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Estados Unidos derrota a Australia y avanza en el Mundial

En Seattle ganó el fútbol. Y también ganó Estados Unidos.

En una tarde templada y luminosa en el noroeste del Pacífico, la selección anfitriona firmó un 2-0 sólido ante Australia que la mete en octavos y la deja a un paso de asegurar el primer puesto del Grupo D, pendiente de lo que ocurra en el Turquía-Paraguay. Ante 66.925 espectadores, el Seattle Stadium se convirtió, por unas horas, en la capital ruidosa y orgullosa de “Soccer City, USA”.

Un duelo con más peso que tres puntos

Estados Unidos y Australia juegan cada Mundial con una presión distinta a la del resto: no solo compiten por avanzar de ronda, también por ganar territorio en países donde el fútbol pelea espacio con otros deportes. Cada partido parece un referéndum sobre el futuro del juego.

En un grupo tan equilibrado como el D, y con ambos equipos llegando tras victorias convincentes en su debut, el contexto no admitía relajación. La hinchada australiana, vestida casi por completo de amarillo y agrupada en tres grandes núcleos en el fondo sur, se hizo oír desde el primer minuto. Pero el ruido de fondo era inequívoco: era una noche de localía feroz para Estados Unidos.

El ambiente se encendió del todo con la pasada de cuatro helicópteros militares, perfectamente sincronizada con el final del himno local. Un golpe de efecto que añadió gravedad y una dosis de fervor patriótico antes de que rodara el balón.

Sin Pulisic, pero con plan

La previa estuvo marcada por un solo nombre: Christian Pulisic. El atacante abandonó el estreno mundialista al descanso por una lesión en la pantorrilla y se entrenó al margen toda la semana. Poco antes del inicio, Mauricio Pochettino confirmó lo que muchos temían: no estaba disponible.

La pregunta era obvia: ¿cómo iba a romper Estados Unidos la zaga australiana sin su gran estrella?

Australia, además, llegaba con combustible extra. En los días anteriores, varios analistas estadounidenses habían calificado a los Socceroos como un “layup”, poco menos que un trámite. En el vestuario rival no gustó. Mientras tanto, jugadores y cuerpo técnico de Estados Unidos repetían casi como un lema el respeto por la calidad del conjunto de Tony Popovic y la dificultad del choque.

El aviso de que no habría paseo llegó en el primer minuto. Un pase impreciso de Alex Freeman fue cazado por un atento Mohamed Touré, que encaró a Chris Richards y sacó un disparo cruzado desde un ángulo cerrado que atrapó Matt Freese sin problemas. Fue un susto temprano, pero también el punto de inflexión.

A partir de ahí, Estados Unidos tomó el control. Balón, territorio y paciencia para abrir una defensa bien plantada, atacando por ambos costados.

Balogun fuerza el error, Freeman amplía

El primer golpe llegó por la banda izquierda. Antonee Robinson encontró a Folarin Balogun, desplazado al sector donde normalmente aparece Pulisic. El delantero ganó en velocidad a Jacob Italiano y puso un centro raso y tenso al área. Burgess, descolocado y sin tiempo para reaccionar, terminó desviando el balón hacia su propia portería.

Segundo partido consecutivo en el Mundial en el que Estados Unidos se adelanta con un autogol. A diferencia de Paraguay, que se desmoronó bajo la presión, la zaga australiana no se quebró. Aguantó el tipo, pese a que el equipo de Pochettino siguió empujando por todos los caminos posibles.

La respuesta de Australia casi llega de inmediato. Dos minutos después, Touré aguantó de espaldas ante una defensa bien cerrada y cedió para Mathew Leckie, que intentó un remate de tres dedos desde la frontal, buscando rodear a Richards. El disparo se marchó alto y desviado, pero recordó a todos que el partido seguía abierto.

El duelo físico, anunciado por ambos como una de las claves, empezó a asomar en destellos. Nishan Velupillay encendió a la grada local con una entrada dura sobre Tyler Adams frente al banquillo estadounidense. Poco después, Jordan Bos vio la primera amarilla por una mano en el rostro de Weston McKennie. Más tarde, Alessandro Circati fue amonestado por enganchar el talón de Malik Tillman cuando este se lanzaba hacia el área australiana. El libre directo resultante fue despejado con valentía.

