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Dembélé brilla con hat-trick y Francia lidera el grupo

El cartel prometía un duelo de gigantes entre Erling Haaland y Kylian Mbappé. El césped contó otra historia. El protagonista se llamó Ousmane Dembélé.

En 32 minutos, el extremo de Paris Saint-Germain destrozó a una Noruega plagada de rotaciones con un hat-trick de una pureza técnica pocas veces vista en un Mundial. Francia ganó, se aseguró el primer puesto del Grupo I y dejó una sensación clara: cuando Dembélé está sano y enfocado, el partido gira a su ritmo.

Haaland al banquillo, Dembélé al centro del escenario

La sorpresa llegó antes del pitido inicial. Stale Solbakken cambió a diez titulares tras dos victorias y dejó a Haaland en el banquillo. Noruega necesitaba ganar para arrebatarle el liderato a Francia, pero su alineación habló de conformismo: el segundo puesto bastaba.

Ese vacío competitivo lo ocupó Dembélé. Y lo hizo a lo grande.

En el minuto 7, Francia recuperó arriba, Mbappé abrió a la derecha y el extremo recibió abierto, encaró y fusiló a Egil Selvik. Control, pausa mínima, disparo seco. 1-0 y el aviso de lo que venía.

Francia dominaba, olía sangre y atacaba con una agresividad que Noruega no igualaba. El segundo llegó al minuto 20, un contraataque eléctrico que Dembélé coronó como en sus mejores noches: arrancando desde la derecha, recortando hacia su zurda y colocando un disparo curvado al segundo palo. Imparable.

Récords, historia y un hat-trick de colección

Noruega reaccionó de inmediato, casi por inercia. Desde el saque de centro, la defensa francesa se durmió y Thelo Aasgaard apareció para batir a Mike Maignan con un remate cruzado. Habían pasado apenas 79 segundos desde el 2-0. El partido parecía abrirse.

Pero Dembélé no había terminado.

Rondaba el área como un depredador paciente. Cuando encontró el hueco, volvió a su jugada favorita: recorte hacia la zurda, cuatro defensores congelados por el miedo a la finta, y otro disparo con efecto que se coló junto al palo de Selvik. Tercer gol, cuarto en este Mundial, y una exhibición completa.

Ese tanto cerraba un tramo histórico. Segundo hat-trick más rápido desde el inicio de un partido en la historia de los Mundiales masculinos, solo por detrás del de Erich Probst en 1954. Primer jugador en marcar tres goles en la primera parte de un encuentro mundialista desde Oleg Salenko en 1994.

Y no fue un gol cualquiera: la jugada previa encadenó 17 pases, con los 11 jugadores franceses tocando el balón. Es la secuencia más larga jamás registrada en un gol de Francia en un Mundial. Una obra coral culminada por el hombre de la noche.

Críticas, respuesta y liderazgo silencioso

En el banquillo francés, Guy Stephan dirigía en lugar de Didier Deschamps, ausente tras el fallecimiento de su madre. El asistente no escondió la carga emocional que arrastraba Dembélé.

“Ousmane es un ser humano, como cualquiera escucha las críticas”, recordó Stephan. Lesiones, dudas, debates eternos sobre su regularidad. Pero cada regreso le ha endurecido. Tres goles en un partido de Mundial no son solo una estadística: son una declaración.

Hasta hoy, Dembélé nunca había marcado más de una vez en un encuentro con la selección. En Boston, se convirtió en maestro de ceremonias. Dominó la primera parte como Griezmann lo hizo en aquel recordado cuarto de final de 2022 ante Inglaterra, cuando Mbappé fue bien controlado pero Francia encontró otro cerebro.

Aquí el guion se repitió, con un reparto distinto.

Mbappé estuvo a un suspiro de abrir el marcador a los 21 segundos, con un disparo al larguero que botó sobre la línea. Después, se apagó. Fue el jugador de campo francés con menos toques en la primera parte. No importó. Dembélé tomó el foco, Griezmann manejó los hilos, y la maquinaria siguió avanzando.

Francia gestiona, Noruega se resigna

Tras el descanso, el ritmo bajó. Dembélé dejó el campo en el minuto 65 entre aplausos, trabajo hecho y la sensación de haber cambiado el tono del Mundial para Francia. El partido se estiró, con Noruega intentando maquillar el resultado y Francia dosificando.

Solbakken pagó cara su apuesta. Sin Haaland, la amenaza ofensiva perdió filo. Jorgen Strand Larsen tuvo la gran ocasión para devolverle vida al encuentro desde el punto de penalti al inicio del segundo tiempo, pero su lanzamiento fue blando y Maignan adivinó la intención.

El guardameta del Milan firmó así un registro histórico: primer portero francés en detener un penalti en un Mundial —sin contar tandas— desde Joel Bats en 1986. Otro dato que alimenta el argumento de quienes ven a esta Francia como candidata firme a un tercer título.

Noruega, pese a la derrota, estará en octavos. Haaland, con cuatro goles como Mbappé en el torneo, llegará fresco. Lo necesitarán.

Les Bleus miran hacia arriba

Mientras tanto, Francia cierra una fase de grupos perfecta: tres victorias por primera vez desde 1998, cuando el torneo acabó con la Copa en París. Dembélé, que había vivido a la sombra de Mbappé en los dos primeros encuentros, se ha colocado de golpe en la carrera por la Bota de Oro.

Stephan, sin embargo, pisó el freno cuando se le insinuó la comparación con la finalista de Qatar.

“Este equipo es totalmente diferente al de 2022. Más de la mitad de la plantilla nunca había jugado un Mundial”, recordó. El mensaje es claro: calma, paso a paso, equilibrio entre la furia ofensiva y la solidez defensiva.

La pregunta ya no es solo qué hará Mbappé en las rondas decisivas. Es otra, más incómoda para los rivales: ¿qué pasa si, en este Mundial, el hombre que rompe los partidos se llama Ousmane Dembélé?