Liverpool cierra una era con incertidumbre y despedidas
“Every little thing is gonna be alright…”. El Kop lo entonó casi como un conjuro, más para convencerse a sí mismo que para celebrar nada. El telón cayó sobre la temporada 2025/26 de Liverpool con un 1-1 gris ante Brentford, Champions asegurada… y muy pocas certezas más. El ambiente, lejos de una fiesta, olía a despedida y a fin de ciclo.
En nueve años el club lo ganó todo. Hoy, dos de los hombres que ayudaron a cambiar la historia ya se han marchado, y otros emblemas, empezando por Mo Salah y Andy Robertson, preparan la salida. De la plantilla que heredó Arne Slot hace apenas dos veranos ya se ha ido la mitad. Y no parece que el goteo vaya a frenarse.
Una temporada que Liverpool no puede maquillar
Las cifras son implacables: 60 puntos, quinto puesto. Nada que celebrar. Nada que presumir. Con esa puntuación, el curso pasado habrías acabado noveno, sin Europa. Hace dos temporadas, séptimo y también fuera de competiciones europeas. Tres años atrás, de nuevo noveno.
Es más: esos 60 puntos son el registro más bajo para entrar en Champions desde la 2003/04, la temporada en la que Gerard Houllier dejó el cargo de forma amistosa, con foto de despedida sobre el césped de Anfield incluida. El paralelismo no tranquiliza a nadie.
El cierre de campaña lo resume todo: cuatro partidos sin ganar para rematar la Premier, solo cuatro victorias en los últimos 14 encuentros oficiales. Liverpool no llegó, se arrastró hasta la meta. El 1-1 ante Brentford aseguró la plaza en la nueva Champions ampliada, pero no disipó el miedo a un retroceso más profundo, a algo que muchos aficionados mayores reconocen de inmediato: ecos de la era de Graeme Souness, cuando se desmontó demasiado rápido el bloque campeón de Kenny Dalglish y lo que vino después fue una larga travesía por la mediocridad.
Salah no lo ha escondido. Al cierre de sus nueve años extraordinarios, el egipcio ha dejado claro que le preocupa el rumbo del club. Y, sobre todo, que le preocupa que se pierda la esencia que hizo de este Liverpool algo distinto.
El gesto de Slot que encendió las alarmas
Arne Slot insiste en que puede reconectar con la grada. Pero incluso en la última tarde del curso, cuando la comunión era más necesaria que nunca, dejó una imagen difícil de digerir para muchos. Mientras los jugadores daban la vuelta al campo en el tradicional paseo de agradecimiento, el técnico se quedó en el banquillo, con gesto serio, casi ausente.
Puede interpretarse como un momento de reflexión personal, nada más. Pero en Anfield los símbolos importan. La vuelta final no es un trámite: es el intercambio de gratitud entre equipo y afición tras un año de tormenta. Era una oportunidad perfecta para que Slot mirara a los ojos a quienes han soportado el peor porcentaje de victorias ligueras en una década —solo 17 triunfos—. Prefirió quedarse solo.
En el otro extremo, Salah volvió a demostrar que entiende el código del club como pocos. Ante las cámaras de Sky Sports, lanzó un mensaje sencillo y brutalmente certero: los aficionados, dijo, “no se preocupan tanto por el resultado mientras sudes y des tu sangre aquí, te querrán para siempre”. No habló de sistemas ni de bajas. Habló de compromiso. De caminar juntos en la tormenta, algo especialmente doloroso este año tras la muerte de Diogo Jota en pretemporada, un golpe que marcó emocionalmente al vestuario y a la grada.
“Injury”: la coartada de Slot que no termina de sostenerse
En la sala de prensa, Slot eligió una palabra para resumir la temporada: “injury”. Lesiones. La plaga existe y es real. Pero el propio técnico se había atado de pies y manos meses antes. En octubre defendió con firmeza la decisión de trabajar con un grupo corto: “Hemos tomado esta decisión juntos, creo completamente en esto, porque si tienes 25 jugadores es muy difícil gestionar la plantilla”.
No se puede jugar a dos discursos. No puedes apostar por una plantilla reducida y después pasar el curso lamentando la acumulación de partidos, la falta de recursos en el banquillo, los goles encajados en los tramos finales y el desgaste de quienes han tenido que sostener el equipo casi sin descanso.
Con una Champions ampliada y una Premier cada vez más exigente, los grandes necesitan profundidad. Más aún si llegas a agosto sabiendo que varios fichajes no están preparados para encadenar 90 minutos entre semana y el fin de semana. La pregunta flota en el aire: ¿por qué se aceptó ir tan corto?
