Infantino y la batalla política del Mundial: 20 millones para federaciones
En la sede de FIFA en Zúrich, Gianni Infantino ha encendido la mecha de la mayor batalla política que el fútbol global ha visto en años. El presidente del organismo ha puesto fecha límite: 19 de septiembre. Hasta ese día, las 211 federaciones miembro deberán decidir si aceptan una oferta única de 20 millones de dólares cada una a cambio de abrir la puerta a inversores privados en el negocio del Mundial.
No es un simple ajuste financiero. Es un cambio de modelo.
Un gigante de 20.000 millones y un apellido incómodo
El plan de Infantino pasa por crear una filial de FIFA valorada en 20.000 millones de dólares, de los que el 20% quedaría en manos de capital privado. Esa nueva estructura gestionaría las grandes competiciones y eventos del organismo: Mundiales, Mundiales de Clubes y otros torneos.
Detrás del proyecto aparece Thrive Capital, la firma de inversión de Joshua Kushner, hermano de Jared Kushner, figura muy cercana al expresidente estadounidense Donald Trump. El anclaje político no es casual ni pasa desapercibido. Infantino ya se había alineado con ese entorno: impulsó un “FIFA Peace Prize” que acabó en manos de Trump en diciembre, permitió su intervención en el proceso que derivó en que Folarin Balogun jugara el Mundial con Estados Unidos y ahora intenta atar a Thrive a un acuerdo de 12 años con el organismo con sede en Suiza, formalmente sin ánimo de lucro.
En una carta enviada a las federaciones, a la que tuvo acceso The Associated Press, Infantino definió la operación como una “oportunidad de financiación singular y única”. Se presenta, de nuevo, como el hombre que trae el dinero.
“Es mi deber y responsabilidad como presidente de FIFA presentarles oportunidades que cambian el juego”, escribió.
UEFA se planta: “El Mundial no se vende”
La respuesta en Europa fue inmediata y furiosa. UEFA, que agrupa a 55 federaciones, prepara una reunión de urgencia en formato online, previsiblemente este jueves. El tono de su comunicado no deja lugar a dudas.
Tras hablar “con muchos actores del juego”, la confederación europea asegura que la oposición al plan “es significativa y creciente”. Y remata con una frase que resume el pulso: el Mundial “no es de FIFA para venderlo”.
La amenaza está sobre la mesa: un boicot a las competiciones de FIFA. No sería la primera vez que Europa se organiza para frenar a Infantino. En 2021, la resistencia liderada por UEFA tumbó la idea de celebrar el Mundial cada dos años en lugar de cada cuatro.
La crítica no se limita al contenido, también al método. Una vez más, Infantino aparece como un ejecutivo que actúa en solitario, sin consultar a los grandes actores del fútbol mundial. Ya lo intentó en 2018 con un plan secreto de 25.000 millones de dólares para crear nuevas competiciones masculinas de gran tamaño. Entonces, también chocó contra UEFA.
Asia y CONCACAF alzan la voz
El malestar ha cruzado continentes. La Asian Football Confederation, con sede en Kuala Lumpur, se declaró “decepcionada” porque un asunto “de tal importancia” haya salido a la luz pública antes de que la “familia” asiática pudiera examinarlo y debatirlo internamente.
CONCACAF fue todavía más directa: “Estamos profundamente preocupados por la falta de debido proceso”, señaló en un comunicado.
El mensaje es claro: los socios regionales se sienten marginados en un proyecto que, de aprobarse, reordenaría el mapa del poder y del dinero en el fútbol.
El European Football Clubs, influyente grupo de 850 clubes que gestiona junto a UEFA la Champions League, confesó haberse enterado del plan “como la mayoría de los actores del fútbol global: sin aviso previo y a través de los medios”. Para muchos, el procedimiento dice tanto como las cifras.
El negocio detrás del Mundial: más partidos, más equipos, más cortes
La preocupación de las confederaciones no es sólo institucional. Es también competitiva. Organismos como UEFA o CONMEBOL sostienen sus propios torneos de selecciones y clubes —Eurocopa, Champions League, Copa América—, que concentran audiencia, prestigio y patrocinadores.
Un Mundial y un Mundial de Clubes más frecuentes, con más equipos y más ventanas comerciales, amenazan con canibalizar esas competiciones. El incentivo para FIFA y sus nuevos socios sería evidente: más partidos, más inventario publicitario, más ingresos. El riesgo, también: saturación, desgaste deportivo y un calendario aún más asfixiante.
