Ilias Chair brilla en la victoria de QPR en Fratton Park
Durante tres décadas, Fratton Park ha sido casi territorio prohibido para Queens Park Rangers. Esta vez, Ilias Chair decidió romper el maleficio a base de talento, precisión y sangre fría.
El mediapunta marroquí firmó un doblete y repartió una asistencia en la victoria de QPR ante Portsmouth, apenas el segundo triunfo de los londinenses en este estadio en 30 años. Un golpe de autoridad y, sobre todo, un recordatorio de cuánto echaron de menos a Chair la pasada campaña, cuando se perdió cuatro meses por una lesión en el gemelo y la temporada de Rangers se desmoronó.
Golazo de Devlin y dominio inicial de Portsmouth
Portsmouth arrancó como un aspirante serio a la zona alta del Championship. Intensidad, ritmo y ocasiones. Conor Shaughnessy avisó pronto con un cabezazo alto y el debutante Luke Brooke-Smith obligó a intervenir a Pierce Charles.
El premio llegó al cuarto de hora, y de qué manera. QPR no consiguió despejar un balón parado, Ebou Adams recogió el rechazo y vio a Terry Devlin libre a más de 30 metros de portería. Control, mirada al frente y derechazo brutal. El disparo se abrió en el aire y se coló lejos del alcance de Charles, compañero suyo en la selección de Irlanda del Norte. Un gol que encendió Fratton Park y parecía marcar el guion del partido.
Portsmouth olía sangre. QPR, en cambio, se replegó, aceptó el papel de equipo reactivo y esperó su momento.
Chair despierta y QPR castiga a la contra
El momento llegó en el 33. Y con un regalo defensivo imperdonable para un equipo que sueña con subir un peldaño en la categoría.
Harvey Vale levantó suavemente el balón al corazón del área y allí apareció Chair. Toque sutil, casi a quemarropa, mientras el portero Nicolas Schmid y toda la zaga de Portsmouth se quedaban clavados, como si el balón no fuera con ellos. 1-1 y silencio incómodo en las gradas.
Ese gol cambió el partido. QPR olió la inseguridad local y fue letal. Siete minutos después, otra contra, otra estocada. Chair condujo con calma, levantó la cabeza y habilitó a Koki Saito. El japonés armó el disparo y el balón, tras desviarse en Devlin, descolocó a Schmid y terminó en la red. Tres disparos a puerta, dos goles. Eficacia quirúrgica del equipo de Julien Stephan.
La primera parte aún guardaba otro golpe para Portsmouth. En el segundo minuto del añadido, Amadou Mbengue arrancó por la derecha como un lateral envalentonado, ganó línea de fondo y puso un centro tenso. Chair, completamente solo, ajustó el cuerpo y colocó el balón lejos de Schmid. Su segundo tanto de la tarde. El tercero de QPR. Y la sensación de que cada transición visitante era un castigo.
Portsmouth perdona y QPR resiste
El plan de QPR era claro y funcionó casi a la perfección: bloque bajo, orden y velocidad en cada recuperación. Portsmouth, obligado a remar contracorriente, generó ocasiones, pero se estrelló una y otra vez en la falta de puntería y en Pierce Charles.
Shaughnessy tuvo en su cabeza la opción de reenganchar a los suyos, pero desperdició un libre remate mandándolo desviado. Abu Kamara, otro debutante, recibió un regalo del propio Charles, que le entregó el balón con un mal despeje, pero definió flojo y permitió al guardameta redimirse con una parada sencilla.
El asedio continuó. Marko Milovanovic también se topó con Charles, mientras Rocco Shein, bien colocado, cruzó demasiado su disparo cuando lo tenía todo para recortar distancias. Desde el banquillo, Josh Murphy, recién regresado tras una operación de pubis, aportó chispa y dejó una volea cruzada que se paseó frente al arco sin encontrar rematador.
Portsmouth empujó, QPR sufrió por momentos, pero el marcador ya no se movió. La diferencia estuvo en las áreas: donde unos se mostraron implacables, los otros se diluyeron.
En una división tan larga y despiadada como el Championship, noches como esta dejan algo más que tres puntos. Para QPR, la certeza de que con un Chair sano y en ritmo, todo el paisaje competitivo cambia. Para Portsmouth, una pregunta incómoda: puede un equipo que aspira a crecer permitirse ser tan frágil cuando el partido se rompe.






