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Ma Ning se despide del Mundial con orgullo y gratitud

El Mundial entra en su tramo decisivo y, en silencio, sin focos ni himnos, se marcha también una parte de China. El árbitro Ma Ning y su asistente Zhou Fei ya han regresado a casa después de quedar fuera de la lista final de colegiados designados por la FIFA para las semifinales y la gran final. Días antes había hecho las maletas el árbitro de video Fu Ming. Con ellos se cierra la participación china en el gran escaparate del fútbol mundial.

No hubo polémica, ni expulsiones sonadas, ni un último gesto sobre el césped. La despedida llegó desde la pantalla de un móvil. Ma Ning publicó un video en redes sociales chinas para decir adiós al torneo y, sobre todo, para agradecer. Agradecer el camino, a su gente, al fútbol de su país.

“Del campus al escenario de la Copa del Mundo, de la ignorancia juvenil a la serenidad y la calma, he pasado 20 años demostrando el significado de la perseverancia”, recordó el colegiado, de 47 años, en un mensaje que sonó a confesión y a manifiesto personal. Dos décadas de carrera condensadas en unos segundos de video.

La frase que dejó marca fue otra: “A los 47, muchos dicen que es demasiado tarde, pero siempre he creído que mientras haya fe, podemos convertir lo imposible en posible”. No hablaba solo de él. Hablaba de un arbitraje chino que lucha por hacerse un hueco en la élite, en un escenario dominado por escuelas europeas y sudamericanas.

En su mensaje, Ma no se olvidó de los suyos. Subrayó la importancia de su familia, a la que atribuyó la fuerza para seguir adelante, la que lo mantuvo —como él mismo dijo— “resuelto y sin miedo” en el camino hacia sus sueños. Un guiño íntimo en medio del ruido global de un Mundial.

Pero el tono cambió cuando se dirigió a los aficionados. Ahí apareció el Ma Ning que conoce el escrutinio público, el peso de cada tarjeta, de cada decisión. Recordó cómo muchos lo apodaron “maestro de las tarjetas” y cómo, con el tiempo, esa etiqueta dio paso a un reconocimiento más amplio a su nivel arbitral. No pidió indulgencia. Señaló algo distinto: la madurez del hincha chino.

“Desde burlarse de mí como el ‘maestro de las tarjetas’ hasta reconocer mi estándar de arbitraje, es vuestra racionalidad y tolerancia lo que me ha mostrado el lado más encantador del fútbol chino”, afirmó. Y dejó una idea potente: el aficionado no solo mira partidos, también aprende a entender el valor del arbitraje.

Mientras la FIFA afina el último listado de colegiados para las noches que deciden títulos, Ma Ning ya ha cerrado su Mundial. Sin medallas ni trofeos, pero con algo que pocos consiguen: haber llevado el arbitraje de su país hasta el escenario más grande y salir de él con la sensación de haber dejado huella.

China, esta vez, no tuvo selección en el torneo. Tuvo árbitros. Su viaje ya terminó. La pregunta es si la próxima generación, inspirada por la trayectoria de Ma, llegará no solo para pitar en un Mundial, sino para hacerlo cuando el título esté en juego.