Mundial 2026: Canadá y Marruecos se enfrentan en octavos de final
Día grande en el país anfitrión, aniversario redondo y arranque de los octavos de final del Mundial 2026. El telón se abre en Houston, donde Canadá se cruza con un Marruecos que ya no es sorpresa: es aspirante declarado.
El duelo tiene memoria. Es la reedición del partido de fase de grupos de Qatar 2022, aquel 2-1 para los africanos que dejó a los canadienses fuera sin puntos. Cuatro años después, el escenario es otro. También el peso de cada selección.
Canadá llegó a este torneo con una mochila pesada: seis partidos de Copa del Mundo, seis derrotas. Nada más. Bajo el mando del técnico estadounidense Jesse Marsch, ese historial empezó a resquebrajarse. Semifinalista en la Copa América 2024, ahora ha dado un paso más: está en octavos tras conseguir su primera victoria en una fase eliminatoria mundialista.
No ha sido un camino lineal. Empate gris ante Bosnia y Herzegovina, dudas, nervios. La respuesta fue furiosa: 6-0 a Qatar para sellar el pase. Cuando parecía que se estabilizaba, golpe de realidad con la derrota ante Suiza en el cierre del grupo. Y otra vez, reacción. Un 1-0 agónico frente a Sudáfrica, decidido por un gol tardío de Stephen Eustáquio, metió al equipo en la ronda de 16.
Este Canadá tiene pólvora, pero intermitente. Jonathan David, Cyle Larin y el extremo Tajon Buchanan son nombres de nivel, capaces de desarmar defensas… cuando conectan. En este torneo han ido a tirones, sin continuidad. Contra Marruecos, Marsch necesita que los tres se comporten como referentes y no como destellos aislados.
La gran incógnita se llama Alphonso Davies. El lateral de Bayern Munich reapareció ante Sudáfrica en el minuto 75, sus primeros minutos en el torneo, después de una lesión muscular. Su velocidad y su capacidad para romper líneas cambian la cara del equipo, pero la molestia en los isquiotibiales sigue ahí. No está claro si podrá ser titular, ni cuánto riesgo asumirá el cuerpo técnico con él.
Del otro lado, un gigante en construcción. Marruecos ha respondido exactamente a lo que se esperaba de un semifinalista del Mundial 2022: competir con cualquiera y apuntar muy alto. Empezó con un 1-1 ante Brasil que dijo mucho más que el marcador. Durante largos tramos fue superior a la pentacampeona. Luego cerró el grupo con un 1-0 a Escocia y un 4-2 a Haití que confirmaron su pegada.
El gran aviso llegó en el duelo de dieciseisavos frente a Países Bajos, uno de los partidos del torneo. Los neerlandeses se adelantaron contra el curso del juego, pero Marruecos no se descompuso. Siguió mandando, empujando, hasta que en el descuento apareció un protagonista inesperado: Issa Diop, central que cambió su representación de Francia a Marruecos justo antes de la lista definitiva, firmó el empate. El dominio africano se trasladó a la tanda de penaltis, donde se impuso con autoridad.
El plantel marroquí es profundo y brillante. Ismael Saibari, delantero que ya suma tres goles en la fase de grupos, cerró esta misma semana su traspaso de PSV Eindhoven a Bayern Munich, una señal de su explosión. Achraf Hakimi, de Paris Saint-Germain, sigue consolidado como uno de los mejores laterales derechos del planeta. Brahim Díaz aporta desequilibrio desde la banda en Real Madrid. Y en el centro del campo, el adolescente Ayyoub Bouaddi se ha convertido en uno de los grandes descubrimientos del torneo.
Marruecos es favorito, y por mucho. Canadá, pese a jugar en casa en este Mundial, perdió el privilegio del factor campo al no ganar su grupo. Aun así, se espera una marea roja en Houston, con miles de canadienses viajando a Texas para empujar a un equipo que ya ha roto varias barreras.
La clave puede estar precisamente en Hakimi. El lateral de PSG, que ha disputado todos los minutos de los cuatro partidos de Marruecos, vive en campo rival. Si Davies no está al cien por cien o ni siquiera puede ser de la partida, el carril derecho marroquí puede convertirse en una autopista. Con espacio y tiempo, Hakimi no solo llega, también decide.
Canadá necesita la victoria más grande de su historia para seguir vivo. Marruecos, en cambio, juega con la inercia de un proyecto que ya probó el sabor de las semifinales y que ahora mira sin complejos al título. En Houston se sabrá si la nueva Canadá está lista para derribar gigantes o si la selección del norte aún debe esperar su gran noche.
Francia–Paraguay: el gigante contra el muro en Filadelfia
La jornada cierra en Filadelfia, a pocos kilómetros de donde se firmó la Declaración de Independencia. Escenario simbólico para un choque con aroma de choque de mundos: la Francia que llegó como gran favorita contra una Paraguay que se niega a aceptar su papel de invitada.
