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Declan Rice y la carga de partidos en Arsenal: un secreto revelado

Declan Rice levantó la Premier League con Arsenal, alcanzó una final de Champions League y se convirtió en uno de los mediocentros más determinantes de Europa. Todo eso con un secreto bien guardado: llevaba meses jugando con dolor nervioso en el isquiotibial.

El propio futbolista lo desveló en ITV Sport. Desde el periodo festivo, justo después de Navidad, arrastraba molestias neurales en el isquio mientras competía con Arsenal. Lo gestionó en silencio, lejos de los focos, hasta que una sustitución reciente encendió las alarmas. No fue una lesión grave. Fue un aviso. Y una decisión calculada.

Rice explicó que el cambio respondió a la necesidad de protegerse, sobre todo pensando en los tramos finales de los partidos, cuando el cuerpo se queda sin red. “Es en esos últimos 20 minutos cuando realmente sientes que el cuerpo lo da todo”, apuntó. En su cabeza, la ecuación estaba clara: forzar en esa fase, con la temporada que lleva encima, era tentar demasiado a la suerte. Mejor parar a tiempo.

La confesión llega tras una campaña demoledora: 55 partidos con Arsenal, un título de Premier League y una carrera hasta la final de la Champions. Casi sin respiro, casi sin margen para el más mínimo contratiempo físico. El calendario, otra vez en el centro del debate.

Rice no lo maquilló. Habló de una “cantidad obscena de partidos” y de un calendario “loco”. Aun así, no se permitió el lamento fácil. No hay espacio para la queja en la élite, vino a decir. El premio —ese momento de levantar la Premier League— compensa cada minuto de fatiga, cada pinchazo, cada sesión de recuperación.

El mediocentro inglés describió la mentalidad del futbolista top: jugar tanto como sea posible para volver a sentir esa mezcla de gloria y alivio que deja un título. Y, al fondo, otro objetivo mayúsculo: un Mundial en el horizonte. Con ese tipo de meta, el margen para reservarse desaparece. El cuerpo se pone en la línea de fuego una y otra vez.

Rice lo asume. Sabe que el volumen de partidos es excesivo, sabe que el riesgo crece en cada sprint de esos últimos 20 minutos que él mismo señala como frontera física. Pero también sabe que el descanso llegará al final del ciclo. La pregunta es cuánto le quedará en el depósito cuando vuelva a sonar el silbato de la próxima temporada.