Gianni Infantino y la caída de su plan en FIFA
La semana que empezó con Gianni Infantino sacando pecho por los 15.000 millones de dólares generados por el último Mundial masculino terminó con el presidente de FIFA dando un giro de 180 grados, aislado y cuestionado como nunca desde que llegó al poder en 2016.
Tarde en la noche del viernes, acorralado por la rebelión de las grandes confederaciones y por la insurrección dentro de su propio equipo, Infantino anunció que retiraba el polémico proyecto para vender una participación minoritaria de las operaciones comerciales y de eventos del organismo.
“Este proyecto ha creado divisiones… esta propuesta no seguirá adelante”, admitió en un comunicado. Un mensaje corto, casi seco, para cerrar uno de los episodios políticos más turbulentos de la FIFA reciente.
El plan que encendió todas las alarmas
FIFA había presentado el martes una idea tan ambiciosa como explosiva: crear una nueva entidad privada, FIFA Forward Enterprises (FFE), a la que se transferirían sus principales competiciones —Mundiales, Mundiales de Clubes y otros grandes eventos— y vender un 21 por ciento de ese negocio a inversores externos.
El objetivo era claro: ingresar 4.200 millones de dólares de forma inmediata, dinero que se canalizaría hacia las 211 federaciones miembro a través de un nuevo programa de financiación, el FIFA Fast-Forward Programme (FFFP). Con ese esquema, el organismo prometía que su inversión total en desarrollo superaría los 10.000 millones en los próximos cuatro años.
La letra pequeña, sin embargo, encendió las alarmas. Incluso si una federación votaba en contra del proyecto FFE pero la propuesta salía adelante, FIFA le garantizaba 20 millones de dólares en el ciclo 2027-30, 22 millones en 2031-34 y 24 millones en 2035-38. Si apoyaba el plan, el primer pago se duplicaba hasta 40 millones en 2027-30, manteniéndose iguales las cantidades posteriores.
El mensaje implícito era evidente: quien se alineara con Zúrich cobraría el doble al principio. Un incentivo económico tan agresivo que muchos leyeron como un intento de comprar voluntades en pleno debate sobre el futuro del fútbol global.
Rebelión de las confederaciones
La respuesta no tardó. UEFA fue la primera en levantar la voz, y lo hizo con un golpe directo: sus 55 asociaciones, avisó, estaban dispuestas a boicotear competiciones FIFA —incluidos los Mundiales— si el plan seguía sobre la mesa.
Concacaf se sumó. La AFC, la confederación asiática, también. Entre las tres, representan a 137 de las 211 federaciones miembro. Una mayoría potencial capaz de bloquear cualquier reforma de calado.
FIFA trató de aguantar la posición. En la madrugada del viernes en Europa, emitió un comunicado insistiendo en que “nadie está vendiendo el fútbol”, asegurando que escuchaba las preocupaciones, pero reafirmando su intención de seguir adelante y su compromiso con una “consulta abierta y democrática”.
La presión no bajó. Todo lo contrario. Poco después, la AFC publicó su propia nota respaldando a UEFA y Concacaf. El frente común estaba ya claramente dibujado.
Desde Sudamérica, CONMEBOL evitó romper del todo con Zúrich, pero marcó distancias con una frase que pesó: las decisiones financieras y comerciales “deben servir siempre a los intereses del fútbol y nunca anteponerse a su esencia”. Un aviso en voz alta desde un continente clave.
El círculo interno se rompe
El terremoto, sin embargo, llegó desde dentro. Primero, Carlos Cordeiro, asesor de Infantino y figura con peso político, presentó su dimisión con una carta demoledora. Calificó el proyecto como “un mal acuerdo para las asociaciones miembro de FIFA, un mal acuerdo para el fútbol y un mal acuerdo para el futuro a largo plazo del juego”.
Luego habló Kevin Lamour, director de operaciones de FIFA. En declaraciones a The Associated Press, acusó a Infantino de haber “engañado” al personal sobre la naturaleza del plan y confesó que dormiría mejor después de decir lo que pensaba, aunque eso le costara el puesto.
“Es el proyecto de una sola persona”, sentenció Lamour. Y remató con un desafío directo a la dirigencia: “No solo este proyecto no debe seguir adelante… ha llegado el momento de que los líderes políticos del fútbol se hagan las preguntas correctas y tomen las decisiones correctas”.
En ese contexto, la participación de la firma de capital riesgo Thrive, del empresario Joshua Kushner, quedó en un segundo plano. Hasta la noche del viernes no se había retirado del acuerdo, pero el giro de FIFA hizo irrelevante cualquier negociación pendiente.
Un presidente debilitado
La secuencia de las últimas 48 horas dejó a Infantino expuesto como nunca. Lo que empezó como una batalla de ideas sobre el modelo de negocio del fútbol se convirtió en una lucha abierta por su supervivencia política.
Durante las reuniones de UEFA y Concacaf del jueves, varios dirigentes ya pusieron sobre la mesa la cuestión que hasta hace poco parecía tabú: el futuro liderazgo de Infantino. The Athletic informó de que su continuidad empezó a ser discutida con seriedad.
Hasta hace unas semanas, el suizo-italiano aparecía como un candidato prácticamente intocable para las elecciones de marzo de 2027, sin rivales a la vista y con varias federaciones habiendo remitido ya cartas de apoyo formal. Ese paisaje ha cambiado de golpe.
Lise Klaveness, presidenta de la Federación Noruega, lo resumió sin rodeos en declaraciones al medio VG: su impresión es que Infantino “ha perdido una gran parte de la confianza”. Recordó que Noruega no le votó en la última elección y que ya entonces mantenía una postura escéptica. Su advertencia va más allá de un nombre propio: “Si se adopta una actitud laxa con los principios de gobernanza y las reglas, se pierde la confianza muy rápido”.
De la victoria económica al desgaste político
El contraste es brutal. El mismo dirigente que hace nada presumía de haber llevado los ingresos de FIFA a cifras récord con el último Mundial, hoy se ve obligado a desactivar su gran proyecto estratégico ante la amenaza de boicots, la desconfianza de tres confederaciones poderosas y la rebelión de colaboradores clave.
La retirada del plan de FFE y de la venta del 21 por ciento no borra las preguntas que ha dejado abiertas. ¿Hasta dónde está dispuesta la comunidad del fútbol a permitir la entrada de capital externo en el corazón de las competiciones? ¿Quién debe marcar los límites entre negocio y esencia del juego?
Para Infantino, lo urgente es otra cosa: sobrevivir políticamente a este revés. Los estatutos fijan noviembre como fecha límite para la presentación de candidaturas a las elecciones de 2027. Varios dirigentes ya se mueven en la sombra, miden apoyos, sondean alianzas.
El proyecto ha muerto. La batalla por la presidencia, esta vez, promete estar muy viva.






