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Fermín regresa a la selección tras el Mundial y Raphinha brilla en el Sánchez-Pizjuán

En el césped del Sánchez-Pizjuán, con el ruido aún retumbando en la grada, Fermín se marchó al vestuario con algo más que tres puntos en el bolsillo. Se fue con una herida cerrándose y otra puerta abriéndose. El canterano de La Masia, nacido en El Campillo, vuelve a la selección de Luis de la Fuente para los próximos partidos de la Nations League. Para él, a sus 23 años, no es una simple convocatoria: es la reparación emocional de un verano que le dejó fuera del Mundial de 2026 por culpa del físico.

No lo escondió. «Estoy muy feliz de volver a la selección. Fue muy duro no ir al Mundial. He empezado bien la temporada y estoy contento de volver a la selección», admitió, todavía con la adrenalina del partido en la voz.

La noche de Raphinha

Mientras Fermín recupera su sitio en la Roja, la noche, el foco y los gritos del Sánchez-Pizjuán llevaron el nombre de Raphinha. El brasileño firmó un hat-trick demoledor, de esos que desordenan defensas y también jerarquías. La pizarra de Hansi Flick lo ha ido empujando hacia dentro, alejándolo de la cal, acercándolo al área. Ya no vive pegado a la banda: ahora pisa zonas de nueve.

El cambio ha explotado en cifras. Raphinha suma ya 12 goles en solo siete partidos. Ritmo de Pichichi, ritmo de delantero centro consagrado. Y dentro del vestuario nadie se sorprende más que para aplaudir.

«Raphinha es nuestro nueve inesperado. Es tremendo lo que está haciendo. Es muy bueno y se adapta a cualquier posición. Nosotros le damos los pases y él marca los goles. Nunca había jugado de delantero centro y está haciendo números muy buenos», subrayó Fermín, señalando al nuevo faro del ataque.

La etiqueta es clara: “nueve inesperado”. La realidad, también: todo lo que le cae cerca del área, lo convierte en amenaza.

Sevilla aprieta, el plan responde

El escenario no perdona. El Sánchez-Pizjuán no regala nada. Fermín lo remarcó al analizar el partido: jugar allí es sobrevivir a una ola constante de presión, de duelos, de ruido.

«Sevilla nos mete mucha presión aquí en su estadio, y los tres goles de Raphinha han sido decisivos. El míster nos pide ser muy intensos, presionar alto tras perder el balón», explicó el centrocampista.

Ahí está la hoja de ruta de Flick, condensada en una frase: intensidad máxima y presión alta inmediata tras pérdida. El equipo lo ejecutó entre el vértigo del ambiente y los espacios que se abrían a la espalda de la zaga rival. Cada recuperación arriba era una amenaza. Cada transición, una invitación a Raphinha para seguir engordando sus números.

Fermín, entre líneas, es el símbolo de este momento: un jugador que vuelve a levantarse tras un golpe duro, en un equipo que ha encontrado en un extremo reciclado a nueve su arma más salvaje. La Nations League asoma y él ya está de vuelta. La pregunta ahora es hasta dónde puede llegar este nuevo rol de Raphinha… y cuánto puede empujar Fermín a una selección que también busca reinventarse.