Inglaterra y la incómoda pregunta sobre el Viagra en el Azteca
Inglaterra lleva días preparando cómo respirar en el Estadio Azteca. Literalmente. Lo que no esperaba Thomas Tuchel era tener que desviar también el foco de una de las historias más peculiares de este Mundial: el supuesto uso de Viagra para combatir la altitud.
En la rueda de prensa previa al duelo de octavos de final contra México, el seleccionador inglés fue directo cuando le preguntaron por la posibilidad de que sus futbolistas recurrieran al famoso fármaco para mejorar el rendimiento a 2.200 metros sobre el nivel del mar.
“La información que lo respalda no me ha llegado, así que no es cierto”, respondió entre risas.
La escena resumió bien el ambiente alrededor de Inglaterra en la Ciudad de México: una mezcla de tensión competitiva, condicionantes físicos y un ruido mediático que, por momentos, roza lo surrealista.
El mito del Viagra y la altitud
La idea no salió de la nada. En los días previos al partido, varios medios recordaron que Viagra no figura en la lista de sustancias prohibidas de la Agencia Mundial Antidopaje y citaron un estudio de 2006 en el que se señalaba que el medicamento “mejoró de forma significativa las medidas cardiovasculares y de rendimiento en ciclistas entrenados en altura”, gracias a su efecto sobre el flujo sanguíneo.
De ahí al Azteca, solo había un paso. Pero Tuchel lo cerró de golpe.
No es la primera vez que la selección inglesa tiene que frenar esta narrativa. En 2009, ante informaciones similares antes del Mundial de Sudáfrica, la Federación Inglesa se vio obligada a emitir un comunicado desmintiendo cualquier plan para suministrar Viagra a los jugadores en la concentración del torneo.
Entonces, el mensaje fue igual de tajante: el cuerpo médico investigaba a fondo cómo optimizar el rendimiento en altura, pero sin que el famoso comprimido azul formara parte del plan.
Quince años después, la historia vuelve a escena. Y la respuesta, otra vez, es la misma.
Oxígeno, piernas frescas y un Azteca que impone
La altitud de la Ciudad de México es un rival más. Lo saben los locales, que han construido buena parte de la mística del Estadio Azteca a partir de ese aire denso que castiga a quien no está acostumbrado.
Inglaterra ha trabajado la adaptación con métodos más clásicos: control de cargas, hidratación, sesiones específicas y un cuerpo médico volcado en que las piernas lleguen vivas al tramo final. Nada de atajos químicos ni soluciones milagrosas.
Mientras tanto, el ruido sobre el Viagra se queda en anécdota. Un guiño pintoresco en la previa de un partido que, sobre el césped, no admitirá bromas.
Buenas noticias con Quansah, incógnita con Reece James
Entre tanta distracción, Tuchel también dejó las noticias que realmente importan al vestuario inglés. La primera, positiva: Jarell Quansah está listo.
“Lo visteis entrenar, Jarell entrenó al completo, está totalmente disponible”, confirmó el técnico. El central, que arrastraba problemas de tobillo, se perdió el triunfo en dieciseisavos ante RD Congo, pero llega a tiempo para reforzar una zaga que necesitará concentración y piernas ante el ritmo de México.
El caso de Reece James es distinto. El lateral, con molestias en los isquiotibiales, apura sus opciones.
“Reece quizá pueda entrar en el banquillo”, explicó Tuchel. “Necesita una última valoración de los médicos y su opinión sobre si tiene sentido”.
Es una decisión delicada. Un jugador diferencial, un contexto físico exigente y un torneo que no perdona recaídas musculares. Arriesgar o proteger. Inglaterra se lo piensa.
Entre la ciencia y el carácter
La selección inglesa llega al Azteca con los deberes médicos hechos y los rumores desmentidos. Respira hondo, mira las gradas interminables del estadio y se prepara para un partido en el que la cabeza, el corazón y los pulmones valdrán tanto como el talento.
La altitud no se combate con pastillas milagrosas. Se combate con piernas, con gestión del esfuerzo y con personalidad. En unas horas, se sabrá si a Inglaterra le alcanza con eso para seguir viva en el Mundial más fino y más cruel: el que no deja margen para excusas.






