Mainoo y la historia del fútbol inglés: ¿el próximo héroe inesperado?
Hace sesenta años, Inglaterra descubrió que las grandes historias del fútbol casi nunca siguen el guion previsto. En Wembley, con un país entero conteniendo la respiración, el héroe no fue el delantero intocable, el genio consagrado. Fue el suplente. Fue Geoff Hurst.
Aquel día ante Alemania Occidental, en la final del Mundial de 1966, Hurst empezó el partido como el hombre que había aprovechado la desgracia ajena. Jimmy Greaves, el goleador de moda, el ídolo de una generación, se quedó fuera por lesión. La puerta se abrió y Hurst la atravesó sin mirar atrás: hat-trick histórico, título mundial y un lugar reservado para siempre en la memoria colectiva del fútbol inglés.
La escena es tan poderosa que sigue marcando el relato del presente. Ninguna selección inglesa ha vuelto a levantar un Mundial desde entonces. Ningún delantero ha repetido la gesta de Hurst. Y, sin embargo, su figura continúa flotando sobre cada gran torneo: el recordatorio perfecto de que los héroes inesperados existen.
En ese espejo se mira hoy Kobbie Mainoo.
El peso de la historia y la oportunidad de Mainoo
Preguntado por el joven centrocampista y por la sensación de que Inglaterra ha echado de menos más control en la medular, Michael Owen no duda. El exdelantero de los Three Lions, ahora embajador en el Reino Unido de Casino.org, ve en Mainoo algo más que un proyecto de futbolista.
“Un poco sí”, admite cuando le plantean si se compadece del jugador por la falta de protagonismo. “Creo que definitivamente tiene la capacidad para desempeñar un papel en el Mundial. Y quién sabe. Las cosas cambian, aparecen héroes improbables”.
Owen recurre entonces al ejemplo que lo explica todo en Inglaterra: 1966. “Nuestro mayor momento de siempre en este país, ganar el Mundial… ¿quién habría pensado que Geoff Hurst iba a jugar?”, recuerda. Porque en aquel entonces el intocable era Greaves. “Jimmy Greaves era lo mejor desde que se inventó el pan de molde. Mi padre no deja de hablar de Jimmy Greaves. Cuando alguien discute el mejor once de Inglaterra, mi padre dice ‘Jimmy Greaves’ sin pensarlo. Era increíblemente bueno”.
Y, sin embargo, el fútbol giró en un instante. La lesión de Greaves, la apuesta por Hurst, la final de Wembley. “Pasan cosas y, de repente, juega Geoff Hurst… y mirad lo que ocurre”, resume Owen.
Ese es el mensaje que lanza hacia Mainoo: no desconectarse, no rendirse a la idea de que todo está escrito. “Puede haber, o podría haber, una sorpresa. Y podría ser Mainoo, no puedes desconectar”, advierte. En los grandes torneos, la puerta se abre y se cierra en cuestión de minutos. El que esté preparado, entra.
Inglaterra, la exigencia y el verdadero examen
Owen no se queda solo en los nombres propios. También apunta al contexto: a una Inglaterra que, a su juicio, debería haber transitado con más autoridad por lo que va de torneo. “Lo que hemos hecho hasta ahora… si nos hubieran eliminado, habría habido una enorme investigación”, afirma, sin rodeos. “Nadie debería estar realmente en nuestra liga”.
Su crítica va directa a la narrativa que ha rodeado algunos partidos. “Hemos vendido el partido contra México como si fuera el más difícil de todos los tiempos, pero vamos”, suelta. Y pone un ejemplo sencillo, casi de barra de bar: “Noruega, si jugamos contra Noruega en campo neutral, digamos que jugamos contra Noruega en España mañana, la gente esperaría que ganáramos 2 o 3-0”.
Para Owen, la conclusión es clara: “Cuando miras atrás, deberíamos estar ganando a todos los equipos”. Sin excusas. Sin dramatizar cada obstáculo. Una selección de este nivel, con esta generación, está obligada a imponer su talento.
Y, sin embargo, llega ahora el giro del guion. El cruce que lo cambia todo. “Este partido contra Argentina es ahora el primero, este es un partido de verdad”, avisa. “Es una moneda al aire, es un partido que nos va a poner a prueba”.
Hasta aquí, sostiene Owen, Inglaterra ha cumplido con lo esperable. Nada más. Nada menos. Lo que viene ya pertenece a otra categoría: la de los encuentros que definen una era.
Héroes imprevistos y un nombre en la recámara
En ese escenario de máxima tensión, donde cada error pesa como una losa y cada acierto se convierte en leyenda, Owen vuelve al punto de partida: los héroes que nadie vio venir.
“Ya veremos, pero si vamos a ganar el Mundial va a haber muchos giros y vueltas, y muchos héroes de los que ahora ni siquiera estamos pensando”, anticipa. No habla de una estrella obvia, de los focos habituales. Habla de secundarios que se convierten en protagonistas, de jugadores que pasan de la rotación al póster en cuestión de noches.
Y ahí, una vez más, coloca a Mainoo. “Mainoo podría ser uno de ellos”, desliza.
Sesenta años después de que un delantero que no iba a ser titular se convirtiera en el rostro eterno del único título mundial de Inglaterra, la historia vuelve a ofrecer una puerta entreabierta. El talento está ahí. El escenario, también.
La cuestión es sencilla y brutal, como siempre en el fútbol de selecciones: ¿quién se atreverá a cruzarla esta vez?