En el 39, un choque de cabezas entre Freeman y Paul Okon-Engstler detuvo el juego y dejó a ambos en el suelo, atendidos por los servicios médicos. Siguieron en el campo. Y Freeman, pocos minutos después, pasó de la conmoción al éxtasis.

La jugada nació precisamente en la insistencia de Tillman, que peleó con Velupillay para evitar que el balón saliera por la línea de fondo australiana y acabó forzando una falta peligrosa. Robinson tocó en corto hacia la frontal, donde esperaba Sergiño Dest. El disparo del lateral fue desviado de forma acrobática por Harry Souttar, pero el rebote cayó muerto en el área. Freeman llegó antes que nadie y empujó la pelota a la red.

El tanto fue revisado por posible fuera de juego, pero terminó concedido. En un gesto casi cómico, Freeman, ya de vuelta en su posición de central, acabó celebrando en el otro extremo del campo, rodeado por compañeros que salieron disparados desde el banquillo. 2-0 y un golpe anímico durísimo justo antes del descanso.

Popovic se la juega, Pochettino se blinda

Popovic no esperó. El descanso trajo una revolución: Jason Geria por Burgess, y al campo los dos goleadores del debut, Nestory Irankunda y Connor Metcalfe, en lugar de Touré y Velupillay. El dibujo se transformó en un 4-3-3 muy agresivo con balón, que volvía a línea de cinco sin él.

El riesgo se notó enseguida. A los siete minutos de la reanudación, McKennie recuperó y lanzó un pase profundo que dejó a Balogun corriendo solo hacia portería, con Souttar como único perseguidor. El remate del delantero fue bloqueado, pero el aviso quedó marcado: si Australia se volcaba, Estados Unidos tenía metros para matar al contragolpe.

También hubo premio para los oceánicos. Robinson vio la primera amarilla local en el 56 al cortar una progresión por su banda. Australia empezaba a ganar metros, a jugar más cerca de Freese.

Pasada la hora de juego, otro movimiento ofensivo: Cristian Volpato entró por Leckie. El jugador de Sassuolo se presentó con una ocasión clara, disparando por encima del larguero desde dentro del área tras una potente carrera de Irankunda por la derecha. Poco después, Metcalfe probó con un remate que Freese blocó sin sobresaltos.

Popovic siguió empujando sus fichas ofensivas. Jackson Irvine sustituyó a Paul Okon-Engstler para añadir llegada desde segunda línea. Del otro lado, Pochettino respondió cerrando filas: salieron Robinson, Dest y Ricardo Pepi; entraron Sebastian Berhalter, Auston Trusty y Joe Scally. Mensaje claro: proteger la ventaja, resistir la embestida final.

Asedio australiano y una fiesta llamada Balogun

Con los cambios, Australia empezó a instalarse en campo rival. Circati tuvo su opción en un remate desesperado, otros compañeros rozaron el gol en acciones a balón parado y segundas jugadas. El partido se volvió denso, cargado de choques, con la grada coreando “USA” cada vez que el equipo necesitaba aire.

La tensión subió varios grados. Las entradas fuertes se multiplicaron y el árbitro, Felix Zwayer, empezó a repartir tarjetas en los minutos finales: Souttar, Balogun e Italiano fueron amonestados por distintas acciones, con y sin balón. El duelo se había convertido en una batalla de nervios.

Hasta el colegiado sufrió. Una acción extraña le dejó dolorido y obligó a detener el juego, aunque pudo terminar el encuentro. Ese pequeño parón bajó el volumen del estadio por un instante.

No duró mucho. Balogun, sintiendo que el ambiente se desinflaba, levantó los brazos y pidió ruido. El estadio respondió. El delantero convirtió los últimos minutos en una celebración, consciente de que el trabajo ya estaba hecho.

El pitido final certificó el pase de Estados Unidos a las eliminatorias y dejó un mensaje claro: incluso sin Pulisic, este equipo tiene recursos, carácter y un público dispuesto a convertir cada partido en un examen nacional. La pregunta, ahora, es hasta dónde puede llegar cuando los partidos de verdad empiecen a llamar a la puerta.