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Juventus enfrenta al NEC y el reto del Dickie-taka

La Juventus afronta la noche europea con más dudas que certezas. En el Allianz Stadium no solo se juega tres puntos ante el NEC, también se juega parte de su credibilidad en una temporada que ya ha empezado a torcerse.

El rival, eso sí, no es el típico visitante temeroso.

El reto del “Dickie-taka”

Desde los Países Bajos aterriza un NEC con una idea muy marcada, obra de su entrenador Dick Schreuder. En Italia ya le han puesto nombre: “Dickie-taka”. El apodo no es casual. Su equipo vive para atacar, presionar arriba y perseguir el balón como si cada posesión fuera la última.

Es un fútbol agresivo, vertical, casi obsesivo en la recuperación. Un estilo que ha llamado la atención en la Eredivisie por su intensidad constante. Pero tiene un precio. El propio portero Crettaz lo definió en su día como “kamikaze”. Cuando el NEC se desordena, deja espacios enormes atrás. Y ahí es donde la Juve huele la oportunidad.

Schreuder, consciente del escenario y del escudo que tiene delante, no piensa traicionar su idea. Lo ha dejado claro: la intensidad no se negocia. Sus jugadores viajarán a Turín para hacer lo mismo que en casa, solo que ante un gigante europeo. Perr Schuurs, con pasado en el Torino y todavía en proceso de recuperar su mejor forma tras un periodo duro mentalmente, vuelve a Italia con una motivación especial. “Tengo una sensación de hogar aquí, viví cuatro años”, confesó. Vuelve para un partido grande, pero con emociones distintas a cualquier otro.

Juventus, entre la presión y la obligación

La Juventus llega tocada. La primera derrota en la Serie A, ante el Sassuolo, ha dejado al equipo octavo y con un murmullo creciente alrededor de Luciano Spalletti. La prensa italiana ya cuestiona su continuidad. El margen con el líder es de cinco puntos, pero la sensación de fragilidad pesa más que la tabla.

Massimo Mauro, excentrocampista bianconero, lo resumió sin rodeos: falta cohesión, el equipo no termina de funcionar como bloque, pero no hay tiempo para lamentos. Hay que ganar ya, encadenar resultados, reducir la brecha antes de que la temporada se descontrole.

Y para colmo, la enfermería no da tregua. Las lesiones de jugadores clave como Kenan Yildiz y Kephren Thuram obligan a Spalletti a tirar de recursos. Se espera la titularidad del cedido Nick Woltemade en la delantera, una apuesta obligada por las circunstancias, pero también una oportunidad para que el joven atacante se presente en Europa con algo más que buenas intenciones.

El plan es claro: resistir y castigar

Para la Juventus, el libreto táctico parece escrito: aguantar el primer arreón del NEC, sobrevivir a la presión alta y atacar justo donde el sistema de Schreuder se rompe. Las bandas se perfilan como la zona caliente, el lugar donde los italianos pueden castigar las descompensaciones defensivas del conjunto neerlandés.

Si la Juve logra superar esa primera línea de presión, el partido puede abrirse de par en par. Si no, el Allianz puede convertirse en un escenario incómodo, con un equipo italiano obligado a correr detrás del balón ante un rival que no entiende de complejos.

El contexto no ayuda a la tranquilidad. En el horizonte asoma un duelo clave de Serie A ante el Atalanta, y otro tropiezo, esta vez en Europa, solo aumentaría el ruido alrededor de Spalletti. La Juventus necesita algo más que un triunfo: necesita una actuación que devuelva autoridad, que apague dudas y devuelva algo de miedo escénico al Allianz.

El NEC, mientras tanto, llega con la ambición de siempre: mostrar su fútbol sin miedo, llevar su filosofía al escaparate continental y, si la noche acompaña, sorprender a otro peso pesado del continente. La pregunta es simple y brutal: ¿aguantará la Juve la embestida “kamikaze” o será el “Dickie-taka” el que escriba otro capítulo incómodo en la temporada bianconera?