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La decisión de Abby Erceg: renuncia al Mundial en casa

La decisión que sacudió a las Ferns: el Mundial que Abby Erceg dejó pasar

Abby Erceg habla sin rodeos. Siempre lo hizo. También cuando tomó una de las decisiones más incómodas que puede enfrentar una futbolista: decir no a un Mundial en casa.

“Fue una decisión realmente difícil”, admitió. No era un torneo cualquiera. Era la Copa del Mundo, en su propio país, probablemente el último gran capítulo de su carrera internacional. El escenario perfecto para una despedida. Pero algo no encajaba.

No era solo una cuestión emocional. Era profesional. Era de principios.

“Simplemente no me cuadraba ni en lo personal ni en lo profesional”, explicó. Erceg se tomó su tiempo, mucho tiempo, para estar segura de que podría vivir con esa elección. No la vendió como un acto heroico, aunque desde fuera lo pareciera. “Fue valiente en el sentido de que tienes que seguir adelante con ello, sí”, concedió. Sabía lo que implicaba: renunciar al sueño que persiguen miles de niñas.

La mayoría diría que a un Mundial no se renuncia. Que representar a tu país está por encima de todo. Ella no lo vio así. No esta vez.

Entre North Carolina y las Ferns

El contexto pesaba. Erceg estaba instalada en uno de los mejores entornos de club del planeta, North Carolina Courage, referencia absoluta en la National Women’s Soccer League. Títulos, exigencia diaria, estructura de élite. “Éramos tan exitosas y era muy difícil dejar ese entorno”, recordó.

Cambiarlo por una selección en la que no sentía que el ambiente la impulsara como jugadora le resultaba inasumible. “Tenía que tomar esa decisión por mi carrera”, resumió. No era un impulso, era una línea roja.

La pregunta queda flotando: ¿qué habría pasado con Nueva Zelanda en ese Mundial con su experiencia y jerarquía en la zaga? Las Ferns arrancaron con un triunfo histórico, un 1-0 brillante ante Noruega, que desató la ilusión. Pero el impulso se diluyó de inmediato: derrota 0-1 ante Filipinas, empate 0-0 frente a Suiza, y el sueño de los octavos se evaporó sin remedio.

Con Erceg en el campo, ¿habría sido distinto? Nadie puede responderlo. Pero es inevitable pensarlo.

Una carrera marcada por el desacuerdo

Erceg nunca fue de seguir el guion. Ya se había retirado de la selección en 2017 y otra vez en 2018. No por capricho, sino por lo que consideraba una falta de apoyo y recursos de New Zealand Football hacia el fútbol femenino. Su relación con la camiseta nacional tuvo altibajos, pero su legado es indiscutible.

Tres Copas del Mundo. Tres Juegos Olímpicos. Primera Fern en alcanzar los 100 partidos internacionales, 146 en total, 49 de ellos con el brazalete de capitana. Números que la colocan entre las futbolistas más importantes en la historia de Nueva Zelanda.

Su trayectoria en clubes es igual de contundente: tres campeonatos de la NWSL, uno con Western New York Flash en 2016 y dos con North Carolina Courage en 2018 y 2019. Un currículum que habla de liderazgo, consistencia y victorias.

México, un giro inesperado y revelador

Tras 12 años en Estados Unidos, Erceg dio un giro y se marchó a México para jugar con Toluca. No fue un simple cambio de liga. Fue una sacudida personal.

“Fue fenomenal”, dijo sobre su temporada allí. La palabra no es casual. Se enamoró de todo: la cultura, la comida, la gente, el fútbol, la pasión que lo envuelve todo. “Uno de los mejores momentos de mi vida”, así define la experiencia.

A sus 36 años, no tiene aún claro cuál será su siguiente paso. Lo que sí tiene claro es que la brújula empieza a girar hacia casa. “Hay ofertas de todas partes”, contó. De Nueva Zelanda, de la A-League, de México otra vez, de clubes en Estados Unidos. Pero el fútbol ya no es la única variable.

“Llegas a ese punto de tu carrera en el que la familia se vuelve importante”, confesó. Ha pasado años lejos. Ha visto crecer a sus sobrinos a distancia. Ha estado ausente en demasiados momentos. Ahora, esas ausencias pesan.

Un desafío llamado Chelsea

Antes de tomar una decisión sobre su futuro, hay un reto inmediato. Y es mayúsculo: enfrentarse a Chelsea, ocho veces campeón de Inglaterra. Un gigante europeo, una vara de medir implacable para un equipo armado casi de urgencia, con apenas unas semanas de trabajo conjunto.

“Va a ser un desafío, y esa es una palabra educada”, advirtió Erceg con una media sonrisa. No se engaña. Sabe lo que viene. Sabe a qué nivel juega Chelsea. Y sabe también lo que ese partido puede significar para el fútbol neozelandés.

“Va a ser una verdadera lección para mucha gente sobre dónde se encuentra el fútbol de Nueva Zelanda, porque jugamos contra uno de los mejores equipos de clubes femeninos del mundo”, apuntó. Sin demasiada preparación, con el tiempo en contra, el esfuerzo tendrá que ser descomunal.

Pero ahí está la otra cara de la moneda: la oportunidad. “Es bueno tener un equipo de tan alto calibre en Nueva Zelanda y la exposición es genial”, remarcó.

Quizá ese sea el lugar natural de Abby Erceg hoy: en el punto exacto donde se cruzan la exigencia máxima y la necesidad de crecimiento de un país futbolero en construcción. Ya renunció al Mundial en casa por coherencia. Ahora, con Chelsea delante y el futuro abierto, la siguiente gran decisión vuelve a ser suya.