Everton y su falta de gol en el amistoso contra Bolton
Un 0-0 anodino en pleno julio puede parecer irrelevante. Para este Everton, no lo es. El equipo de David Moyes salió de su visita a Bolton Wanderers con la portería a cero, piernas algo más rodadas y una certeza incómoda: le falta muchísimo gol.
En el corazón de Lancashire, el amistoso dejó menos brillo que preguntas.
El regreso de Branthwaite, la mejor noticia
Entre tanto gris, una luz clara: Jarrad Branthwaite volvió al once titular y lo hizo con el dorsal 4, signo inequívoco de jerarquía. Su regreso tras los problemas físicos es, a día de hoy, casi un fichaje en sí mismo para un técnico que sigue atado de manos por la falta de incorporaciones.
El único refuerzo veraniego, Hayden Hackney, ni siquiera entró en la convocatoria. Tyler Dibling, con un pequeño golpe, también se quedó fuera. Ambos apuntan a minutos ante Stoke City el martes, pero en Bolton fueron solo nombres ausentes en una lista corta.
James Garner ya está en fase de recuperación tras pasar por el quirófano por sus problemas de pubis, mientras que Vitalii Mykolenko se reincorporó al grupo después de perderse el duelo anterior por el nacimiento de su segundo hijo. Detalles que humanizan una pretemporada áspera.
Un primer tiempo espeso y un delantero desconectado
El partido arrancó con el guion del equipo de casa mandando. Bolton metió a Everton en su campo desde el inicio, obligando a los de Moyes a correr hacia atrás. Un balón largo de O’Brien para que Barry lo persiguiera provocó la primera acción polémica: mala salida y mal despeje del portero local, choque con el delantero y falta señalada en contra de Everton. Ocasión abortada.
El conjunto de Liverpool protestó, con razón, un córner no concedido tras una buena incorporación de Merlin Röhl por la derecha. El asistente no vio el desvío de un defensa de Bolton y la jugada murió. El ritmo, no. Los locales siguieron instalados en campo rival y Rodríguez probó a Travers desde la esquina del área.
Everton respondió a ráfagas. Aznou filtró un pase estupendo al pie de Barry, que dudó, no remató de primeras y permitió la recuperación del central. Sí generó algo más de peligro cuando su centro fue desviado a córner. El saque en corto terminó en otro tiro de esquina, pero los envíos fueron tan blandos como previsibles.
En medio de tanta imprecisión, Iroegbunam sostuvo al equipo como mediocentro destructor, mientras el árbitro dejaba pasar más de una falta local. Bolton rozó el gol con un cabezazo que se fue por poco, con Travers bien colocado.
La mejor acción de Everton antes del descanso nació en la salida de balón. Tarkowski rompió líneas con un gran pase a McNeil, que dibujó un centro perfecto para la llegada de Barry. El remate, cruzado, se marchó por centímetros. Poco después, una magnífica aparición de primeras de Röhl por la derecha terminó en gol de Barry, pero el asistente levantó el banderín por un fuera de juego muy ajustado.
Bolton también encontró espacios a la espalda de Aznou, que se rehízo a tiempo para incomodar el disparo del delantero. Al otro lado, el propio Aznou y Barry combinaron bien, pero el centro final volvió a quedarse corto. El resumen de la tarde.
Barry dispuso de otra ocasión clara tras una buena pared con Armstrong, pero su disparo, sin convicción, acabó como un pase suave a las manos del guardameta. El tramo final del primer tiempo dejó a Everton algo más adelantado, aunque la carencia es evidente: falta colmillo en el área y también desde segunda línea.
Una segunda parte que desnuda las carencias
El segundo acto arrancó con una jugada que retrató el estado de confianza de Everton en ataque. Barry recibió en zona peligrosa, con solo un defensor por delante. En lugar de perfilarse y disparar, tocó el balón, sin mirar, hacia la izquierda… donde no había nadie. El esférico salió por la línea de banda. Una escena difícil de explicar en fútbol profesional.
En la portería, King reemplazó a Travers y pronto tuvo trabajo: un buen cabezazo de Bolton le obligó a una parada de mérito, con Keane atento para incomodar al rematador. Atrás, el equipo respondió. En el medio y arriba, la historia fue otra.
Barry perdió un balón con una facilidad alarmante en la medular. Moyes no necesitó más señales: entrada inmediata de Beto para intentar cambiar el panorama ofensivo.
McNeil encontró a Röhl en la derecha y el alemán sacó un disparo cruzado que obligó al portero a intervenir. Fue una de las pocas acciones de ataque con intención real. George y Dewsbury-Hall también combinaron bien por la izquierda, aunque el centro final se paseó sin encontrar rematador.
Al cumplirse la hora, Bolton movió el banquillo y el partido se fragmentó. En ese contexto, un balón largo parecía perfecto para que Beto lo atacara. El control del bote lo descolocó y su remate terminó altísimo y desviado. Otra ocasión desperdiciada, otro gesto de frustración.
King tuvo que intervenir de nuevo para desviar a córner un disparo local. En la otra área, Dewsbury-Hall fue agarrado de la camiseta de forma descarada y el árbitro mostró la amarilla. La falta no se tradujo en nada peligroso.
McNeil probó suerte desde lejos. El intento, tan desviado como los anteriores, reflejó la falta de precisión general. Bolton aprovechó el mal disparo para adelantar líneas y forzar otro córner tras un desvío de Keane.
George buscó un cambio de orientación ambicioso hacia McNeil que se marchó directamente fuera. Un error que coincidió con una nueva tanda de cambios en Bolton y cortó cualquier atisbo de continuidad.
El lateral zurdo, eso sí, dejó uno de los mejores gestos técnicos del tramo final: un pase medido al espacio para Beto. El delantero, de nuevo, no supo resolver. Entre tropiezos y controles fallidos, perdió el balón. Demasiado poco para un atacante llamado a marcar diferencias.
En balón parado tampoco llegó la solución. Una falta botada por George acabó en un cabezazo hacia atrás de Tarkowski que Keane no logró dirigir entre los tres palos. Su remate, desviado, ni siquiera inquietó.
Con diez minutos por jugarse, Moyes agotó cambios. Mykolenko apareció providencial en una llegada peligrosa de Bolton, estirándose para cortar un pase definitivo a costa de un córner que la defensa despejó con solvencia.
Todavía hubo tiempo para un destello individual: Malik Olayiwola se animó desde muy lejos y conectó un disparo potente, bien dirigido, pero demasiado centrado. El portero lo blocó sin excesivos problemas. Bolton respondió con una incursión por el centro que terminó en la red… exterior.
Un aviso en pleno verano
El pitido final cerró un 0-0 que, en la hoja de ruta de pretemporada, puede venderse como “buen entrenamiento”. Minutos para muchos, regreso de piezas importantes, portería a cero. Todo cierto.
Pero el subtexto pesa más: la falta de pegada es clamorosa, los delanteros no transmiten seguridad y el equipo depende en exceso de momentos aislados de McNeil, Röhl o algún lateral inspirado. Para un club que ya sufrió el curso pasado por su falta de gol, el mensaje es claro.
O Everton encuentra soluciones dentro del vestuario en las próximas semanas, o el mercado tendrá que traerlas desde fuera. Porque partidos como el de Bolton, cuando el verano se convierta en invierno y los puntos estén en juego, no se perdonan.