El académico Antoine Duval advirtió que la entrada de capital privado podría “incentivar a FIFA a mercantilizar aún más el Mundial”, con más pausas para hidratación, precios dinámicos y cualquier fórmula que estire al máximo la máquina de hacer dinero.
La oferta: 20 millones ahora o la mitad después
El gancho para las 211 federaciones es tan simple como agresivo. Si aprueban la creación de la filial, cada una recibirá 20 millones de dólares del ciclo comercial vinculado al Mundial masculino de 2030. Si rechazan el plan, se quedarán con los 10 millones ya prometidos para los próximos cuatro años.
La carta de Infantino detalla además que, con el visto bueno de las asociaciones, se formaría “un grupo de inversores internacionales diversos” que se sumaría a Thrive como inversor ancla. El proceso, subraya el documento, estará liderado por J.P. Morgan.
La diferencia de caja es brutal: unos 86 millones de dólares por federación en 12 años frente a los aproximadamente 36 millones que recibirían si se mantiene el modelo actual. Para muchas asociaciones pequeñas, que dependen casi por completo del dinero de FIFA, la cifra no es un matiz, es la supervivencia.
UEFA ve otra cosa: “El plazo apresurado para reclamar los 20 millones iniciales lo dice todo sobre este plan”, disparó. “FIFA no puede seguir utilizando nuestro deporte para enriquecerse a sí misma y a sus amigos”.
El peso del voto pequeño
En el fondo del tablero hay una realidad que Infantino conoce bien. El sistema de “un país, un voto” le da a FIFA un equilibrio peculiar: Alemania, Brasil o Inglaterra valen lo mismo que una federación que nunca ha pisado un Mundial ni ha colocado un jugador en la élite europea.
Esas decenas de federaciones, muchas de ellas con infraestructuras precarias y presupuestos mínimos, suelen alinearse con quien garantice más fondos. Así ganó Infantino en 2016, así consolidó su poder en las reelecciones de 2019 y 2023. Prometer más dinero no es un detalle de campaña: es su marca.
Ahora vuelve a apelar a ese bloque. Y lo hace con una urgencia que inquieta a las grandes potencias.
Resistencia británica: “El fútbol no pertenece a los inversores”
La política británica se ha movido con rapidez. El primer ministro Andy Burnham, declarado aficionado al fútbol, se posicionó contra el plan en un mensaje en vídeo en Instagram.
“El fútbol no pertenece a los inversores”, lanzó. “Una vez que has vendido un trozo del Mundial, te has vendido. El fútbol pertenece a los aficionados. Siempre ha sido así y siempre lo será”.
El gobierno que lidera Burnham está preparando el apoyo a la candidatura conjunta de Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda para organizar el Mundial femenino de 2035, una sede que FIFA prevé confirmar en una reunión online en noviembre. Londres, por tanto, habla como aspirante a anfitrión y como guardián político de un determinado modelo de fútbol.
No es la primera vez que Westminster entra en escena. En 2021, las amenazas de legislación por parte del entonces primer ministro Boris Johnson contribuyeron a frenar el proyecto de la European Super League, visto como una amenaza existencial para la Champions League. Aquel plan, apoyado discretamente por Infantino, naufragó entre protestas de aficionados y presión política. El recuerdo pesa.
El futuro de Infantino en juego
Hasta hace unos días, el presidente de FIFA parecía encaminado a una reelección plácida para un cuarto y último mandato, hasta 2031. Sus apoyos en África, Asia y buena parte de América le daban una mayoría casi automática.
Este plan lo cambia todo. La operación ha encendido la frustración más allá de los círculos críticos habituales en Europa. Y el calendario aprieta: las federaciones tienen hasta el 18 de noviembre para presentar candidatos alternativos antes del congreso electoral previsto para el 18 de marzo en Rabat, Marruecos, uno de los aliados clave de Infantino y futura coanfitriona del Mundial 2030.
En paralelo, algunos observadores sospechan desde hace tiempo que Infantino aspira a un papel más largo y más ejecutivo que el de presidente tradicional. Un cargo de CEO o comisionado al frente de la nueva filial FIFA Forward Enterprise encajaría perfectamente en ese horizonte. Un organismo semiprivado, con contratos a largo plazo y menos control político directo, sería el escenario ideal para prolongar su influencia.
La batalla, sin embargo, ya no es sólo por un sillón. Es por la propiedad simbólica del Mundial. ¿Es un bien común del fútbol global o un activo comercial que puede trocearse y venderse al mejor postor?
El 19 de septiembre empezará a saberse quién manda realmente en el juego más popular del planeta. Y cuánto está dispuesto a vender para seguir mandando.






