ligahoy full logo

Hull City y el desafío de la Premier League

En un festivo de primavera abrasador, Sergej Jakirovic se asomó al balcón del City Hall de Hull y miró a unas 40.000 personas que no querían que la fiesta acabara nunca. La ciudad entera parecía comprimida en esa plaza cuando el técnico, con media sonrisa, recordó el objetivo que le habían marcado en verano. “Solo tenía una tarea antes de la temporada: mantenernos en Championship… He fallado. ¡Nos vamos a la Premier League!”, rugió. El estruendo de la respuesta todavía resuena tres meses después.

La frase no era una simple ocurrencia. Apenas 48 horas antes, un gol tardío de Oli McBurnie había sellado un 1-0 ante Middlesbrough en la final del playoff de Championship y había empujado a Hull hacia una de las promociones más improbables de los últimos años. El curso anterior, el club se había salvado del descenso a League One por diferencia de goles. De rozar el abismo a tocar el cielo en un año. Jakirovic, un personaje magnético y gran contador de historias, encontró la piedra filosofal donde nadie la veía.

De cuento de hadas a misión imposible

La resaca del ascenso ya ha dejado paso a otra realidad: Hull vuelve a necesitar un milagro, quizá aún mayor, para quedarse en la Premier League. Casas de apuestas y analistas los han colocado directamente en la casilla de descenso. Entre ellos, dos voces con peso mediático, los exinternacionales ingleses Carlton Cole y Joe Cole, que se burlaron del equipo en su pódcast esta semana.

“Hull está acabado, tío”, sentenció Joe Cole. “Han gastado 70 millones de libras y me sorprendería muchísimo que se salven. Han entrado por la puerta de atrás, se han colado”.

El mensaje corrió rápido por las redes. También la indignación de los aficionados de los Tigers. Pero al hombre en el centro del huracán no le tembló el pulso.

Jakirovic apareció ante los medios, en la previa de la visita de Manchester United al MKM Stadium el sábado al mediodía, con el mismo aire desafiante con el que dirigió el playoff. “Estoy a tope”, dijo el técnico de 49 años. “Claro que hay una brecha muy grande entre Championship y Premier League. Nos enfrentamos a los mejores equipos, jugadores y entrenadores, y he visto todas las predicciones. Pero es una motivación enorme para demostrar que se equivocan, porque no tenemos nada que perder”.

No hay nostalgia en su discurso. “Lo que hicimos la temporada pasada fue un logro muy grande, pero esto es fútbol y lo que pasó ayer ya no cuenta. Queremos mejorar y demostrar que podemos desarrollarnos para hacerlo aún mejor como equipo. Y, por supuesto, necesitamos otro milagro para sobrevivir. Si lo conseguimos, será un logro todavía mayor que el ascenso. Necesitamos 40 puntos, así que todo está muy claro”.

Orgullo herido y una ciudad que camina más erguida

Hull, una ciudad acostumbrada a recibir titulares poco amables, ha encontrado en este equipo una forma distinta de mirarse al espejo. El efecto Jakirovic se nota en las gradas, en las calles, en la manera de hablar del club. Y por eso las palabras de los Cole no se quedaron sin respuesta.

“Fue estúpido y una falta de respeto hacia el club y los jugadores, porque nos hemos ganado todo en el campo; nadie nos ha regalado nada”, replicó el entrenador. “No es justo, sobre todo viniendo de exjugadores que saben lo duro que se trabaja para llegar a la Premier League. Si estuvieran en mi posición, lucharían. Es muy fácil decir que vamos a quedar vigésimos, pero ¿pueden apostar todo a eso? Que lo pongan todo ahí o que lo pierdan, ya veremos. Pero no estamos aquí por accidente”.

Jakirovic habla con la convicción de quien ha visto cosas peores que un pronóstico de descenso. Nacido en Mostar, entonces Yugoslavia, creció en Metkovic, en Croacia, con los ecos de los cazas y las sirenas de los refugios antiaéreos durante las guerras de los Balcanes en los años 90. Ese pasado explica parte de su dureza, de su calma. El fútbol, comparado con aquello, es solo un juego. Un juego que, eso sí, quiere ganar.

Su carrera como central lo llevó por ligas de Eslovaquia, Eslovenia y Bulgaria antes de dar el salto a los banquillos. Hull es ya su octavo club en nueve años como técnico. Un viaje inquieto que ha encontrado, de momento, su mayor escaparate en la costa del Humber.

“Siempre duermo como un bebé porque, al final del día, esto es solo deporte”, comentó, sonriendo. “Tengo que estar fresco el sábado; también necesito mostrar mi potencial y demostrar que puedo manejar este escenario. Y no tengo ninguna duda, porque ya he demostrado que soy capaz de hacer cosas grandes”.

Fichajes, dudas y una alianza en el palco

Mientras el técnico marca el tono desde el vestuario, la otra gran figura del proyecto se sienta en el palco. El presidente Acun Ilicali no ha escatimado en recursos ni en declaraciones de apoyo. Ha prometido públicamente que mantendrá a Jakirovic en el cargo incluso si Hull desciende. Y ha impulsado una reconstrucción profunda de la plantilla.

Once fichajes, récord de traspaso del club roto dos veces en el mismo verano y varios refuerzos todavía en la enfermería. El plan ha sido tildado de caótico por algunos observadores. Para Jakirovic, el trabajo apenas empieza.

“Esperamos tres o cuatro jugadores más”, adelantó. “Hemos incorporado buenos futbolistas con potencial, pero también soy consciente de que necesitan más tiempo para adaptarse y construir química con el equipo”.

El técnico insiste en la sintonía con el dirigente turco. “El señor presidente y yo tenemos una conexión muy buena desde nuestra primera reunión y lo hacemos todo juntos. En todas las decisiones, siempre estamos hablando y tratando de mejorar nuestro equipo de muchas maneras”.

La cuarta promoción a la Premier League desde 2008 ha devuelto a Hull al gran escenario. Esta vez, con un entrenador que no se deja impresionar por los focos ni por los pronósticos agoreros. El cuento de hadas ya está escrito. Lo que empieza ahora, ante Manchester United y frente a una liga que no perdona, es otra historia: la de un recién ascendido al que todos dan por muerto… salvo los que se visten de naranja y negro cada fin de semana.