Gattuso cierra el conflicto interno y rinde homenaje a Baresi
La tarde había terminado con un 6-3 en un amistoso ante Avellino, marcador generoso y buenas sensaciones sobre el césped. Pero el foco, inevitablemente, apuntaba a otra parte: el ruido alrededor del conflicto interno con Taylor. Gennaro Gattuso lo cortó de raíz.
El técnico explicó que el asunto se resolvió casi a la velocidad de uno de sus viejos tackles en el centro del campo: “Para mí se acabó después de treinta minutos”, recordó, restando dramatismo a un episodio que había alimentado titulares. Sin rodeos, dejó claro que el vestuario pasó página en media hora y que no hubo secuelas.
“Quien me conoce sabe cómo pienso, cuál es mi estilo”, subrayó. Una frase que suena a declaración de principios. Gattuso defendió su manera frontal de gestionar el grupo y dejó un mensaje hacia fuera: la polémica no va a marcar el rumbo de la temporada. “Lo habéis visto esta tarde. Tenemos que tener este espíritu”, insistió, ligando la respuesta del equipo en el campo con la solidez del vestuario.
Un equipo que empieza a parecerse a su entrenador
Más allá del ruido extradeportivo, Gattuso se mostró satisfecho con la evolución táctica de los suyos. El 6-3 no fue solo un festival ofensivo, también un pequeño manifiesto de la idea que quiere imponer.
“El equipo está empezando a hacer lo que queremos: presión alta, línea adelantada, ir hombre a hombre”, explicó, dibujando un plan de juego agresivo, valiente, muy reconocible para quien le vio como futbolista. Esa identidad, tan marcada, empieza a asomar.
Hay entusiasmo. Y se nota en el tono del entrenador: “Estamos trabajando bien, es un placer entrenarlos”. No es una frase hueca en boca de alguien tan exigente. Cuando Gattuso habla de placer, suele ir ligado a esfuerzo, compromiso y una intensidad que no negocia.
El adiós a un capitán eterno
En medio de la charla táctica y de la gestión de egos, el tono cambió cuando apareció un nombre que pesa más que cualquier sistema: Baresi. La leyenda de Milan falleció el viernes y Gattuso, que compartió vestuario y jerarquía con él, se detuvo para rendirle un homenaje cargado de respeto.
“Condolencias a la familia”, comenzó, antes de abrir una ventana íntima a su relación con el mítico defensor. “Cuando hablaba con él me ponía firme: era el capitán, un hombre que hablaba y sonreía poco, pero esas pocas palabras nunca estaban equivocadas”. En esas líneas se resume la figura del líder silencioso, el que no necesita gritar para ordenar un vestuario y un campo entero.
Gattuso fue más allá en su recuerdo: “Fue único, una leyenda. Nos ha dejado demasiado pronto, pero se ha ido a hacer compañía a muchos grandes campeones”. No es una frase hecha; en boca de alguien que vivió la élite, suena a reconocimiento de pertenencia a un panteón reservado a muy pocos.
El técnico subrayó también la dimensión histórica del exlibero de Milan: “Permanecerá en la historia del fútbol mundial, habría merecido un Balón de Oro por su carrera, por la manera en que cambió el rol de libero”. No hay exageración en esa valoración para quien vio cómo Baresi adelantó líneas, mandó defensas y condicionó una época.
En una sola comparecencia, Gattuso hizo dos cosas que definen a un entrenador con peso: cerró una herida interna antes de que se infectara y recordó al mundo que, por encima de cualquier polémica pasajera, el juego sigue girando alrededor de figuras que lo transformaron para siempre.