El calor será protagonista. Se espera una noche sofocante en Philadelphia Stadium, un factor más en un duelo que, sobre el papel, parece desequilibrado. Pero este Mundial ya ha visto a Paraguay tumbar jerarquías.
La Albirroja aterriza en octavos contra todo pronóstico. Su debut fue un golpe duro: 4-1 ante la selección local, Estados Unidos. Parecía el inicio de una campaña corta. Sin embargo, el equipo de Gustavo Alfaro se rearmó desde lo que mejor sabe hacer: orden, disciplina y sufrimiento.
Primero, un 1-0 ante Türkiye en fase de grupos, logrado con diez hombres durante toda la segunda parte. Una lección de resistencia. Después, el bombazo del torneo hasta ahora: eliminación de Alemania en los dieciseisavos. 1-1 tras 120 minutos, tanda de penaltis y la gesta consumada.
El plan de Paraguay no engaña a nadie, pero pocos logran descifrarlo. Defensa en bloque, líneas juntas, solidaridad extrema. Ante Alemania, Die Mannschaft tuvo la pelota, pero casi nunca el espacio. Mucho toque, poca amenaza real. La estructura defensiva sudamericana fue un muro.
El corazón de ese dispositivo está en el mediocampo y la zaga. Matías Galarza se ha erigido como una de las figuras del torneo para Paraguay. Su cesión a Atlanta United terminó justo antes del Mundial, y desde entonces su nombre no ha dejado de crecer: asistencia en el gol de Julio Enciso ante Alemania, penalti convertido en la tanda y tanto decisivo frente a Türkiye. Presente en cada momento clave.
No está solo. La línea de cuatro formada por José Canale, Gustavo Gómez, Juan Cáceres y Júnior Alonso, más las intervenciones de Orlando Gil bajo palos, sostienen la narrativa de esta selección: poco brillo, enorme eficacia. Cada despeje, cada cruce, cada mano del portero ha tenido peso de clasificación.
Ahora llega el examen definitivo: Francia, una selección que alinea estrellas en cada posición y que se ha comportado como tal. Kylian Mbappé suma seis goles en el torneo, firmados en tres dobletes. El único partido en el que no marcó, ante Noruega, lo resolvió con dos asistencias. Está en modo depredador, con la vista puesta en el récord de goles mundialistas de Lionel Messi.
Sin embargo, la Francia que asusta no es solo Mbappé. El punto de inflexión ha sido Ousmane Dembélé. Hasta el segundo partido de la fase de grupos, frente a Iraq, nunca había marcado en un Mundial. Ese día anotó y asistió. Desde ahí, despegó: hat-trick contra Noruega y otra asistencia en el 3-0 sobre Suecia en los dieciseisavos. Cuando Dembélé desborda y decide, el rival se queda sin respiro: si cierras a Mbappé, te castiga él; si basculas hacia su lado, se libera el 10.
En la sala de máquinas, Michael Olise se ha ganado el título oficioso de mejor organizador del torneo. Cinco asistencias, un catálogo de pases filtrados y cambios de ritmo que han alimentado a Mbappé y Dembélé. El mediapunta de Bayern Munich es el que enhebra cada ataque, el que encuentra la rendija en defensas que creen estar bien plantadas. Por fuera, Bradley Barcola ha sido el complemento perfecto, abriendo el campo, fijando laterales y generando uno contra uno.
Para Paraguay, la ecuación es brutalmente simple y a la vez casi imposible: defender mejor que nunca y rezar por el detalle, el rebote, el contragolpe perfecto. Alfaro necesitará que su bloque se mantenga compacto durante 90, quizá 120 minutos, y que la concentración no se rompa ni un segundo. Cualquier desajuste ante este nivel de talento se paga con gol.
El calor en la Costa Este añade una capa de incertidumbre. ¿A quién castigará más el clima? ¿A la Francia que quiere ritmo alto y ataques constantes o a una Paraguay que deberá correr detrás del balón y multiplicarse en cada cobertura? El físico, esta vez, puede ser tan decisivo como la pizarra.
En este contexto, los focos se posan sobre Olise. Con Paraguay hundida, bien organizada y cerrando pasillos interiores, Francia necesitará un cerebro que se atreva a filtrar el pase imposible, a cambiar el ritmo, a encontrar al hombre libre entre líneas. Hasta ahora, el mediocampista ha demostrado que puede hacerlo contra cualquier estructura defensiva. Hoy, ante el muro guaraní, tendrá una nueva oportunidad de demostrarlo.
La historia reciente del fútbol ofrece advertencias a Francia: ningún favorito está a salvo cuando enfrente hay un equipo que disfruta sufriendo. Paraguay ya dejó fuera a Alemania. La pregunta es si le queda una sorpresa más o si en Filadelfia se impondrá, sin matices, la lógica del gigante.






