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Colombia avanza a octavos con un 1-0 ante Ghana

En Kansas City, Colombia firmó lo que ya empieza a ser costumbre: billete a octavos de final del World Cup. Tercera participación consecutiva, tercera vez entre los 16 mejores. Esta vez, con un 1-0 sobre Ghana que dice poco en el marcador, pero mucho sobre el techo —y las dudas— de este equipo.

Un inicio roto… y un golpe inmediato

El partido arrancó torcido. Minuto 8, Jhon Córdoba se tira al césped y pide el cambio. Minuto 13, le toca el turno a Marvin Senaya. Dos sustituciones obligadas antes del cuarto de hora, algo nunca visto en la historia registrada del torneo. Un arranque partido, lleno de interrupciones, ideal para enfriar a cualquiera.

A Colombia no.

El reemplazo de Córdoba, Luis Suárez, necesitó apenas un destello para cambiar el guion. Se abrió por la derecha, levantó la cabeza y dibujó un centro tenso, cargado de intención. Al segundo palo apareció, solo y con tiempo, Jhon Arias, el ex Wolves. Un toque preciso, guiado más que rematado, y la pelota viajó al rincón. Minuto 14, 1-0. Los Cafeteros ya mandaban.

Ghana, que había probado primero con un disparo lejano de Thomas Partey que se fue silbando el poste, se encontró de golpe contra un rival instalado en campo contrario, agresivo, con ritmo y confianza.

Dominio sin sentencia

Tras el gol, Colombia olió sangre. El bloque bajo ghanés, tan eficaz en la fase de grupos, empezó a resquebrajarse ante la circulación rápida y los cambios de ritmo del equipo de Néstor Lorenzo. El segundo parecía cuestión de tiempo.

Luis Díaz tuvo la primera gran ocasión del tramo final del primer tiempo: transición eléctrica, conducción hacia dentro y disparo cruzado que se perdió muy cerca del palo. Luego fue el propio Suárez quien rozó el gol con un cabezazo que salió desviado. Y justo antes del descanso, Johan Mojica obligó a Lawrence Ati Zigi a una atajada soberbia; el portero voló hacia su izquierda y, con una mano felina, sacó un cabezazo que ya se cantaba.

Colombia generó. Y mucho. Las cifras lo respaldan: 2.19 de xG para un solo gol. La sensación sobre el césped fue la misma. Control total, pero sin el golpe definitivo.

El gol que no fue y la calma tensa

En la reanudación, el guion apenas cambió. Ghana seguía sin colmillo arriba, atenazada, lejos de la portería de un Camilo Vargas casi inédito. Colombia, en cambio, empujaba en busca del respiro que da el 2-0.

La grada celebró ese segundo tanto en el minuto 57. Centro de Jefferson Lerma desde la derecha, aparición al límite de Luis Díaz y definición al fondo de la red con un desliz oportuno. Fiesta corta: el asistente levantó el banderín. Offside. El marcador seguía abierto.

El aviso no descompuso a los de Lorenzo, pero sí dejó flotando una pregunta incómoda: ¿cuántas veces se puede perdonar en un torneo así sin pagar el precio?

Díaz volvió a intentarlo. Davinson Sánchez se asomó con peligro a balón parado. El equipo siguió llegando, acumulando aproximaciones y sensaciones de superioridad. Lo que no acumuló fueron goles. La ventaja mínima se mantuvo, aunque nunca pareció realmente amenazada. Ghana, sin ideas ni profundidad, ofreció muy poco en campo contrario.

La entrada de Quintero y un mensaje para Vancouver

Cuando el partido pedía algo diferente entre líneas, Néstor Lorenzo miró al banquillo y encontró a Juan Fernando Quintero. Minuto 72, cambio por Arias. Y el encuentro cambió de textura.

Con 33 años y jugando su fútbol de club en River Plate, Quintero se adueñó del balón con una naturalidad que recordó sus mejores noches. Tocó 24 veces la pelota y no erró ni un solo pase: 19 de 19. Cada control fue una pausa con sentido; cada envío, una invitación al desmarque. Firmó cinco ocasiones creadas, más que cualquier otro futbolista sobre el césped.

Le faltó el broche. En una acción que pudo convertirse en candidata a gol del torneo, se perfiló y soltó un disparo violento desde la frontal. El estadio contuvo la respiración. El balón salió rozando el poste derecho de Ati Zigi. Por centímetros, Ghana se libró de una postal inolvidable.

No fue necesario más para dejar claro un punto: en Vancouver, ante Switzerland, Quintero pide camiseta de titular. No con palabras, sino con influencia.

Clasificación con matices

El pitido final confirmó lo que el juego ya había adelantado: Colombia está en octavos por tercera vez seguida. El rival será Switzerland, el 7 de julio en Vancouver, con un premio mayúsculo en el horizonte: un lugar en cuartos ante Argentina o Egypt.

La actuación en Kansas City deja dos caras. La positiva: un equipo dominante, maduro, que maneja los ritmos, defiende con solidez y genera ocasiones con naturalidad. La otra, menos amable: la falta de contundencia para cerrar partidos que parecen resueltos mucho antes del minuto 90.

En fases finales, los detalles deciden. Colombia ya demostró que sabe llegar hasta aquí. La pregunta, ahora, es si tendrá la pegada y la audacia necesarias para ir más allá.