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Desgarro de Bellingham tras caída ante Argentina

Jude Bellingham se quedó clavado en el césped mientras Argentina celebraba. Un 2-1 encajado en los últimos suspiros, otra remontada sufrida, y una puerta que vuelve a cerrarse en la cara de Inglaterra cuando rozaba su primera final de Mundial desde 1966. Demasiado para un futbolista de 23 años que ha cargado con el peso del país durante todo el torneo.

Siete contribuciones de gol, un doblete descomunal ante Noruega en cuartos, liderazgo constante. Nada de eso sirvió de consuelo cuando llegó el momento de hablar. El centrocampista, ya con la mirada perdida, no pudo esconder lo que llevaba dentro.

“Creo que podemos sacar mucha experiencia de esto, pero es devastador. Quería ser parte de una selección de Inglaterra que por fin lo consiguiera y lo llevara hasta el final. Estar aquí, diciéndoles a los aficionados las mismas cosas que llevan escuchando años, es realmente devastador”, confesó, sin parapetos.

Las cámaras le enfocaban y Bellingham apenas encontraba aire para articular frases. La rabia, el cansancio, la sensación de déjà vu. Todo mezclado.

“Ojalá pudiera dar una victoria más o dos más, pero ahora mismo tengo la cabeza un poco nublada por la decepción, así que lo siento”, añadió, casi en susurros, consciente de que sus palabras iban directas a una afición que vuelve a quedarse con la garganta rota.

La noche no solo dejó tocados a los jugadores. También señaló con fuerza al banquillo.

El giro táctico que cambió el partido

Inglaterra mandaba. Gol de Anthony Gordon, control del marcador y la sensación de tener a Argentina contra las cuerdas. Entonces llegó el giro. Thomas Tuchel decidió cerrar filas, pasar a una defensa de cinco y proteger la ventaja. El plan, pensado para asegurar el pase, acabó abriendo la puerta a la reacción albiceleste.

El propio seleccionador no se escondió. Asumió el golpe de frente.

“Decidimos pasar a una línea de cinco porque los espacios estaban demasiado abiertos. Argentina jugó con más riesgo, con más ritmo y con la sensación quizá de que ya no tenía nada que perder, lo que les liberó y nos echó hacia atrás”, explicó Tuchel. “Porque, obviamente, nosotros empezamos de repente a jugar con la sensación de que teníamos mucho que perder. Por supuesto, la responsabilidad es del entrenador y si no sale bien es fácil decir que fue un error”.

Ahí estuvo el punto de inflexión. Inglaterra, que hasta entonces había mirado el partido a los ojos, reculó. Argentina olió el miedo, subió líneas, se adueñó del ritmo y acabó volteando una semifinal que parecía encarrilada. Lo que debía ser un cierre sólido se convirtió en una invitación al asedio.

Tuchel bajo lupa… pero respaldado

El debate se desató en cuestión de minutos. Los cambios, el mensaje que transmitió el equipo al dar un paso atrás, la eterna duda de si esta generación juega con el freno de mano cuando se acerca la historia. Tuchel quedó en el centro del huracán, señalado por la grada y por buena parte del análisis inmediato.

Sin embargo, puertas adentro el mensaje es otro. El director ejecutivo de la FA, Mark Bullingham, ha trasladado su respaldo total al técnico alemán. No hay intención de abrir un nuevo ciclo en el banquillo a dos años de albergar la próxima gran cita continental.

Tuchel también fue claro respecto a su futuro: no contempla hacerse a un lado. “Seguimos adelante con el contrato hasta la Eurocopa en casa”, confirmó. Sin matices, sin dejar espacio a interpretaciones. El plan es llegar a 2028 con él al mando.

Un partido por el bronce que sabe a poco

El calendario no espera a nadie. Inglaterra deberá recomponerse a contrarreloj para afrontar un partido que nadie quiere jugar: el duelo por el tercer puesto ante Francia, este sábado. Un encuentro que, sobre el papel, podría dejar la mejor clasificación inglesa en un Mundial en 60 años. Sobre el césped, y en el vestuario, el sabor es muy distinto.

Una medalla de bronce maquillaría el historial, pero no curará la herida abierta en esta semifinal. Bellingham y sus compañeros lo saben. El golpe llega tras una temporada durísima a nivel de clubes para el mediocampista con Real Madrid y tras el dolor de la final de la Eurocopa 2024. Esta eliminación se siente como un punto de ruptura emocional.

El reto, ahora, va más allá de un simple resultado. Inglaterra debe aprender a gestionar la carga de su propia historia, a jugar estos partidos sin que el peso de 1966 se cuele en cada decisión, en cada pase hacia atrás, en cada cambio defensivo.

Dentro de dos años, el país volverá a mirar a esta generación cuando arranque la Eurocopa en casa. La pregunta ya está lanzada: ¿llegará este grupo a esa cita con la mochila aún más pesada o habrá aprendido, por fin, a ganar cuando el mundo entero le mira?