proceso salieron 16 mandamientos internos. Frases sencillas, pero contundentes. “Somos una familia y nos apoyamos mutuamente”. “No hablamos los unos de los otros en público”. Principios que, más allá del marketing, definen comportamientos.

Para la presentación ante la junta directiva, Kosicke cuidó hasta el último detalle. Mandó encuadernar unos ejemplares prototipo de esa “biblia” en auténtica piel de lederhosen. Cuando descubrió el título, la reacción fue inmediata: entusiasmo general. Hoeneß bromeó: “Gran eslogan, pero esa MIR es una estación espacial”. En la portada no ponía “Mia san mia”, sino “Mir san mir”. Un pequeño desliz de un bremener no del todo fluido en bávaro. Se corrigió eso, y el resto ya es historia.

De la biblia del Bayern al laboratorio de la selección

El encargo no se quedó en un libro bonito. Junto a la biblia de valores, Kosicke diseñó una hoja de ruta para que el club pudiera aplicar ese marco en su día a día. Con eso, su trabajo en el Bayern terminó. Al emitir la factura, cedió sus derechos sobre el lema y lanzó una promesa muy clara: “No se preocupen, como alguien de Bremen y asesor de Jürgen Klopp, no voy a presentarme como el gran inventor de Mia san mia”.

El plan era que cada nueva incorporación al Bayern —desde un empleado de oficina hasta un juvenil de Fürstenfeldbruck o un fichaje de élite como Sadio Mané— recibiera esa biblia como parte del proceso de integración. Un mensaje directo: “Esto somos, estos son los valores que vivimos”.

Ese es, en esencia, el tipo de trabajo que ahora aterriza en la selección alemana. No se trata solo de pizarras y esquemas tácticos. Es construcción de cultura, definición de identidad, alineación de un ecosistema entero alrededor de una idea.

Klopp quiere “dar la vuelta a cada piedra”. A su lado, Kosicke ya ha demostrado que sabe convertir una frase en un credo y un credo en una estructura. La pregunta es evidente: ¿hasta dónde puede llegar una selección cuando no solo cambia de entrenador, sino de manera de entenderse a sí misma?