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Inter reafirma su posición: Stankovic no está en venta

El Inter ha dado un golpe en la mesa. Puerta cerrada, pestillo echado y mensaje nítido al mercado: sus joyas no se tocan. Al menos no este verano.

En el centro de esa declaración de intenciones aparece un nombre: Stankovic. Regresó al club este verano tras una temporada brillante en el Club Brugge, donde fue pieza clave en la conquista de la Jupiler Pro League y coronado como Mejor Jugador Joven del año en Bélgica. Esa irrupción desató una subasta silenciosa, pero muy real.

El intento más contundente llegó desde la Premier League. Brentford puso 40 millones de euros sobre la mesa. Una cifra que, en otros contextos, habría abierto muchas puertas en el Giuseppe Meazza. Esta vez, ni se movió el picaporte.

Según informa La Gazzetta dello Sport, la respuesta fue inmediata y unánime: Inter, el propio jugador y la familia Stankovic coincidieron en un “no, gracias” rotundo. Sin dudas. Sin matices. Un mensaje que va más allá de una simple operación fallida.

El plan de Chivu: un relevo diseñado a medida

La negativa no nace solo del orgullo o del romanticismo de apostar por un talento propio. Tiene un fundamento táctico muy concreto. Chivu lleva toda la pretemporada modelando un rol específico para Stankovic dentro de su centro del campo de cinco hombres.

El serbio está siendo preparado como el relevo natural de Hakan Calhanoglu. No un parche, no una solución de emergencia: el primer suplente designado para una posición clave. Encontrar un sustituto fiable para el internacional turco se había convertido en una obsesión del cuerpo técnico. Los ensayos con Piotr Zielinski, Henrikh Mkhitaryan o incluso Nicolo Barella en el papel de mediocentro organizador dejaron sensaciones dispares, nunca del todo convincentes.

Ahí entra Stankovic. Perfil limpio con balón, seguro técnicamente, disciplinado sin él. Un futbolista que entiende el ritmo del juego y acepta las exigencias tácticas de Chivu. En un equipo que aspira a competir en todos los frentes, disponer de un “seguro” específico para el cerebro del sistema vale, hoy, más que 40 millones.

En los campos de entrenamiento, la confianza en él se define como total. Sin condiciones. Mantenerlo en la plantilla no es un gesto simbólico, es una decisión estratégica: blindar una posición que, si se resquebraja durante el curso, puede arrastrar a todo el equipo.

Un efecto dominó en el mercado y el caso Curtis Jones

Esa apuesta, sin embargo, tiene consecuencias. El centro del campo del Inter está más que poblado. Y aun así, el club sigue mirando hacia fuera. Curtis Jones sigue en la lista de deseos.

Chivu admira profundamente al inglés. Le seduce su energía, su capacidad para abarcar metros, su versatilidad para ocupar distintas alturas en la medular. En la pizarra, Jones encaja. En la realidad del vestuario, la ecuación se complica: hay demasiados cuerpos para muy pocos huecos.

El Inter lo considera un refuerzo ideal, un salto de calidad inmediato. Pero con Stankovic blindado y sin salidas claras en el medio, cualquier intento por atacar esa operación se convierte en un puzle de difícil encaje. La prioridad, de momento, pasa por otro lado del campo.

Romero, la pieza final de una defensa de élite

Detrás, en la línea defensiva, el discurso cambia. Ahí el Inter quiere experiencia, jerarquía, colmillo. Y ha apuntado alto: Cristian Romero.

En el club ven al argentino como la última pieza del engranaje defensivo. Un central agresivo, líder, con carácter de competición grande. Justo lo que se exige a un equipo que pretende sostenerse entre la élite europea durante toda la temporada.

Giuseppe Marotta y Piero Ausilio ya han hecho el trabajo más pesado con el Tottenham Hotspur. Las informaciones apuntan a que los clubes han alcanzado un acuerdo por el traspaso, despejando el obstáculo más complejo de cualquier negociación: el precio.

La operación, sin embargo, se ha frenado en el punto más delicado para las arcas del club: el salario. Romero pide en torno a los 7 millones de euros por temporada. Una cifra que choca con la escala interna. Benjamin Pavard, referencia clara en esa zona del campo, se mueve en torno a los 5 millones. Romper ese techo no es una decisión menor.

La directiva se resiste a dinamitar su estructura salarial por un solo jugador, por muy determinante que sea. El equilibrio de vestuario también se mide en cifras.

Paciencia fría y una recta final de mercado caliente

El escenario actual dibuja a un Inter que se mueve con calma, pero no se duerme. No vende a la primera oferta a sus jóvenes más prometedores, como demuestra el caso Stankovic, y al mismo tiempo no renuncia a pelear por nombres de talla mundial como Curtis Jones o Cristian Romero.

La negociación por el argentino está en punto muerto por el sueldo. El centro del campo, mientras tanto, parece un embotellamiento en hora punta. Para que algo entre, algo de peso tendrá que salir. No hay mucho margen para el sentimentalismo cuando las cuentas aprietan.

Quedan semanas de mercado. Entre la firmeza para decir “no” a 40 millones y la ambición de cerrar a un líder defensivo, el Inter camina por la delgada línea que separa la valentía de la temeridad. La pregunta es sencilla y brutal: ¿hasta dónde está dispuesto a llegar el club para que este proyecto pase de prometedor a verdaderamente imparable?