Los números de algunos jugadores subrayan la contradicción. Trey Nyoni, mediocentro de 18 años al que Jürgen Klopp hizo debutar con 16, cerró la liga con apenas 21 minutos. Federico Chiesa, marginado otra vez, solo 318 minutos en Premier. Wataru Endo, 170. Kieran Morrison, capitán del Sub-21 y jugador del año en esa categoría, estuvo 13 veces en el banquillo… y solo jugó cinco minutos, en un partido de FA Cup en Wolves.
En la práctica, la plantilla fue todavía más pequeña de lo que marcaba la hoja de inscripción, por pura falta de confianza en las alternativas. Y eso sin entrar en el caso más incomprensible de todos: la ausencia de un acuerdo para recuperar a Harvey Elliott en enero, justo cuando el equipo pedía a gritos calidad desde el banquillo en la segunda mitad de la temporada.
Goleadas en las copas y un listón que no se puede bajar
Slot ha querido contextualizar las dolorosas eliminaciones de FA Cup y Champions: dos 4-0, sí, pero ante el futuro campeón de la FA Cup, Man City, y un PSG que lleva dos temporadas sin perder una eliminatoria europea a doble partido. El dato es cierto. El consuelo, mínimo.
La afición de Liverpool se ha acostumbrado a otro estándar. No basta con decir “nos eliminó el campeón” cuando el marcador global es una humillación y se encadena una racha de cuatro derrotas en cinco encuentros. Tampoco lo compran los pesos pesados del vestuario. Virgil van Dijk, Robertson, Salah y Curtis Jones han sido claros: el nivel mostrado está muy por debajo de lo que exige este escudo.
Salah, en su último día en el AXA Training Centre, dejó una frase que retrata la mentalidad que muchos temen que se esté diluyendo: “Estar en Liverpool, ganar algo para Liverpool y ganar partidos es lo mejor que te puede pasar”. No habló de objetivos mínimos, habló de gloria.
Slot, por su parte, calificó la clasificación para la Champions como “nuestra base más baja”, recordando que “grandes clubes” como Chelsea y Tottenham ni siquiera estarán en Europa. Una parte de la grada interpretó ese mensaje como una peligrosa rebaja de ambición. Liverpool no se mide por comparaciones a la baja. Se mide por títulos. Y cuando el techo de tu temporada es entrar en Champions con el puntaje más bajo en más de 20 años, algo se ha torcido.
Incluso la mejor racha del curso, 13 partidos invicto tras el 4-1 encajado en casa ante PSV —uno de los puntos más bajos del año—, escondía grietas profundas. En esa serie aparecieron empates ante Leeds (dos veces), Burnley y Fulham, y de las siete victorias, dos fueron ante Barnsley en FA Cup y un West Ham que acabó descendiendo. La estadística maquillaba un equipo que nunca terminó de imponer su ley.
Un verano de incertidumbre total
El futuro inmediato en Anfield es un gran signo de interrogación. Slot entra en su último año de contrato. Lo mismo ocurre con dos figuras clave en la estructura deportiva: Richard Hughes y Michael Edwards, cuyos acuerdos también expiran el próximo verano. La sensación de provisionalidad lo empapa todo.
En el vestuario, el escenario es aún más volátil. Hasta nueve jugadores del primer equipo podrían salir. Salah y Robertson ya tienen la puerta de salida abierta. Ibrahima Konaté termina contrato. Chiesa y Endo no cuentan. Curtis Jones, con solo un año de vínculo y pretendido por Inter Milan, está más fuera que dentro. Alisson interesa a Juventus. Joe Gomez, otro con un año restante, podría dejar una buena suma. Incluso Alexis Mac Allister podría ser vendido si llega la oferta adecuada.
Con ese panorama, Liverpool afrontará la próxima temporada con Cody Gakpo como máximo goleador actual del club. El segundo en esa lista es un central: Virgil van Dijk. Un dato que, por sí solo, describe el desequilibrio de una plantilla que ha perdido pegada, liderazgo y jerarquía al mismo tiempo.
Slot admite que habrá “algo de transición” este verano, aunque insiste en que no será tan “drástica” como la del año pasado. Pero si se confirma el éxodo que se dibuja, la palabra que se impone no es transición. Es cirugía mayor.
Mientras el Kop se aferra a Bob Marley y canta que no hay que “worry about a thing”, la realidad es otra: miles de aficionados pasarán el verano preguntándose si este Liverpool está ante un simple bache… o ante el comienzo de una década que nadie en Anfield quiere volver a revivir.






