La llama de Hiroshima y los Juegos Asiáticos
En Hiroshima, ciudad marcada para siempre por el 6 de agosto de 1945, el fuego volvió a tomar protagonismo. Esta vez no como destrucción, sino como símbolo de unión: la ceremonia de encendido de la llama para el relevo de la antorcha de los próximos Juegos Asiáticos reunió memoria, deporte y un mensaje directo de paz.
El acto se celebró el jueves en el Parque Conmemorativo de la Paz de Hiroshima, un escenario cargado de significado. Allí, el alcalde Kazumi Matsui tomó fuego de la Llama de la Paz, dedicada a las víctimas del bombardeo atómico, y encendió con él una antorcha. Desde esa antorcha, un bastón de encendido sostenido por Hajime Moriyasu, seleccionador del combinado masculino de fútbol de Japón, recibió la llama. El fuego terminó resguardado en una linterna dorada, lista para viajar.
No fue una ceremonia cualquiera para Moriyasu. El técnico, que inició su carrera como futbolista corporativo y profesional precisamente en Hiroshima, habló con claridad: el deporte, dijo, tiene la fuerza de unir valores y culturas distintas. Y lanzó un deseo a los deportistas que competirán en los Juegos Asiáticos: que lo den todo, compitiendo con máxima entrega y, al mismo tiempo, deseando paz.
En el acto también participó Hideaki Omura, gobernador de la prefectura de Aichi, que será el corazón de la cita continental. Los Juegos, de carácter cuatrienal, se celebrarán principalmente en esa región del centro de Japón entre el 19 de septiembre y el 4 de octubre. No será la primera vez que Japón acoja la gran cita asiática: Hiroshima ya fue sede en 1994, un hito que ahora se enlaza simbólicamente con la nueva edición.
La llama de Hiroshima no viajará sola. El martes ya se había celebrado en Tokio, anfitriona de los Juegos Asiáticos de 1958, otro evento de encendido para la antorcha de Aichi. Nagoya, capital de la prefectura, completa el triángulo.
El siguiente capítulo está marcado en el calendario: el sábado, las llamas procedentes de Tokio, Hiroshima y Nagoya se unirán en el Castillo de Nagoya. De esa fusión nacerá el fuego que recorrerá Aichi en el relevo de la antorcha, dando el pistoletazo de salida simbólico a unos Juegos que quieren competir al máximo nivel sin olvidar su mensaje central: que el deporte, esta vez, corra del lado de la paz.






