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El Madrid sufre pero Mourinho sobrevive en Cornellà

El nuevo Real Madrid de José Mourinho necesitó hasta el descuento para encontrar aire. Y lo encontró en las botas de un canterano. Espi apareció en el primer minuto del añadido para sellar un 1-2 en el RCDE Stadium que vale algo más que tres puntos: sostiene una racha liguera de 18 estrenos sin derrota y prolonga a siete los debuts victoriosos del técnico portugués en los banquillos.

Gol tempranero y aviso de tormenta

El partido no pudo arrancar mejor para los blancos. Minuto 9. Falta lateral, caricia de Arda Guler y Jude Bellingham, otra vez Bellingham, se elevó por encima de todos para cabecear a la red. Un remate limpio, de manual, que silenció de golpe a la grada y pareció anunciar una tarde plácida para el vigente campeón.

Nada más lejos. Espanyol se tambaleó unos minutos ante la presión alta del Madrid, incapaz de sacar la pelota jugada. Pero no se rindió. Clemens Riedel encendió la alarma con un zapatazo desde casi 30 metros que obligó a Thibaut Courtois a volar. Mano dura, parada de reflejos y aviso serio: el partido no estaba ni mucho menos cerrado.

Un corte sobre la ceja de Dean Huijsen detuvo el juego durante unos instantes. Ese paréntesis, lejos de enfriar al Espanyol, le dio oxígeno. El equipo local empezó a juntar pases, a ganar duelos, a sacar al Madrid de su zona de confort.

El empate cambia el guion

El premio llegó al minuto 30 con una jugada que levantó a todo el estadio. Javi Hernández se inventó una acción de puro talento: conducción, regate, pisada hasta la línea de fondo y pase atrás medido. Alex Calatrava apareció en el punto justo para barrer la pelota y firmar el 1-1.

Desde ahí, el Madrid se descompuso. Le costó rehacerse del golpe. La zaga dudó, el medio campo perdió claridad y la presión dejó de morder. Espanyol olió sangre y rozó la remontada antes del descanso: Roberto Fernández se encontró solo, frente a un Courtois ya batido, pero su cabezazo se marchó increíblemente desviado ante la portería vacía. El estadio se llevó las manos a la cabeza. Mourinho también.

Mbappé se topa con Dmitrovic

Tras el descanso, el foco se fue inevitablemente hacia Kylian Mbappé, que debutaba en liga a las órdenes de Mourinho. El francés buscó el gol con insistencia, pero se estrelló una y otra vez contra un muro llamado Marko Dmitrovic.

Primero, el serbio sacó una mano —y una pierna— salvadora en un mano a mano, desviando el remate con las piernas cuando el estadio ya veía el 1-2. Después, blocó un disparo raso y potente que olía a gol. Mbappé lo intentaba, pero Dmitrovic agrandaba su figura con cada intervención.

El Madrid mandaba en el balón, no tanto en las áreas. El ritmo subía, las imprecisiones también. El equipo blanco llegaba, sí, pero sin la claridad ni la contundencia que se le presuponen.

Mourinho agita el banquillo

Con el duelo atascado, Mourinho tiró de uno de sus nuevos juguetes. Entró Yan Diomande, fichaje récord, para cambiarle el pulso al encuentro. Y casi lo consigue a la primera.

Una internada por la derecha acabó en centro desviado que cayó muerto en la frontal para Federico Valverde. El uruguayo no se lo pensó: latigazo seco, balón que supera a Dmitrovic… y se estrella contra la parte exterior del poste. El murmullo en la grada lo dijo todo. El Madrid empezaba a desesperarse.

La ocasión despertó al equipo, y Bellingham volvió a aparecer como faro ofensivo. Esta vez, de nuevo por arriba. Córner botado por Guler, cabezazo poderoso del inglés y el balón que se estrella en el larguero. Otra vez la madera. La sensación era clara: el partido se le podía escapar al Madrid en cualquier detalle.

Diez minutos para el final y una imagen que lo resumía todo: Mbappé cazó un balón suelto en el área y, en lugar de dirigirlo a portería, su media volea se perdió mansamente hacia la esquina del campo. Gesto de frustración. El gol se resistía.

Espi irrumpe en el descuento

Cuando el empate parecía inamovible y el Espanyol ya saboreaba un punto de prestigio, llegó el golpe definitivo. Y no fue de Mbappé, ni de Bellingham, ni de ninguna de las grandes estrellas.

En el primer minuto del tiempo añadido, una acción embarullada dentro del área tras otra intentona de Mbappé —rodeado por defensas, sin espacio para el disparo— dejó el balón suelto en la frontal del área pequeña. Espi, recién salido desde el banquillo, apareció con la determinación de un veterano: derechazo seco y gol. 1-2. Silencio en la grada, estallido en el banquillo visitante.

Para el canterano, un momento inolvidable. Para el Madrid, un suspiro de alivio. Para Mourinho, una confirmación: su idilio con los estrenos sigue intacto.

Racha viva y deberes pendientes

Con este triunfo, el Real Madrid encadena 18 temporadas sin perder en su debut liguero. Mourinho, por su parte, mantiene un registro impecable: siete victorias en siete partidos de debut como entrenador.

El juego, sin embargo, dejó claro que el proyecto aún está en fase de ensamblaje. Las nuevas piezas —Mbappé, Diomande, el propio Guler— todavía necesitan encajar en un sistema que hoy sobrevivió más por insistencia y pegada final que por control absoluto.

Pero el técnico portugués ya ha recuperado algo que siempre le definió: la capacidad de ganar cuando el reloj aprieta y el margen de error es mínimo. La pregunta, a partir de ahora, es evidente: ¿cuánto puede crecer este Madrid cuando el juego empiece a parecerse al resultado?