Everton inicia la temporada con victoria sobre Crystal Palace
Everton necesitó un susto temprano para despertar, pero terminó estrenando la temporada de la Premier League con algo que no conocía desde hacía cinco años: una victoria en la primera jornada. En el Hill Dickinson Stadium, el equipo de David Moyes venció 2-0 a Crystal Palace y se quitó de encima el peso de una larga racha sin triunfos en liga.
Los goles de Kiernan Dewsbury-Hall y Thierno Barry, uno justo antes del descanso y otro nada más volver de vestuarios, bastaron para asegurar el primer triunfo inaugural desde aquel 3-1 ante Southampton en agosto de 2021, entonces con Rafa Benítez en el banquillo. También cortaron una serie de ocho partidos de Premier sin ganar, arrastrada del tramo final del curso pasado.
Un Palace sin Sarr y con la mira torcida
El partido empezó cuesta arriba para el nuevo técnico de Palace, Pierre Sage. Antes de que el balón rodara ya tenía un problema mayúsculo: no podía contar con Ismaila Sarr, máximo goleador del equipo la temporada pasada con 21 tantos en todas las competiciones y pieza clave en la conquista de la Conference League. El delantero, en plena ola de rumores sobre un posible traspaso a Galatasaray, ni siquiera viajó con la expedición.
La ausencia se notó de inmediato. Con menos de cuatro minutos disputados, Eddie Nketiah aprovechó un mal despeje de James Tarkowski y dejó solo a Jean-Philippe Mateta dentro del área. El francés tenía el 0-1 en sus botas, pero mandó el balón por encima del larguero. Primera gran ocasión, primer lamento.
Ese aviso desnudó a una defensa de Everton todavía en construcción, sin un lateral derecho natural. Pero también activó al equipo de Moyes. Ocho minutos después, Dewsbury-Hall filtró un pase al improvisado lateral Merlin Röhl, que puso un centro atrás perfecto para Iliman Ndiaye. El senegalés remató con potencia, directo a las manos de Dean Henderson. Everton respondía.
La primera parte se convirtió en un ejercicio de supervivencia defensiva para los locales, con Jordan Pickford sosteniendo al equipo y los postes aliándose con ellos. Nketiah y Mateta se toparon con la madera, mientras Sage miraba incrédulo desde la banda. El plan de partido de Palace generaba ocasiones; el marcador, en cambio, seguía congelado.
Hasta que la puntería cambió de bando.
Dewsbury-Hall rompe el partido, Barry lo sentencia
A tres minutos del descanso, Dewsbury-Hall encontró el hueco que nadie había logrado abrir. Recibió en la frontal, se perfiló y soltó un disparo tenso, ajustado al palo largo, imposible para Henderson. Un golpe seco, demoledor para un Palace que había coqueteado con el gol sin recompensa.
El 1-0 alteró por completo el paisaje. Everton, que había sufrido, se marchó al vestuario con ventaja y con la sensación de haber superado su tramo más delicado. Palace, en cambio, se fue rumiando ocasiones perdidas y la sombra de Sarr planeando sobre cada jugada fallada.
La segunda parte apenas necesitó ocho minutos para confirmar el giro definitivo. Ndiaye, muy activo entre líneas, encontró espacio en la izquierda y sacó un centro envenenado al corazón del área. Thierno Barry se anticipó a todos y, de cabeza, empujó el 2-0. Simple, contundente, letal.
Desde ese momento, el partido cambió de tono. Everton empezó a sentirse cómodo en su nueva casa; Palace, desorientado.
Un nuevo hogar que empieza a parecer estadio de verdad
Moyes había descrito en la víspera el primer año en el Hill Dickinson Stadium como una habitación de una casa nueva en la que solo se ha puesto el papel pintado. Bonita, pero aún sin vida. Seis victorias en 19 partidos de Premier en su estreno en el recinto, demasiado poco para convertirlo en fortín.
Este triunfo no borra de golpe esos números, pero sí deja una sensación distinta. La mezcla de un Dewsbury-Hall dominante, un Pickford decisivo con un par de paradas magníficas y un equipo que supo resistir cuando más apretaba Palace, dibuja un escenario mucho más optimista.
Cuando sonó el pitido final, la grada ya no miraba el estadio como un lugar extraño. Las primeras victorias empiezan a convertirse en parte del mobiliario, como quería Moyes. Falta reforzar la plantilla —el propio técnico sabe que necesita uno o dos fichajes antes del cierre del mercado—, pero el punto de partida es otro: ya no se entra en casa con miedo.
Golpes para Sage y un Palace en transición
Para Pierre Sage, la tarde fue un baño de realidad. Se convirtió en el 15º técnico que pierde su primer partido de Premier al frente de Crystal Palace, un dato frío que no refleja por sí solo lo cruel del desarrollo. Su equipo generó ocasiones, golpeó dos veces la madera y perdió por lesión a Chadi Riad, retirado en camilla mediado el segundo tiempo por lo que pareció una grave lesión de rodilla.
La imagen del central abandonando el campo resumió la sensación de un Palace que salió de Liverpool con algo más que una derrota. Sin Sarr, sin Maxence Lacroix —otro pilar defensivo que ya no está— y con la posibilidad real de que su goleador cambie de aires antes del cierre del mercado, el vigente campeón de FA Cup y equipo que levantó tres títulos en los últimos 12 meses encara un periodo de transición tan inevitable como exigente.
En otro día, con Sarr en el césped y un poco menos de hierro en los postes, quizá los jugadores de Palace habrían sido los que bailaran de vuelta al vestuario. Esta vez, en cambio, se marcharon cabizbajos, con Sage tratando de digerir la dureza de la Premier y la fragilidad de los márgenes que deciden un partido.
Everton, mientras tanto, se permitió algo que llevaba tiempo sin disfrutar: mirar la tabla en la primera jornada y verse arriba, con una victoria en el bolsillo y la sensación de que, por fin, su nueva casa empieza a parecer el lugar donde puede construirse una temporada seria. La cuestión es si este primer paso será un destello aislado o el inicio de un camino más ambicioso.






