Jamshedpur FC se retira de la ISL: Fin del ‘Furnace’
Panaji.– Nueve años después de ganar el derecho a que Jamshedpur tuviera su propio club en la Indian Super League, Tata Steel ha decidido apagar el interruptor. Jamshedpur FC, campeón de la ISL en 2021-22, no estará en la máxima categoría del fútbol indio a partir de la temporada 2026-27.
El anuncio cayó en frío. Más aún porque el equipo senior sigue compitiendo estos días en la Durand Cup.
“Jamshedpur FC desea confirmar que no participará en la ISL desde la temporada 2026-27”, comunicó el club en un escueto comunicado este viernes. Bajo el paraguas de JFSPL, la entidad insistió en que mantiene su compromiso con “el crecimiento y desarrollo del fútbol en India”, con especial énfasis en la base: detección de talento, formación y creación de un camino sólido desde el fútbol formativo hasta el escenario nacional e internacional.
Nada, sin embargo, sobre el porqué de la retirada.
Un golpe al modelo de liga de clubes
La salida de Jamshedpur supone un golpe directo a la ISL justo en el momento en que estrena un modelo liderado por los propios clubes. Son ellos quienes pasarán a operar colectivamente la competición a través de una entidad gestora específica, mientras la federación, la All India Football Federation (AIFF), conserva un 10% de participación en la estructura.
Jamshedpur ya ha comunicado formalmente su decisión a la AIFF. La noticia no se quedó solo en los despachos. El director ejecutivo del club, Mukul Choudhari, reunió al personal y les confirmó que el primer equipo dejará de existir, dejando en vilo a cerca de 50 empleados administrativos y técnicos repartidos entre el primer equipo, la cantera y el área de fútbol base.
La presión, cuentan fuentes cercanas, venía de lejos: pérdidas crecientes y dudas internas sobre la sostenibilidad del proyecto en la élite. Preguntas incómodas para una marca histórica del deporte indio.
El “Furnace”, de la euforia al silencio
Cuando Tata Steel ganó la puja en 2017, Jamshedpur se volcó. El JRD Tata Sports Complex, rebautizado por la afición como “The Furnace”, se convirtió en uno de los estadios más calientes de la liga, con grandes entradas y un vínculo inmediato entre ciudad y equipo.
El punto culminante llegó en la temporada 2021-22, con Owen Coyle al mando, cuando Jamshedpur FC se proclamó campeón de la ISL. El título parecía el inicio de una era. Hoy, apenas unos años después, marca el techo de una historia que se corta en seco.
La incertidumbre es ahora el hilo conductor. El club tiene al menos 12 jugadores del primer equipo con contratos de larga duración, además del propio Coyle, que sigue vinculado contractualmente. No hay todavía una hoja de ruta pública sobre cómo se resolverán estas situaciones.
También han sido fichados este curso, con acuerdos de corta duración y específicamente para la Durand Cup, seis futbolistas: el ex internacional indio Raynier Fernandes, Abhishek Ambekar, Aman CK, Devendra Murgaokar, Leewan Castanha y Provat Lakra. Todos ellos se encuentran compitiendo con un equipo cuya fecha de caducidad en la élite ya está marcada.
Un legado que no se borra
La retirada de la ISL no borra la huella de Tata en el fútbol indio. Al contrario, la pone bajo el foco. El conglomerado ha estado ligado al balón durante décadas, desde su histórico equipo de Mumbai, ganador de torneos como la Durand Cup, la IFA Shield y la Rovers Cup, hasta la creación de una academia residencial que, en casi treinta años, ha aportado cerca de 150 jugadores a las distintas selecciones nacionales.
Tata Steel también fue pionera en acercar a India a grandes clubes de Europa y Sudamérica, como PSV Eindhoven y Sao Paulo, para disputar amistosos frente a la selección india. Un esfuerzo sostenido que ayudó a elevar el listón competitivo y a alimentar el imaginario de generaciones de jóvenes futbolistas.
Por eso la decisión duele más. Porque no se marcha un recién llegado, sino una institución que había convertido a Jamshedpur en un punto fijo del mapa futbolístico del país.
El club insiste en que su apuesta por la base sigue en pie. La academia y los programas de desarrollo de talento continúan, al menos sobre el papel, como el eje de su proyecto. El foco se desplaza del escaparate televisivo de la ISL al trabajo silencioso de los campos de entrenamiento.
Queda una pregunta en el aire: en una liga que intenta consolidar su modelo de clubes y reforzar su credibilidad económica, ¿cuántos más pueden permitirse apagar el “Furnace” antes de que el calor competitivo empiece a disiparse?






