Egipto logra su primera victoria en un Mundial gracias a Salah
Egipto llevaba 92 años persiguiendo una victoria en un Mundial. Tres participaciones, ningún triunfo. Un peso histórico que parecía volver a caer sobre los hombros de los Faraones en Vancouver… hasta que Mohamed Salah decidió que ya era suficiente.
El 3-1 sobre Nueva Zelanda no es solo un marcador. Es un corte limpio con el pasado. Es la primera victoria de Egipto en una Copa del Mundo. Y, cómo no, lleva la firma del 10: un gol, una asistencia y una actuación que sostiene su leyenda en el escenario más grande.
Un primer tiempo gris y un castigo merecido
Egipto salió encogido. Plano. Lento. Sin colmillo. Todo lo contrario que Nueva Zelanda, que olió la fragilidad y se instaló en campo rival con una tranquilidad inquietante.
El aviso llegó pronto: a los 14 minutos, Mostafa Shobeir tuvo que volar al primer palo para desviar el disparo de Elijah Just. Un minuto después, el castigo. Saque de esquina, desajuste grosero en la marca y Finn Surman, completamente solo, cabeceó a placer para el 0-1. Demasiado fácil.
Egipto no encontraba líneas de pase ni ritmo. Salah, aislado, apenas dejó un destello en el 35’, cuando Omar Marmoush tocó en corto una falta en la frontal y el zurdazo del ex del Liverpool se perdió por poco a la izquierda. Era más un suspiro que una amenaza real.
El descanso llegó como un alivio. Y, a juzgar por lo que pasó después, el vestuario ardió. Hossam Hassan apretó las tuercas. El equipo salió con otro tono, otra velocidad, otra intención.
El giro del partido: Egipto sube el ritmo, Nueva Zelanda se hunde
La segunda parte cambió de guion desde el primer minuto. Egipto adelantó líneas, apretó cada salida, convirtió cada pérdida en una oportunidad. Nueva Zelanda, que había manejado el balón con soltura en el primer acto, empezó a retroceder metros casi sin darse cuenta.
Aun así, los oceánicos pudieron golpear de nuevo: en el 52’, Shobeir tuvo que reaccionar rápido para desviar por encima del larguero un cabezazo bombeado de Callum McCowatt. Fue el último gran aviso neozelandés.
La respuesta egipcia fue contundente. El empate llegó en el 58’, calcado al 0-1, pero en la otra área. Centro medido de Mohamed Hany desde la derecha y Mostafa Ziko, libre de marca, conectó un cabezazo limpio, imposible para Max Crocombe. 1-1 y el partido, de repente, se jugaba al ritmo de los Faraones.
La presión hizo mella. El estadio se volcó. Y Salah, que hasta entonces había estado más en la sombra que en los focos, encontró el momento perfecto para aparecer.
Salah, el sello del crack en la noche de los récords
En el 67’, Egipto lanzó una contra que olía a gol desde el primer toque. Ziko condujo, se apoyó en Salah, recibió de vuelta y devolvió de primeras. El 10, entrando desde la derecha hacia dentro como tantas veces en la Premier League, ajustó el cuerpo y barrió el balón con la zurda al palo largo. Frío, clínico, inevitable.
Ese tanto no solo volteó el marcador. También escribió una línea más en la biografía del egipcio: a sus 34 años, se convirtió en el goleador más veterano de Egipto en un Mundial. Y, con su gol y su asistencia, también en el africano de mayor edad en firmar ambas acciones en un mismo partido de Copa del Mundo desde que hay registros.
Su idilio con el torneo se mantiene intacto. En 2018 marcó contra Rusia y Arabia Saudí. En 2026 ya había dado una asistencia ante Bélgica. Ante Nueva Zelanda volvió a responder en el momento decisivo. Cada vez que pisa un Mundial, deja huella en el marcador.
Trezeguet remata la faena y Egipto roza el pase
Con el 2-1, Egipto ya mandaba en todo: en el juego, en la energía, en el ánimo. Nueva Zelanda buscó aire, pero el equipo de Hassan no aflojó. Siguió atacando las bandas, cargando el área, forzando errores.
El golpe definitivo llegó en el 82’. Córner desde la izquierda, botado por Salah. El balón viajó tenso al corazón del área y allí apareció Trezeguet, que se lanzó en plancha y cabeceó cruzado para el 3-1. Un gol de puro instinto que desató la celebración en el banquillo egipcio y dejó a Crocombe sin respuesta.
Todavía hubo tiempo para una última ocasión clara: en el 90+3, Zizo superó a Crocombe, pero se entretuvo en el remate y vio cómo su disparo era bloqueado. No hizo falta lamentarse. El trabajo ya estaba hecho.
Nueva Zelanda se queda sin premio y se lo juega todo ante Bélgica
Darren Bazeley no escondió su frustración. Su equipo había sido “tan bueno en la primera parte”, dominando la posesión y generando ocasiones, pero no logró sostener ese nivel tras el descanso. Cuando Egipto subió el ritmo, los All Whites no encontraron respuesta.
La consecuencia es clara: Nueva Zelanda llega a la última jornada obligada a ganar a Bélgica si quiere hacer historia y avanzar. No hay margen para el cálculo.
Egipto, en cambio, se asoma a los cruces con una mezcla de alivio y ambición. Salah lo resumió con sencillez: es “un gran logro” para jugadores y cuerpo técnico, algo que aspiran a convertir en punto de partida y no en punto final.
La primera victoria mundialista ya está en el bolsillo. La pregunta ahora es otra: ¿hasta dónde puede llevarlos, todavía, el 10 que se niega a dejar de ser un superestrella?






