Cruz Azul Remonta y Gana la Final del Clausura
En el Estadio Olimpico Universitario, la final del Clausura se decidió en los detalles y en las áreas. U.N.A.M. - Pumas cayó 1-2 ante Cruz Azul pese a adelantarse y a sostener durante muchos minutos un plan reconocible desde el 4-4-2 de Efrain Juarez. Cruz Azul, con el 4-2-3-1 de Joel Huiqui, impuso una ligera superioridad territorial (53% de posesión) y, sobre todo, una mayor capacidad para transformar volumen ofensivo en remontada en el tramo final.
Desde el inicio, el dibujo de Pumas fue muy claro: línea de cuatro con Rodrigo Lopez y Álvaro Angulo como laterales relativamente bajos, Nathan Silva y Rubén Duarte cerrando por dentro; un medio campo de cuatro con Uriel Antuna y Jordan Carrillo abiertos, y Adalberto Carrasquilla junto a Pedro Vite como doble eje; arriba, dos puntas, Robert Morales y Juninho, buscando fijar a los centrales de Cruz Azul. La intención: salir rápido tras recuperación, cargar el juego sobre las bandas y aprovechar la presencia de dos delanteros para atacar centros y segundas jugadas.
Cruz Azul respondió con un 4-2-3-1 muy estructurado. Omar Campos y Jeremy Márquez dieron amplitud desde los laterales, mientras que Willer Ditta y Gonzalo Piovi sostuvieron una salida de balón paciente. En la base del medio campo, Amaury Garcia y Agustín Palavecino ofrecieron líneas de pase constantes, permitiendo que José Paradela, Carlos Rodríguez y Carlos Rotondi se movieran entre líneas y a la espalda de los mediocampistas de Pumas, con Osinachi Ebere como referencia única en punta. Esa superioridad numérica por dentro (dos mediocentros más el mediapunta frente al doble pivote de Pumas) fue una de las claves posicionales del partido.
Pese a ello, el primer golpe fue de Pumas: el 1-0 de Robert Morales al 31’ nació precisamente de la verticalidad que proponía Juarez. Con pocas conexiones, el 4-4-2 logró encontrar a su delantero en ventaja, explotando la espalda de la zaga cementera. Ese gol reforzó el plan universitario: bloque medio, agresividad en duelos (14 faltas por solo 4 de Cruz Azul) y salidas rápidas. La estadística de disparos refleja esa competitividad: 12 tiros totales de Pumas por 18 de Cruz Azul, con 3 remates a puerta para los locales frente a 6 de la visita, y 6 disparos bloqueados por cada equipo, señal de un partido muy disputado en la frontal del área.
En portería, Keylor Navas (U.N.A.M. - Pumas) fue sometido a mayor volumen de llegadas y terminó con 5 atajadas, sosteniendo durante muchos minutos la ventaja mínima pese a que el xG de Cruz Azul (0.96) indicaba una amenaza creciente. Del otro lado, Kevin Mier (Cruz Azul) solo necesitó 2 intervenciones para mantener con vida a su equipo, en un contexto donde Pumas generó menos peligro real del que sugería su estructura ofensiva (0.53 de xG). El dato de goles prevenidos, negativo para ambos (−0.54), sugiere que ninguno de los dos arqueros logró “mejorar” lo que dictaban las probabilidades de los remates recibidos; en el caso de Navas, el propio autogol de Rubén Duarte al 54’ es un ejemplo extremo de cómo un error defensivo puede anular el trabajo del guardameta.
Ese 1-1, producto del autogol de Duarte tras un centro o acción lateral de Cruz Azul, cambió completamente la dinámica. Huiqui ya había movido el tablero en el 36’, con la entrada de Gabriel Fernández (IN) por José Paradela (OUT), buscando más presencia en el área y un doble punta encubierto junto a Osinachi Ebere. El empate le dio sentido a ese ajuste: Cruz Azul empezó a atacar con más gente por dentro, ocupando mejor los rechaces y obligando a Pumas a hundirse.
Juarez respondió con cambios de energía en el medio: Santiago Trigos (IN) por Adalberto Carrasquilla (OUT) al 59’ para refrescar piernas en la zona de contención, y más tarde Pablo Bennevendo (IN) por el propio Rubén Duarte (OUT) al 72’, en un intento de recomponer la línea defensiva tras el golpe anímico del autogol. El último movimiento de Pumas fue claramente reactivo: Ángel Rico (IN) por Rodrigo Lopez (OUT) al 85’, buscando piernas frescas para aguantar el empuje final.
Cruz Azul, por su parte, ajustó su doble pivote con la salida de Amaury Garcia (OUT) y la entrada de Jorge Rodarte Barragan (IN) al 79’, reforzando la estructura defensiva y asegurando mejor cobertura en las transiciones de Pumas. Ese equilibrio permitió que los de Huiqui pudieran seguir atacando sin desprotegerse, manteniendo el bloque alto y circulando el balón con paciencia (374 pases totales, 302 precisos, 81%).
La disciplina también condicionó el cierre. Pumas vio primero la amonestación a Rodrigo Lopez al 45’, que marcó el tono de un equipo obligado a cortar las progresiones rivales. En el tramo final, la expulsión directa de Uriel Antuna al 90+3’ dejó a los universitarios con uno menos justo cuando más necesitaban oxígeno para sostener el empate. Con el 1-1 y superioridad numérica, Cruz Azul cargó el área y encontró el 1-2 definitivo con el gol de Carlos Rotondi al 90+5’, una acción que coronó su insistencia por banda y su mejor ocupación del área. Para completar la noche negra de Pumas, Ángel Rico vio la roja al 90+8’, dejando a su equipo con nueve hombres en los últimos instantes.
En términos globales, las cifras explican la remontada: Cruz Azul tuvo más posesión (53%), más remates (18 a 12), más tiros a puerta (6 a 3) y un xG superior (0.96 a 0.53). Pumas, con 339 pases y un 83% de precisión (281 pases acertados), mostró capacidad para circular, pero su 4-4-2 se vio progresivamente superado por la superioridad interior del 4-2-3-1 rival y por la desventaja numérica en el tramo final. La agresividad defensiva (14 faltas, 1 amarilla y 2 rojas) fue inicialmente una herramienta para competir, pero acabó transformándose en un lastre táctico que abrió el camino para que Cruz Azul, más estructurado y con mejor gestión del balón, levantara la final en el Estadio Olimpico Universitario.





