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Caso Negreira: el escándalo que sacude el fútbol español

El caso Negreira vuelve a incendiar el fútbol español. Veinticuatro horas después de que Florentino Pérez cargara con dureza contra el Barcelona y calificara el asunto como “el mayor escándalo de la historia”, la batalla ya no se libra solo en los despachos nacionales. Todas las miradas apuntan a Nyon.

Real Madrid presiona. Quiere que UEFA entre en escena y castigue al club azulgrana. En el Bernabéu confían en el músculo del organismo europeo y en ciertos matices de su reglamento para abrir una vía sancionadora que en España parece completamente bloqueada.

Pero el terreno jurídico no se mueve al ritmo del ruido mediático.

El muro de la prescripción

Según detalla Mundo Deportivo, el gran obstáculo tiene un nombre frío y contundente: prescripción. Las supuestas cantidades abonadas a José María Enríquez Negreira se habrían prolongado desde 2001 hasta 2018. El caso, sin embargo, no salió a la luz hasta 2023, cuando Cadena SER destapó la historia.

Ahí está el punto clave. Cuando el escándalo estalla públicamente, la ventana para abrir un procedimiento disciplinario ya estaba cerrada.

El artículo 9 del Código Disciplinario de la RFEF es cristalino: las infracciones “muy graves” prescriben a los tres años, contados desde el día siguiente a la comisión de la falta. Si el último pago investigado se sitúa en 2018, el plazo máximo expiró mucho antes de que el caso se conociera y se pudiera iniciar cualquier expediente sancionador.

No es una interpretación flexible. Es un límite temporal que actúa como una pared de hormigón.

UEFA, atada por su propio reglamento

En ese contexto, Real Madrid ha puesto el foco en el artículo 4 del reglamento disciplinario de UEFA, convencido de que el organismo europeo dispone de margen para actuar con independencia de lo ocurrido en España.

La realidad jurídica es menos favorable a esa tesis.

Aunque UEFA no depende de lo que resuelvan los tribunales nacionales para tomar decisiones deportivas, sus normas se apoyan en el mismo principio de prescripción. El marco disciplinario europeo también establece plazos que, aplicados al calendario del caso Negreira, dejan a la institución prácticamente sin maniobra.

La idea de que Nyon pueda saltarse esos límites temporales choca con la propia arquitectura legal del organismo. No se trata de voluntad política, sino de un corsé normativo que, de romperse, abriría un precedente de enorme calado para cualquier club europeo.

España, igualmente bloqueada

En territorio español, el escenario es idéntico. Ni el Consejo Superior de Deportes (CSD) ni la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) han podido abrir un expediente disciplinario por la misma razón: el tiempo.

Cuando el caso se hizo público, la opción de sancionar administrativamente al Barcelona ya no existía. El reloj había corrido demasiado.

De ahí que toda la batalla se haya desplazado al terreno penal y a la guerra de relatos entre clubes, más que a la vía puramente disciplinaria.

Un caso que seguirá marcando la temporada

El caso Negreira no se apaga. Se transforma. Pasa de los juzgados a las ruedas de prensa, de los códigos disciplinarios a la presión institucional entre gigantes que comparten liga, historia y rivalidad.

Real Madrid seguirá empujando para que UEFA intervenga. Barcelona se aferra a la literalidad de los reglamentos y a la prescripción como escudo jurídico.

La pelota ya no está en el césped. Está en los despachos de Nyon. La cuestión es otra: ¿permiten realmente las normas que alguien la vuelva a poner en juego?